El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 25° domingo ordinario 2017

Aceptar trabajar por el Reino

Textos: Is 55, 6-9; Flp 1, 20-24. 27; Mt 20, 1-16.

Ordinario25 A 17

Acabamos de escuchar en el evangelio la parábola de los trabajadores contratados por el dueño de la viña. En ella, Dios, que es el propietario, utiliza una lógica muy distinta al modo de actuar de los humanos: aparece generoso, justo, bueno, misericordioso, igualitario. Esto se lo agradecemos con la celebración de la Eucaristía, a la que nos convocamos como cada domingo.

Con la parábola, Jesús da a entender a sus discípulos la dinámica del Reino de Dios. En ella aparece reflejada la vida de las primeras comunidades cristianas, integradas principalmente por judíos que se habían hecho cristianos. Como eran miembros de Israel, el pueblo que Dios había escogido como su pueblo, se sentían ya salvados y con todos los derechos y privilegios, y no veían bien que otros, paganos que se iban integrando a la comunidad, aceptaran la vida del Reino, tuvieran los mismos derechos que ellos y participaran de la misma salvación. Lo veían mal y le reclamaban a Dios que los tratara igual o hasta mejor que a ellos.

El Reino está abierto para todos, no es propiedad exclusiva ni de Israel ni de la Iglesia. La evangelización está abierta a todos los bautizados, no es exclusiva de los ministros ordenados. El trabajo en la comunidad está abierto para todos y todas, no es exclusivo de los agentes de pastoral. Hay mucho que hacer en la vida del Reino, en la construcción de la comunidad, en el anuncio del Evangelio. Y Dios, como propietario de la viña, sigue saliendo a invitar todo el tiempo. Los miembros de la Iglesia no debemos estar de ociosos, por eso se nos llama a trabajar. Es necesario aceptar esta invitación y decidirnos a colaborar en la misión, en la comunidad, en la Sociedad civil, en el mundo, en el cuidado de la Casa común.

La paga que ofrece el Señor es la misma para todos. En la parábola a todos los trabajadores les dio un denario, o sea, el salario del día, hayan trabajado desde el amanecer, desde media mañana o desde la tarde. Dios es bueno y generoso. Esto lo consideraron como una injusticia los que llegaron primero a la viña. Como vieron que a los que llegaron ya casi para terminar la jornada, el patrón les pagó su salario completo, ellos pensaron que les iba a dar más; pero no, les dio lo mismo. Era lo que habían convenido, como les dijo el patrón.

Esa dinámica y modo de pensar se da continuamente entre nosotros. Es la lógica humana. Quien ya tiene más tiempo en un trabajo, hace sentir su fuerza a los que van llegando; a veces hasta los humillan, se ríen de ellos, los ponen en mal, les hacen la vida pesada… En los servicios comunitarios también es frecuente que los agentes de pastoral más antiguos les dificulten la participación a quienes se van integrando, que los ignoren o los hagan sentir que no saben. Se ponen celosos y ven mal que los nuevos tengan las mismas responsabilidades y la misma recompensa.

Se ocupa apertura para la vida del Reino. Dios nos sigue buscando e invitando a trabajar en él. No hay pretextos que poner para no colaborar. Al final de cuentas la recompensa va a ser pareja para todos. En esto, los últimos serán los primeros, como dice Jesús al final de la parábola. Lo mismo escucharemos el domingo próximo en el evangelio. Los privilegiados son los pobres, los despreciados, los desechados, las prostitutas y los publicanos, los paganos, los alejados, porque aceptan más fácilmente la invitación a colaborar en la construcción del Reino de Dios.

Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión. Él nos fortalece para sostenernos en la misión, en la construcción de la comunidad y de la Sociedad civil, en el servicio al Reino.

23 de septiembre de 2017

Esta entrada fue publicada el 24 de septiembre de 2017 a las 9:45 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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