Homilía para el 25° domingo ordinario 2020

Ser buenos, al igual que Dios
Lo que acabamos de escuchar en este texto del evangelio contrasta con la dinámica ordinaria en el ambiente laboral y en la vida de la Iglesia, en donde los más viejos les hacen la vida pesada, hasta imposible, a los que se van integrando. Jesús utilizó la parábola de los trabajadores de la viña para dar a conocer la dinámica del Reino; ahí Dios es el protagonista y todas las personas reciben su invitación. Dios es el propietario de la viña y las personas está representadas en los trabajadores.

Ser buenos, al igual que Dios

Textos: Is 55, 6-9; Flp 1, 20-24. 27; Mt 20, 1-16

Lo que acabamos de escuchar en este texto del evangelio contrasta con la dinámica ordinaria en el ambiente laboral y en la vida de la Iglesia, en donde los más viejos les hacen la vida pesada, hasta imposible, a los que se van integrando. Jesús utilizó la parábola de los trabajadores de la viña para dar a conocer la dinámica del Reino; ahí Dios es el protagonista y todas las personas reciben su invitación. Dios es el propietario de la viña y las personas está representadas en los trabajadores.

En la vida del Reino siempre hay trabajo y, por tanto, siempre hay necesidad de trabajadores. El Reino consiste en una vida en el amor, la misericordia, la justicia, el perdón, la armonía, la paz. Dios llama a todas las personas y a todos los pueblos, independientemente de su cultura y religión, a colaborar con Él para lograr este modo de vivir. Él mismo pone el ejemplo, en el modo como trata a los trabajadores: los busca a lo largo de la jornada, dialoga con ellos, les promete lo justo, llega a un acuerdo con ellos, los envía, les paga su jornal, pone en primer lugar a los últimos, llama amigo al envidioso, se describe como alguien bueno. Este modo de ser de Dios está descrito también por el salmista. Dice del Señor que es compasivo, misericordioso, generoso, bueno, amoroso, justo, cercano. Por eso nos ayuda a tomar conciencia de la necesidad de bendecirlo eternamente.

En su bondad hace más que la justicia a secas. El propietario de la viña había acordado con los primeros que les pagaría un denario por el trabajo del día. Un denario era el salario con que la familia apenas salía con los gastos del día. En justicia, no según las leyes laborales sino según el acuerdo tomado de palabra, al final de la jornada les pagó el denario acordado. No les había fallado, no había roto su compromiso, cumplió lo que prometió. Podemos decir que, a secas, actuó con justicia. El problema fue que a los que llegaron a la viña al final de la jornada, por una hora de trabajo les pagó el denario completo, lo que despertó la envidia de los que se aventaron la jornada completa. El dueño de la viña era consciente de que también los últimos, a los que nadie había contratado, tenían que llevar para el gasto ordinario de su familia; por eso, les pagó lo mismo. No se basó en el contrato laboral, que mide horas trabajo o paga de acuerdo a las categorías de los trabajadores, sino que tuvo como criterio la situación de los jornaleros y la vida de sus familias.

La envidia de los trabajadores de más tiempo en la viña contrasta con la bondad del dueño. Ellos ven por sí mismos y no por los demás; Dios ve por los demás, por los últimos, los despreciados, los empobrecidos, los desechados, y los convierte en los primeros; los valora, los enriquece, los recompensa. Está claro lo que dice Dios mismo a través de Isaías, que sus caminos son distintos de los nuestros. Dios actúa con misericordia, con bondad, con amor. Por eso lo bendecimos en este día.

Pero también espera que nosotros seamos como Él, que colaboremos desde nuestra vida familiar y comunitaria a construir su Reino. Él reina donde hay compasión, misericordia, bondad, generosidad, justicia, amor… vividos a favor de los últimos. Este es el trabajo que tiene en su viña y es para el que nos está buscando todo el tiempo, porque nos quiere enviar como sus trabajadores.

Aceptar la invitación a trabajar por el Reino y hacerlo con gusto, sin envidias ni rivalidades, sin esperar una paga al estilo del mercado, equivale a estar en comunión de Dios. Hoy que nos reunimos para celebrar la Eucaristía dominical, renovemos nuestro compromiso de trabajar en su viña. Recibir la Comunión sacramental nos compromete a mantenernos unidos a Dios, aceptando su llamado a ir a su viña para la construcción de su Reino. Aceptar su invitación nos lleva también a ser buenos, al igual que Él, a que veamos por los últimos para que sigan siendo los primeros.

20 de septiembre de 2020

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