Homilía para el 24° domingo ordinario 2012

¿Quién es Jesús?

Textos:Is 50, 5-9; St 2, 14-18; Mc 8, 27-35.

Jesús hizo una pregunta a sus discípulos sobre lo que se decía de Él. Esta pregunta es también para nosotros hoy. Lo importante no es tanto la respuesta que se diga, sino las consecuencias que trae decirla. Iban por el camino cuando Jesús preguntó a sus discípulos que qué decía la gente de Él. No era difícil responder. Todo mundo lo identificaba con un profeta. Su estilo de vida y su predicación eran las de un profeta, pues era austero y hablaba del reinado de Dios.

¿Quién es Jesús?

Textos:Is 50, 5-9; St 2, 14-18; Mc 8, 27-35.

Jesús hizo una pregunta a sus discípulos sobre lo que se decía de Él. Esta pregunta es también para nosotros hoy. Lo importante no es tanto la respuesta que se diga, sino las consecuencias que trae decirla. Iban por el camino cuando Jesús preguntó a sus discípulos que qué decía la gente de Él. No era difícil responder. Todo mundo lo identificaba con un profeta. Su estilo de vida y su predicación eran las de un profeta, pues era austero y hablaba del reinado de Dios.

Los comentarios de la gente sobre Jesús, en el sentido de que era un profeta, también incluían su destino. Los profetas no llevaron una vida fácil; todos recibieron habladas, fueron calumniados, perseguidos, torturados, condenados a muerte; varios terminaron asesinados, como Juan Bautista. Esto marcará la vida y misión de Jesús. Pero luego vino lo bueno: les hizo a sus discípulos la misma pregunta, para que ellos dieran su propia respuesta.

Pedro no se tardó. Inmediatamente le dijo una verdad: “Tú eres el Mesías” (Mc 8, 29). Le dijo exactamente lo que Jesús era. No había ni hay duda: Jesús es el Mesías, el Liberador, el Salvador. Enseguida, una vez que fue reconocido como Mesías, sin rodeos Jesús les dijo lo que significaba ser Mesías: ser rechazado, padecer mucho, acabar condenado a muerte. Exactamente lo mismo en relación al destino de los profetas. La diferencia está en la resurrección.

La reacción de Pedro fue inmediata. Ellos concebían y esperaban a un Mesías glorioso, dominador, avasallador, como los gobernantes de este mundo. Jesús les cambió esa imagen y eso ya no les gustó. ¿Cómo que siendo el Mesías iba a terminar asesinado? No era posible. Por eso Pedro le quiso ayudar a “corregir” el camino y el estilo de vida. Pero lo que sucedió es que así se convirtió en estorbo para Jesús. Y le pidió que más bien se pusiera detrás de Él para seguirlo.

Si nos fijamos bien en nuestra vida, eso que les pasó a Pedro y a los demás nos sucede a nosotros. A la pregunta sobre quién es Jesús, respondemos que es el Hijo de Dios. Así lo aprendimos en el catecismo. Y no decimos mal, pues eso es. La dificultad para nosotros está en que, cuando vemos nuestra manera de vivir, poco se parece a la de Jesús. Sabemos algo de Jesús porque lo aprendimos de memoria; pero, ¿nos estamos esforzando por asumir su estilo de vida?

El camino de Jesús es el mismo de los discípulos. El estilo de vida de Jesús debe ser el mismo de sus seguidores. Por eso nos manda que, si queremos ser sus discípulos, renunciemos a nosotros mismos, carguemos nuestra cruz y lo sigamos. Eso lo asumimos en el momento de ser bautizados. Más que decir de memoria una respuesta a la pregunta sobre quién es Jesús, debemos responder con lo que vamos descubriendo de Él en la experiencia de seguimiento.

Y luego, la respuesta a la pregunta que Jesús nos hace hoy, la tenemos que dar no tanto de palabra sino con nuestra manera de vivir. A esto nos anima el apóstol Santiago, cuando pide mostrar con obras la fe que tenemos. Quien cree en Jesús y su proyecto del Reino, atiende a los pobres, les da de comer y les asegura el vestido. Entonces podemos decir que confesar a Jesús como el Hijo de Dios o como el Mesías implica atender a los pobres y cargar con su cruz.

Antes de encontrarnos sacramentalmente con Jesús, necesitamos revisar nuestra vida. ¿Sabemos quién es Jesús? ¿Con qué hechos de nuestro modo de vivir manifestamos que creemos en Él? ¿Seguimos a Jesús cargando nuestra cruz y la cruz de los pobres; o nos confesamos católicos, pero no hacemos nada por la situación de los que sufren? Al comulgar asumamos nuestro compromiso de seguir a Jesús por donde Él camina y asumir las consecuencias de creer en Él.

16 de septiembre de 2012

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *