Homilía para el 21er domingo ordinario 2020

La pregunta sobre Jesús
Jesús hizo una pregunta a sus discípulos sobre su identidad. Esta pregunta, dirigida a nosotros hoy, es para que reflexionemos sobre lo que hemos ido descubriendo de Jesús en los encuentros que hemos tenido con Él a lo largo de nuestra vida. Esto nos ayudará a prepararnos para recibirlo sacramentalmente en la Comunión y para renovar nuestro compromiso de seguirlo en su camino.

La pregunta sobre Jesús

Textos: Is 22, 19-23; Rm 11, 33-36; Mt 16, 13-20

Jesús hizo una pregunta a sus discípulos sobre su identidad. Esta pregunta, dirigida a nosotros hoy, es para que reflexionemos sobre lo que hemos ido descubriendo de Jesús en los encuentros que hemos tenido con Él a lo largo de nuestra vida. Esto nos ayudará a prepararnos para recibirlo sacramentalmente en la Comunión y para renovar nuestro compromiso de seguirlo en su camino.

La pregunta de Jesús es: ¿quién soy?, pero va dirigida a personas concretas. La gente decía que era un profeta. Su propia persona, su manera de vestir, su estilo de vida, su predicación, eran las propias de un profeta. Así vivían y así siguen viviendo los profetas: en la austeridad, la verdad, la hermandad, el sufrimiento, la persecución. Así era el modo de vivir de Jesús y así fue el de Juan el Bautista, a quien la gente también conoció. Y sí era profeta, pero no únicamente eso. Era más.

Para sus discípulos, era el Mesías. Fue lo que le respondió Simón Pedro. Ellos tenían más elementos para verlo no sólo como profeta, sino también como el Mesías esperado por los israelitas durante mucho tiempo. Descubrirlo y confesarlo como Mesías supone una cercanía mayor que la del resto de la gente. Ellos iban y venían con Jesús, platicaban con Él; lo veían curar enfermos, perdonar pecados, expulsar demonios; escuchaban las invitaciones a la conversión para entrar en el Reino de Dios, aceptaron su invitación a seguirlo, oían las parábolas con que describía el Reino, eran testigos de las controversias con escribas y fariseos. O sea, iban teniendo una experiencia especial de Él, más fuerte y más profunda que las demás personas que lo identificaban como profeta.

Para llegar a descubrir que era el Mesías, ocuparon una relación más cercana, compartir su vida, sus proyectos y sus sufrimientos, caminar con Él, ir siendo testigos de su estilo de vida y las consecuencias que le traía. Pero, también, como le reconoció Jesús a Pedro, era necesaria la acción reveladora del Padre, quien les iluminó su mente y su corazón, para que reconocieran al Mesías en Aquel que los había llamado y al cual se habían decidido a seguir.

Por su experiencia propia y por revelación de Dios, captaron que se trataba no sólo de un profeta, sino del Mesías. Aunque, como todos los judíos, ellos tenían la idea del Mesías poderoso, que los libraría del dominio de los romanos y los haría una nación fuerte y poderosa. Y Jesús les aclaró enseguida que su proyecto del Reino y su camino de Mesías no iba por allí, sino por la entrega de la vida, el sufrimiento, la muerte y la resurrección, y los invitó a seguirlo en su mismo estilo de vida y las consecuencias que esto trae, como escucharemos el próximo domingo. Por eso, les pidió no decir a nadie que Él era el Mesías, hasta que hicieran la experiencia completa y se convencieran.

La misma pregunta va dirigida a nosotros hoy. ¿Qué decimos de Jesús? ¿Quién es para nosotros? No se trata de repetir de memoria una respuesta, sino de responder de acuerdo a nuestra propia experiencia de Jesús. Lo que han despertado en nuestra mente y nuestro corazón los momentos de encuentro con Él. Porque de lo que sea para nosotros y de la respuesta que demos sobre su identidad, depende el proyecto que tengamos de vida cristiana y el estilo de vida que hayamos diseñado para nosotros o que estemos planteándole a los hijos para que lo capten, lo asuman y se decidan por seguirlo en su camino. Preguntémonos: ¿Quién es Jesús para nosotros?

Enseguida vamos a proclamar nuestra fe en Él, al recitar lo que hemos aprendido de memoria en el Credo; pero eso no es suficiente para decir que lo conocemos, lo reconocemos y lo confesamos con nuestra vida. Se ocupa mucho más: vivir día a día el encuentro con Jesús y seguirlo.

23 de agosto de 2020

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