El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 21er domingo ordinario 2018

Optar por Jesús

Textos: Jos 24, 1-2. 15-17. 18; Ef 5, 21-32; Jn 6, 55. 60-69

Ordinario21 B 18

Después de que Jesús se ofreció varias veces como alimento, primero como Pan y luego dando su Carne y su Sangre, no sólo los judíos sino también muchos de sus discípulos lo rechazaron diciendo que andaba mal, que era intolerable su manera de hablar. Lo mismo sucede hoy con muchos bautizados, si no de palabra, con los hechos. En este domingo, Jesús nos vuelve a ofrecer su Carne y su Sangre para que nos mantengamos unidos a Él y lo sigamos sin ponerle peros, pretextos o condiciones. En el momento de la consagración nos dirá: Tomen y coman, esto es mi Cuerpo que será entregado por ustedes; Tomen y beban, esta es la Sangre que será derramada por ustedes.

Es fácil buscarlo y seguirlo en las buenas, como la multitud que se alimentó a partir de los cinco panes y los dos pescados. Al día siguiente regresaron a buscarlo para que les volviera a dar de comer gratis. Pero ya no les dio ese pan que se acaba y les ofreció el pan que da vida al mundo y dura para la vida eterna; se ofreció a sí mismo y varias veces. Él es el Pan vivo bajado del cielo, el Pan que da la vida al mundo, el Pan que dura para la eternidad. Esto provocó que se lo pidieran y después ofreció su Carne y su Sangre, o sea, se ofreció a sí mismo, como verdadera comida y verdadera bebida. Como que eso ya no les gustó y fue cuando comenzaron a murmurar.

Lo difícil es seguirlo en las “malas”, sostenerse y aguantarle el ritmo, asumir sus mismos compromisos y estilo de vida, seguirlo hasta la cruz. Allí mismo, cuando les habló de entregarse, sus propios discípulos comenzaron a hablar de Él y a ponerle peros. Aquí no hay que pensar sólo en los Doce, sino en todos aquellos los que lo andaban siguiendo en su camino. Y eran muchos. Al captar que se escandalizaban por sus palabras, Jesús fue más adelante: les habló de subir a donde estaba antes, del Espíritu que da vida, de la carne que para nada aprovecha, de que sus palabras son espíritu y vida, de que el Padre es quien concede ir hacia Él. Esto hizo que muchos discípulos optaran por ya no seguirlo.

Para nosotros hoy es fácil decir que creemos en Jesús, como hacemos al profesar nuestra fe, al recitar el Credo; es fácil decir que somos católicos cuando nos preguntan por nuestra religión; es fácil decir que sí nos comprometemos a educar en la fe a los niños y niñas que son presentados para el Bautismo; es fácil decir que sí vamos a vivir como bautizados en el cumplimiento de la misión y en la construcción de la comunidad, cuando vamos a recibir o a acompañar a otros para algún sacramento. ¿Y qué está sucediendo en la práctica? Que la mayoría hemos rechazado a Jesús.

Sabemos que no es fácil vivir como bautizados, que trae dificultades la realización de la misión, el esfuerzo por construir la comunidad, la lucha por la justicia, la solidaridad y el bien común en la sociedad, el cuidado y la defensa del agua y la tierra. Y muchos bautizados, a pesar de sus promesas bautismales, mejor han decidido hacer un estilo de vida diferente al que Jesús propone y prácticamente lo han abandonado. ¿Cuántos son los bautizados que para nada asumen el estilo de vida cristiana, ni se preocupan por la comunidad, ni le hacen la lucha a anunciar el Evangelio, ni les interesa la vida de la sociedad, ni cuidan de la naturaleza? ¿No han renegado de Jesús?

La pregunta de Jesús a los Doce es para nosotros hoy. Si también lo vamos a dejar. De palabra vamos a decir que no, pero ¿con nuestros hechos? Tenemos que decirle como Pedro: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Pero que estas palabras vayan acompañadas con nuestra vida, signo de que hemos hecho optado por Jesús, sin peros ni pretextos ni condiciones.

26 de agosto de 2108

Esta entrada fue publicada el 26 de agosto de 2018 a las 1:02 pm en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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