El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 2º domingo ordinario 2018

Ver, escuchar, creer

Textos: 1 Sam 3, 3-10. 19; 1 Cor 6, 13-15. 17-20; Jn 1, 35-42.

Ordinario2 B 18

Después de la Navidad volvemos al tiempo ordinario. A partir de hoy y a lo largo de todo el año, el Evangelio nos ayudará a vivir el encuentro con Jesús, encuentro que nos llevará a conocerlo, escucharlo, aceptarlo, creer en Él y seguirlo hasta la cruz. Para ello tenemos que estar interesados, abiertos, dispuestos a lo que Jesús nos ofrezca, tal como sucedió con sus primeros discípulos.

En la vida, Dios va llamando de muchas maneras. Su llamada es personal, pero dentro de la comunidad. A cada quien, como a Samuel, le habla para encomendarle una misión. A Samuel, quien fue consagrado por su mamá al servicio del Señor, el Señor lo llamó por su nombre durante la noche, estando a cargo del sacerdote Elí. Tres veces le habló y las tres veces fue corriendo a donde se encontraba Elí, pensando que él lo había llamado. Al final, el sacerdote captó que era Dios quien llamaba al joven y le ayudó a ponerse a su servicio. Le dijo que si lo volvía a llamar, le dijera: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”. Y así sucedió. Samuel terminó aceptando la invitación de Dios, poniéndose a su servicio, escuchándolo y convirtiéndose en profeta suyo.

El sacerdote Elí le ayudó a descubrir la voz de Dios y a responderle. Samuel no iba a estar al servicio de Elí sino de Dios. El sacerdote solamente le sirvió de ayuda, de guía. Esta es la tarea de los papás en el acompañamiento de sus hijos. Los papás tienen que ayudarles a aclarar su vocación, el llamado y lo que Dios quiere de ellos, para que se pongan a su servicio en el servicio a la comunidad y a la sociedad.

Dos discípulos de Juan Bautista, Andrés y Juan, al oír que el que pasaba por el camino a orillas del Jordán era el Cordero de Dios, dejaron al Bautista y se fueron a seguir a Jesús. Esto es lo que debemos hacer todos los bautizados. Cada quien fuimos llamados por nuestro nombre en el Bautismo para seguir a Jesús. En esto se resume toda nuestra vida como miembros de la Iglesia. Nuestra responsabilidad es seguir a Jesús y no a otros, personalmente y como comunidad. La gran mayoría de los bautizados, andamos muy lejos de que ese sea nuestro estilo de vida, no sólo de manera personal sino como comunidad, sea como barrio o como parroquia.

Los dos discípulos comenzaron a seguir a Jesús. Se fueron tras Él y comenzó una vida nueva para ellos. Al captar que lo iban siguiendo, Jesús comenzó a dialogar con ellos. Les preguntó qué querían. Juan y Andrés le preguntaron que donde vivía. Él los invitó a seguirlo: “Vengan a ver”. Vengan. Ahí está la invitación al seguimiento. Así recibimos el llamado en el momento del bautismo. Los invitó a ver. Ver no consiste en asomarse para ver la casa sino que es entrar en la persona de Jesús, en su mensaje, en su estilo de vida, en sus hechos; entrar en el fondo de su persona y su proyecto al servicio del Reino, aceptarlo, convencerse y creer para ir luego a dar testimonio. Así hicieron estos dos discípulos. Inmediatamente, convencidos, fueron a platicarles a los demás de su experiencia con Jesús y lo hicieron de tal manera que provocaron que sus amigos también fueran a encontrarse con Él.

A ese grado debe llegar el servicio de los papás a sus hijos en el proceso de educarlos en la fe. Ayudarles, en base a su propia experiencia de encuentro con Jesús y de seguirlo en su camino, al grado que los hijos se convenzan de Jesús y, por sí mismos, se conviertan en misioneros. Es decir, que vivan el compromiso que asumen en la Confirmación: seguir a Jesús y ser sus testigos. Dispongámonos a recibir sacramentalmente a Jesús para ir a dar testimonio de Él en el barrio.

14 de enero de 2018

Esta entrada fue publicada el 15 de enero de 2018 a las 8:03 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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