Homilía para el 20° domingo ordinario 2020

Encontrarnos con Jesús desde el sufrimiento
Este domingo tenemos la oportunidad de vivir un encuentro con Jesús, como el que vivió aquella mujer cananea del evangelio. Ella, en medio de una realidad de machismo y con su hija enferma, expresó su fe en Jesús, se puso en sus manos y terminó renovada en su vida personal y familiar.

Encontrarnos con Jesús desde el sufrimiento

Textos: Is 56, 1. 6-7; Rm 11, 13-15. 29-32; Mt 15, 21-28

Este domingo tenemos la oportunidad de vivir un encuentro con Jesús, como el que vivió aquella mujer cananea del evangelio. Ella, en medio de una realidad de machismo y con su hija enferma, expresó su fe en Jesús, se puso en sus manos y terminó renovada en su vida personal y familiar.

La cananea, como muchísimas mujeres entre nosotros, vivía en una situación de sufrimiento, por ser mujer, por ser de un pueblo distinto al de los judíos y por la enfermedad de su hija. En nuestros días, la mayoría de las mujeres son víctimas de los varones en su casa, sea de parte de su esposo o de sus hijos o de su papá, quienes las tratan como sirvientas o como objetos de uso a su servicio y a sus caprichos; sufren acoso, amenazas, abusos de sus patrones o compañeros de trabajo o de escuela, o de sus propios familiares en casa; reciben menos salario por un trabajo igual que los varones, incluso mejor realizado; son despreciadas o minusvaloradas en la comunidad o en la calle; son mal vistas si dan un servicio en su comunidad o en la sociedad. Y muchas otras situaciones.

Para vivir nuestro encuentro dominical con Jesús, tenemos que identificarnos con la cananea y con todas las mujeres que no la pasan bien. Sólo desde el sufrimiento y la solidaridad con quienes sufren, nos podemos abrir a la gracia sanadora de Jesús, a quien aquella mujer confesó como Señor y como el hijo de David. Junto con su sufrimiento, tenía fe en Jesús y esto le valió para ser atendida.

A pesar del aparente desprecio de Jesús y del enojo de sus discípulos, que se la querían quitar de encima, ella persistió en su súplica confiada a favor de su hija. Se postró a los pies de Jesús, le suplicó su ayuda, lo escuchó con atención cuando le dijo que no estaba bien quitarles el pan para dárselo a los perritos, hizo su reflexión personal a partir de lo que dijo Jesús, le respondió con sencillez y con la esperanza de ser atendida. Ella esperaba, aunque fueran migajas. Fue lo que, en su fe, le expresó a Jesús. Con eso le bastaba para que su hija quedara curada.

Cómo nos hace falta encontrarnos con Jesús con una fe así, es decir, suplicando sin exigir, escuchar con atención la palabra de Jesús, meditarla, aclarar qué debemos hacer, eso pedirle y esperar con sencillez. La mujer cananea fue felicitada por Jesús por la calidad de fe con que vivía. No sé si de cada uno de nosotros también Jesús pudiera decir: “¡qué grande es tu fe!”.

Para vivir el encuentro con Jesús, también es necesario hacerlo desde el sufrimiento, sea el propio como aquella mujer, sea el de los demás haciéndolo nuestro, como nos enseña el mismo Jesús. No podemos desentendernos de lo que sufren las mujeres en nuestra comunidad, ni enojarnos porque gritan su dolor o expresan que están siendo maltratadas, como les sucedió a los discípulos. El mejor modo de acercarnos a Jesús es llevando los dolores de los demás, como dice de Él san Mateo en otros textos. Donde está el sufrimiento y donde alguien lo asume como propio, es el mejor lugar y el mejor modo de abrirse a la gracia que trae Jesús. Esto es manifestación de la fe.

Hoy nos encontraremos sacramentalmente con Él. Lo tenemos que hacer asumiendo y presentándole los gritos de dolor que brotan desde el corazón de las mujeres maltratadas, ofendidas, violentadas, abusadas. Necesitamos acercarnos a Él y abrirnos a su gracia sanadora con mucha fe, suplicándole que atienda las situaciones que provocan el sufrimiento, esperando confiadamente su respuesta, estando atentos a su palabra, expresándole nuestra fe. Recibirlo sacramentalmente nos compromete también a ser solidarios con quienes sufren, velando por sus derechos y practicando la justicia, especialmente con las mujeres de nuestras propias familias y las de nuestra comunidad.

16 de agosto de 2020

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