Homilía para el 23er domingo ordinario 2013

Condiciones para seguir a Jesús

Textos: Sb 9, 13-19; Flm 9-10. 12-17; Lc 14, 25-33.

Ordinario 23 C 001

Jesús iba de camino hacia Jerusalén. Su camino pasaría por la experiencia de la Cruz. De repente, como nos narra san Lucas, se dirigió a sus discípulos y les aclaró las condiciones para seguirlo. En esa experiencia de seguimiento, el más importante es Jesús. Todo lo demás: la familia, el dinero y los bienes materiales, incluso la propia persona, pasan a segundo término. Es importante que también nosotros lo tengamos en cuenta para prepararnos a recibir hoy la Comunión.

Condiciones para seguir a Jesús

Textos: Sb 9, 13-19; Flm 9-10. 12-17; Lc 14, 25-33.

Ordinario 23 C 001

Jesús iba de camino hacia Jerusalén. Su camino pasaría por la experiencia de la Cruz. De repente, como nos narra san Lucas, se dirigió a sus discípulos y les aclaró las condiciones para seguirlo. En esa experiencia de seguimiento, el más importante es Jesús. Todo lo demás: la familia, el dinero y los bienes materiales, incluso la propia persona, pasan a segundo término. Es importante que también nosotros lo tengamos en cuenta para prepararnos a recibir hoy la Comunión.

Ser cristianos, ser católicos como decimos, ser discípulos de Jesús, ser seguidores suyos no es fácil. Es fácil decir que somos bautizados, es fácil decir que nos comprometemos a vivir nuestra fe, cuando se va a recibir un sacramento es fácil decir que sí vamos a vivir como hermanos; pero seguir realmente a Jesús con todo lo que eso significa, no es nada sencillo. Al contrario, es muy complicado porque exige acomodar la manera de pensar y vivir a lo que Jesús propone.

Jesús mismo sabe lo difícil que es llevar el estilo de vida de un Hijo de Dios, es consciente de que la consecuencia natural de su camino y su proyecto es la cruz. Por eso les habló claramente a sus discípulos. Quien quiera seguirlo, quien quiera ser su discípulo, quien quiera ser católico, tiene que preferir a Jesús y su proyecto de vida sobre todo lo demás, aquello que se considera valioso, comenzando por la propia familia. Las condiciones las pone Jesús, no sus discípulos.

Pide también que se renuncie a todos los bienes. Hay que preferir a Jesús por encima del dinero y las pertenencias materiales. En nuestros días casi todo el mundo busca tener lo “necesario”, “tener todo”, asegurar económicamente el futuro, poseer un seguro de vida. Y, curiosamente, Jesús exige renunciar a los propios bienes antes de seguirlo. Los bienes materiales estorban porque atan; el dinero esclaviza, se convierte en dios, hace inhumanas a las personas.

Una vez que se ha decidido y optado por Jesús, cuando ya se renunció a los bienes materiales, se está en condiciones de cargar la cruz y hacer la experiencia de seguimiento. De otra manera, no. Esta decisión supone un discernimiento. Por eso Jesús pide sentarse a calcular si se va ser capaz de seguirlo hasta el final, si se va a asumir su estilo de vida y su proyecto a favor del Reino con todas sus consecuencias. De otra manera seremos bautizados pero no sus discípulos.

En nuestros días se discierne cada vez menos lo que significa llevar un hijo al Bautismo, a la Primera Comunión o a la Confirmación. Generalmente se asegura que tengan sus sacramentos, se busca que su celebración sea particular, se busca el templo más bonito; incluso se programan los sacramentos de acuerdo al día para el que se contrata el salón para la fiesta. Pero poco se platica sobre lo que significa acompañar a los hijos en su identificación con Jesús.

Lo mismo pasa en relación al Matrimonio. Poco se sientan los novios a calcular lo que implica la vida matrimonial. Ciertamente se calcula lo del vestido, las flores, el templo, el salón, la música, los invitados, la comida o cena, el video y las fotos. Eso, aunque va ligado a la celebración, es sólo para ese día. Pero lo que significa que dos bautizados van a unirse para ser una sola carne, formar una familia cristiana, acompañar a los hijos en su vida cristiana, poco se calcula.

Seguir a Jesús exige optar por Él, renunciar a los bienes y comodidades materiales, calcular si se va a vivir de acuerdo a sus exigencias, aclarar qué significa recibir un sacramento o llevar a los hijos a sus sacramentos. Para lograrlo, quienes ya estamos bautizados y nos confesamos discípulos de Jesús, necesitamos estar en un permanente proceso de conversión, para dejar lo que nos ata y nos impide seguir a Jesús hasta el final, sin ataduras y cargando nuestra cruz.

8 de septiembre de 2013

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