Homilía para el 20º domingo ordinario 2015

Comer la carne de Jesús

Ord20 B 15

Jesús se presentó como el Pan vivo, bajado del cielo. De esta manera se ofreció para ser comido, pues el pan es para comerse. Quien lo coma tiene la promesa de recibir la vida eterna. Es la misma vida de Jesús que se transmite a sus comensales. Es interesante la manera como se da a comer: el Pan que ofrece es su propia carne. En la mentalidad judía, la carne se refiere a la persona como tal, a toda la persona con lo que ella es. Jesús se nos ofrece de nuevo este domingo.

Comer la carne de Jesús

Textos: Prov 9, 1-6; Ef 5, 15-20; Jn 6, 51-58.

Ord20 B 15

Jesús se presentó como el Pan vivo, bajado del cielo. De esta manera se ofreció para ser comido, pues el pan es para comerse. Quien lo coma tiene la promesa de recibir la vida eterna. Es la misma vida de Jesús que se transmite a sus comensales. Es interesante la manera como se da a comer: el Pan que ofrece es su propia carne. En la mentalidad judía, la carne se refiere a la persona como tal, a toda la persona con lo que ella es. Jesús se nos ofrece de nuevo este domingo.

Jesús tenía la vida de Dios, la vida eterna, y la iba compartiendo día a día en el servicio a los pobres, en la curación de los enfermos, en el perdón de los pecados, en la multiplicación de los panes. Así se iba entregando Él. Ya estaba dando a comer su propia carne, pues en lo que decía y hacía se entregaba todo y daba vida. Quien se lo coma, recibe esta misma vida, pero no para guardársela sino para proyectarla a los demás, para transmitirla en lo que decimos y hacemos.

Los judíos no entendían cómo era que Jesús daba a comer su carne, cómo era que se daba totalmente para ser comido, cómo era que se entregaba para el bien de los demás. Quizá no tenían la experiencia de servir gratuitamente, de dedicar su tiempo y recursos para los demás, de ayudar a los pobres, a los enfermos, a los excluidos. O a lo mejor no les convenía mostrarse disponibles para los demás. Era más cómodo permanecer encerrados en sus propias cosas.

Jesús les aclaró que si no se comían su carne y no se bebían su sangre, no podrían tener vida en ellos. La vida la da Jesús. No se refería a la vida humana, a la vida orgánica, sino a la vida que viene de Dios. Es necesario aceptar a Jesús con su propuesta y estilo de vida, comérselo, bebérselo, para recibir la vida de Dios. Y para esto, como dice el libro de los Proverbios, se ocupa ser sencillos; la sencillez hace que la persona sienta la necesidad de Jesús y se abra a Él.

Cómo nos cuesta a los miembros de la Iglesia alimentarnos de Jesús. Ciertamente nos acercamos a la Comunión sacramental, aunque no todos; pero esto no equivale a comerse y beberse a Jesús, a pesar de que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es mucho más, y debemos tomar conciencia de esto para no conformarnos o atenernos a que comulgamos sacramentalmente y pensar que con eso basta. O simplemente sentirnos tranquilos porque recibimos la Comunión.

Comerse a Jesús significa aceptar totalmente su enseñanza y modo de vivir. Aceptarlo sin condiciones –o sea, comulgar con Él– es lo que da vida, aunque no siempre vengan cosas agradables por poner en práctica sus enseñanzas y vivir del mismo modo que Él. Servir, perdonar, ayudar, muchas veces va a traer sinsabores, dificultades, amarguras. Pero si se realiza con la conciencia de estar viviendo como Jesús, eso significa que se lleva la vida de Jesús por dentro.

No dejemos que la mentalidad egoísta envuelva nuestra carne, no dejemos que la droga o el alcohol nos chupen la salud y nuestra vida, no dejemos que el estilo de vida consumista nos absorba, no dejemos que la comodidad nos impida darnos con toda nuestra persona, nuestro tiempo y recursos para el bien de los demás. Dejemos más bien que sea Jesús quien nos envuelva, nos absorba, nos alimente con su Carne y su Sangre y nos llene de su vida.

Dispongámonos a recibir sacramentalmente a Jesús para vivir por Él. Este domingo nos da nuevamente su Carne hecha Pan y su Sangre hecha Vino. En el Pan y el Vino consagrados se nos regala totalmente, para que hagamos lo mismo que Él en la familia y la comunidad. Si Jesús nos da vida, también quienes llevamos su vida en nosotros debemos dar vida a los demás. La entrega y el servicio a los demás nos ayudan a que la Comunión sacramental sea completa.

16 de agosto de 2015

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