El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 2º domingo de Cuaresma 2018

El regalo del Hijo único

Textos: Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18; Rm 8, 31-34; Mc 9, 2-10

Cuaresma2 B 18

Los textos de la Palabra de Dios de este domingo nos hablan del regalo que el padre hace de su hijo único. Abraham, obedeciendo la petición de Dios, estuvo dispuesto a ofrecérselo en sacrificio en el monte; Dios presentó y entregó a su Hijo único por nosotros y nuestra salvación. En el Evangelio, ese Hijo –Jesús– aparece transfigurado en un monte alto, hecho del que fueron testigos Pedro, Santiago y Juan. Es el mismo Jesús que recibiremos en la Comunión sacramental.

El monte era para los israelitas el lugar de encuentro con Dios, el espacio donde Él se manifestaba para dar a conocer su voluntad y mandamientos. Moisés se encontró con Dios en el Monte Sinaí y ahí le dio las tablas de la Alianza, las leyes de la hermandad que nosotros conocemos como los diez mandamientos. Abraham vivió una experiencia de encuentro con Dios en un monte de Moria, en el que fue reconocido y bendecido por su obediencia.

Durante la semana pasada tuvimos con los servidores de la comunidad la vivencia de los temas cuaresmales. Hoy domingo nos hemos reunido en este templo para la celebración de la Eucaristía. Tanto los temas cuaresmales como la Eucaristía dominical son experiencias de encuentro con Dios, por lo que podemos decir que tanto el salón parroquial como el templo se convirtieron para nosotros en el monte del encuentro con Dios. Él nos vuelve a confirmar el regalo de su Hijo único: nos los presenta nuevamente y nos pide que lo escuchemos.

Pero tenemos el riesgo de hacernos como Pedro y los demás: estaban tan a gusto que querían seguir allí todo el tiempo, incluso construyendo chozas para Jesús, Moisés y Elías. Con esta experiencia de encuentro con Dios nos podemos quedar contentos, a gusto, tranquilos, porque ya participamos en las reflexiones de Cuaresma y en la Misa dominical, pensando que ya tenemos con eso. Y no. El camino, el compromiso, la misión siguen. Abraham continuó su vida, obedeciendo a Dios en su vida; le había prometido hacerlo padre de una gran pueblo. Jesús siguió en la misión al bajar del monte, misión que iba a pasar por la muerte en la cruz. Por eso les dijo a sus discípulos que no dijeran nada de lo que habían visto, hasta que Él resucitara de entre los muertos.

En estos días estuvimos reflexionando con los agentes de pastoral sobre los jóvenes y la responsabilidad que tenemos como comunidad parroquial de vivir la misión entre ellos y junto con ellos. Aunque de parte de los adultos siempre está la tendencia a juzgar a la juventud, a referirnos a ellos con prejuicios, a decir que están echados a perder, caímos en la cuenta de que los tenemos abandonados como comunidad, además de lo que los tiene la sociedad. Tomamos conciencia de que estamos fallando en la misión con ellos, pues no les estamos ofreciendo alternativas a sus situaciones, a sus expectativas, a sus esperanzas. Y ahí está el espacio para continuar la misión después del encuentro con el Señor en el monte. Tenemos que transfigurar la vida parroquial para que los jóvenes tengan su lugar, se sientan parte de la Iglesia, vivan el seguimiento a Jesús, sean misioneros entre los mismos jóvenes. No vimos “recetas” a realizar para asumirlos como parroquia, pero sí acordamos que hay que acercarnos a ellos en sus propios espacios, escucharlos, valorarlos, atenderlos en sus situaciones, necesidades y esperanzas. Esa es tarea de cada barrio.

Pidamos al Señor en esta Eucaristía que asumamos con responsabilidad la misión, como Jesús la continuó después de la experiencia de su Transfiguración. Que, alimentados y fortalecidos por la Comunión, no abandonemos el camino de la cruz que implica el trabajo entre los jóvenes.

25 de febrero de 2018

Esta entrada fue publicada el 25 de febrero de 2018 a las 9:24 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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