Homilía para el 26º domingo ordinario 2013

Preocuparse por el pobre

Textos: Am 6, 1. 4-7; 1 Tim 6, 11-16; Lc 16, 1931.

Ordinario 26 C 001

La parábola que acabamos de escuchar, Jesús la dijo para los fariseos. De ellos dice san Lucas, un poco más atrás, que eran “muy amigos del dinero” (16, 14) y que se la daban de justos, siendo que eran otra cosa. Ellos se estaban burlando de Jesús por la parábola del administrador astuto y por lo que Él decía sobre buen uso que se le tiene que dar al dinero. Fue el texto del Evangelio de hace ocho días. El mensaje de Jesús es que nos preocupemos por el pobre.

Preocuparse por el pobre

Textos: Am 6, 1. 4-7; 1 Tim 6, 11-16; Lc 16, 1931.

Ordinario 26 C 001

La parábola que acabamos de escuchar, Jesús la dijo para los fariseos. De ellos dice san Lucas, un poco más atrás, que eran “muy amigos del dinero” (16, 14) y que se la daban de justos, siendo que eran otra cosa. Ellos se estaban burlando de Jesús por la parábola del administrador astuto y por lo que Él decía sobre buen uso que se le tiene que dar al dinero. Fue el texto del Evangelio de hace ocho días. El mensaje de Jesús es que nos preocupemos por el pobre.

Nos disponemos para recibir el banquete que Dios nos ofrece cada domingo: el Cuerpo y la Sangre de su Hijo. Su Palabra nos ayuda a prepararnos más fuertemente para vivir este encuentro sacramental con Jesús, que se hará pan y vino para nosotros. Lo que Jesús dijo a los fariseos, lo dice para nosotros. Nos pone de frente a una de nuestras responsabilidades como discípulos suyos: la solidaridad hacia los pobres, los olvidados, los despreciados de la sociedad.

De ser sensibles ante la situación de los pobres o no, de vivir o no la solidaridad para con ellos, depende la salvación de las personas. Entre nosotros hay muchísimas personas y familias que sufren porque carecen de lo necesario para vivir con dignidad. Si repasamos con la mente nuestro barrio o colonia, entre los vecinos hay enfermos, muchos en fase terminal; hay ancianitos solos y prácticamente abandonados en el rincón de una casa, borrachitos, indígenas, etc.

¿Qué hacemos ante estas situaciones? ¿Qué hemos hecho en estos días ante la realidad de los damnificados por las lluvias? Lo que Jesús remarca del rico de la parábola es que mientras él vive bien, viste con ropa fina, banquetea todos los días, un pobre yace a la puerta de su casa. Este pobre es Lázaro y vive mal, su vestido son las llagas, su comida queda en deseo pues ansía probar lo que cae de la mesa del rico. La despreocupación por el pobre es el punto central.

En la primera lectura, a través del profeta Amós, Dios denunciaba la misma actitud de los ricos: les decía que mientras ellos vivían entre lujos y comodidades de toda clase y se la pasaban comiendo y emborrachándose, no se preocupaban por las desgracias de sus hermanos. En aquel tiempo Dios les anunció el destierro. Cuando el pueblo se olvida de los pobres, algo que habían prometido vivir en la alianza, la consecuencia es hacerse esclavos de otros pueblos.

En el caso del rico de la parábola dicha por Jesús, la consecuencia de desentenderse del pobre es quedar fuera de la salvación. Y eso no sucede después de la muerte, sino ya en vida. La salvación depende de la sensibilidad frente las situaciones de pobreza y la respuesta que se dé ante ellas. Quien se preocupa por el pobre y vive la solidaridad, se salva; quien se despreocupa del pobre, lo ignora, o incluso se burla de él, se condena. ¿Cómo anda nuestra vida?

Fácilmente descubrimos que nos hemos desentendido de los pobres, los enfermos, ancianitos, migrantes, adictos, etc. En general así vivimos los bautizados, personalmente y como comunidad. ¿No será que estamos como los fariseos, es decir, que somos muy amigos del dinero, nos damos a la buena vida, a los lujos y comodidades? Aunque no seamos ricos, pero si no somos sensibles al sufrimiento de los pobres y no nos solidarizamos, estamos como el rico.

No hay que desaprovechar esta llamada que nos hace el Señor en su Palabra. Vivamos personalmente la sensibilidad ante los pobres. Cultivemos en nuestras familias la preocupación y solidaridad por los pobres, enfermos y olvidados que viven en el barrio o colonia. Trabajemos en los barrios, colonias y parroquias por ser comunidades atentas a las necesidades de los pobres y solidarias con ellos. Que la Eucaristía nos fortalezca para vivir la preocupación por los sufrientes.

29 de septiembre de 2013

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