Homilía para el 29º domingo ordinario 2020 (Domingo Mundial de las Misiones)

Nuestra misión: dar culto a Dios
Este domingo, Jornada Mundial de las Misiones, los textos de la Palabra de Dios nos ayudan a repensar nuestra vida personal y comunitaria desde el servicio del anuncio del Evangelio. Esto es tarea de todos los miembros de la Iglesia, no sólo de unos cuántos, y debe hacerse tanto con el testimonio como con la palabra.

Nuestra misión: dar culto a Dios

Textos: Is 45, 1. 4-6; Rm 10, 9-18; Mt 22, 15-21

Este domingo, Jornada Mundial de las Misiones, los textos de la Palabra de Dios nos ayudan a repensar nuestra vida personal y comunitaria desde el servicio del anuncio del Evangelio. Esto es tarea de todos los miembros de la Iglesia, no sólo de unos cuántos, y debe hacerse tanto con el testimonio como con la palabra. La recepción de la Comunión sacramental nos compromete a asegurar nuestra participación activa como sujetos en la misión de la Iglesia, para que se cumpla lo que dice el final de la primera lectura: que la voz de los mensajeros resuene por todo el mundo y que sus palabras que anuncian las buenas noticias lleguen hasta el último rincón de la tierra.

A la pregunta que le hicieron sobre el pago del impuesto al César, Jesús hizo referencia a algo fundamental en la vida del pueblo de Dios, algo de lo que tenemos que dar testimonio en la vivencia de la misión: el culto se le debe dar solamente a Dios y a nadie más. Es lo que significa la expresión de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Con esto, Jesús se sostuvo en el primer mandamiento de los israelitas, asumido en la Alianza con Yahvé: que, como pueblo suyo, solamente lo iban a tener a Él como Dios y a nadie más se le iban a rendir para alabarlo y adorarlo. Es lo que Dios mismo le recordó a Ciro a través de Isaías: que no había otro Dios fuera de Él; fue el que los liberó de la esclavitud en Egipto y los llevó por el desierto hasta la tierra prometida.

El César quería adueñarse de ese lugar y ser adorado como dios. La imagen de la moneda del tributo tenía su rostro y la inscripción: “el divino César”. Además de empobrecer al pueblo, quería que lo adoraran. Jesús no cayó en la trampa que le tendieron y aclaró que el culto es sólo para Dios.

Esa es nuestra tarea. Como parte de la misión que recibimos en el Bautismo, de ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio, darle culto a Dios. Casi todo mundo tiene la idea de que el culto se le da solamente con la oración o participando en la Misa y poco se tiene conciencia de que debe ser con toda la vida, personal y comunitaria, en la vivencia de la hermandad y en el servicio a los pobres.

Si Jesús hizo referencia a la imagen del César, a quien no hay que rendirle alabanzas ni ofrecerle el culto, fue porque esto es solamente para Dios. Y si Él nos hizo a su imagen y semejanza, entonces un modo privilegiado para expresar que lo adoramos es vivir como hermanos y servir a los enfermos, a los sufrientes, a los descartados, pues cada persona es imagen y semejanza de Dios. Este es el modo de realizar la misión, que consiste en iluminar al mundo con la luz del Evangelio reflejada en nuestra vida, como dice la frase de san Pablo con que nos preparamos para escuchar el evangelio.

Hoy, Domingo Mundial de las Misiones, debemos revisar nuestra vida como bautizados, como discípulos y como misioneros. ¿Estamos siendo mensajeros que llevamos la Buena Nueva hasta el último rincón de nuestra comunidad parroquial? ¿Estamos iluminando al mundo con nuestra vida personal y comunitaria, como signo de que estamos llenos de la luz del Evangelio? ¿Toda nuestra vida es un verdadero culto a Dios, porque vivimos como hermanos y servimos a los pobres?

Aprovechemos la oportunidad que se nos ofrece este domingo para fortalecer nuestra conciencia de ser discípulos misioneros y para retomar la misión que se nos encomendó en el Bautismo. Junto con nuestra aportación económica y la oración por la Iglesia para que siga siendo misionera y por los miembros de la Iglesia que están viviendo a plenitud su compromiso misionero, unidos a Jesús por la Comunión sacramental, renovemos nuestro compromiso de ser mensajeros responsables de llevar el Evangelio del Reino por dondequiera que nos movamos.

18 de octubre de 2020

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