El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 24° domingo ordinario 2017

Perdonar al hermano

Textos: Eclo 27, 33-28, 9; Rm 14, 7-9; Mt  18, 21-35.

Ordinario24 A 17

El texto del evangelio que acabamos de escuchar es la última indicación de Jesús a sus discípulos sobre la manera de vivir en comunidad. Se trata del perdón entre hermanos a lo interno de la comunidad cristiana. Vivirlo es signo de pertenencia a la comunidad de discípulos y discípulas de Jesús. Perdonar es condición necesaria para celebrar la Eucaristía, pues no tiene sentido comulgar si estamos peleados o distanciados del hermano, si le guardamos odio o resentimiento, si le negamos el perdón, si le sacamos la vuelta o incluso nos desquitamos con rencor.

La pregunta que hizo Pedro a Jesús sobre el número de veces que hay que perdonar al hermano que ofende, provocó que nos regalara esta parábola tan bonita que acabamos de escuchar. Ya Jesús en su respuesta le había dicho que no solamente hay que perdonar siete veces –que en la práctica ya sería mucho y, además, difícil de realizar– sino hasta setenta veces siete, es decir, siempre. Podemos preguntarnos: ¿Cómo perdonar y volver a recibir la ofensa del hermano una y otra vez y volver a perdonarlo? ¿Por qué volver a perdonarlo? La respuesta nos la da Jesús en la parábola: porque así es Dios, porque así es Jesús, porque somos discípulos suyos.

Quien entiende bien la propuesta de Jesús da el paso, aunque el hermano que ofende no pida el perdón. Durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer, “Korie ten Boom, la gran protectora de los judíos en Holanda, que en su casa y en muchas otras escondió a los judíos reclamados por los nazis, fue traicionada. Junto con su hermana Betti encontró gran consuelo en el lugar más terrible al poder anunciar a los demás el evangelio. Junto a la hermana reconoció gradualmente en aquellos que la habían torturado a los más pobres que tienen necesidad de ser ayudados para reencontrar su dignidad e integridad. Cuando lo hermana murió a causa del trato más cruel, le dejó su testamento a Korie ten Boom: ‘Cuando tú te salves, los curarás’. En efecto, cuando, por un error administrativo, fue liberada, ella tuvo cuidado en primer lugar del hombre que la había traicionado; le dio su alegre noticia: ‘También tú puedes ser curado y perdonado’. Después de la guerra, abrió dos casas de rehabilitación para ex guardias de los campos de concentración nazis”.

¡Qué testimonio de esta mujer! Perdonar al que la denunció y provocó que fuera a dar al campo de concentración, ver bien a sus torturadores, atender a quienes habían hecho tanto daño. Y a nosotros que nos cuesta perdonar, hasta por años, una ofensa, una mala cara, un mal gesto, una tranza; a veces una palabra dicha sin intención de ofendernos. Y muchas veces tan tranquilamente que asistimos a la Misa y, además, comulgamos. Queremos la Comunión sacramental y no construimos la comunión en la comunidad, la comunión entre hermanos, compañeros de trabajo o vecinos; se pide la Primera Comunión de los hijos mientras que se niega el perdón a alguien.

El señor de la parábola reprobó de su trabajador que no haya sido capaz de perdonar a su compañero, que le debía poco dinero, si él poquito antes le había perdonado una deuda de muchos millones, prácticamente impagable. Y se la había perdonado no porque le hubiera pedido que le perdonara sino por compasión; él solamente le suplicaba que le tuviera paciencia y que sí le pagaría. Exactamente lo mismo que le dijo su compañero, del cual no tuvo compasión. ¿No estaremos nosotros así? ¿No estamos en Misa y en nuestro corazón y gestos nos hemos negado a perdonar?

A pocos minutos de recibir la Comunión, recitaremos el Padrenuestro y le vamos a decir a Dios que nos perdone porque nosotros ya perdonamos a nuestros hermanos. Ojalá que así sea.

17 de septiembre de 2017

Esta entrada fue publicada el 16 de septiembre de 2017 a las 7:34 pm en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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