Homilía para el 1er domingo de Cuaresma 2021

Los textos de la Palabra de Dios que hemos escuchado nos ayudan a tomar conciencia de la necesidad de cambiar de vida para recuperar la armonía, rota entre personas, con la Casa común y con Dios. Esto nos prepara para recibir a Jesús en la Comunión sacramental.

Volver a la armonía

Textos: Gn 9,8-15; 1Pe 3,18-22; Mc 1,12-15

Los textos de la Palabra de Dios que hemos escuchado nos ayudan a tomar conciencia de la necesidad de cambiar de vida para recuperar la armonía, rota entre personas, con la Casa común y con Dios. Esto nos prepara para recibir a Jesús en la Comunión sacramental.

Dios creó el mundo de una manera ordenada y lo confió al ser humano. El desorden le ha venido siempre como consecuencia de los excesos de los humanos, que, dejándose llevar por la tentación del poder, egoístamente buscan sus propios beneficios. Eso pasó cuando cayó el diluvio. Los cuarenta días y cuarenta noches de lluvia fueron consecuencia de la maldad de los humanos y de que sus pensamientos y acciones tendían siempre al mal, como dice el Génesis. El virus que provoca el Covid-19 ya existía en plantas y animales y habitaba en ellos de manera armónica sin hacerles daño; llegó a meterse hasta lo más hondo de los pulmones como consecuencia de la ambición de muchos humanos, que, con tal de tener mayores ganancias económicas, están envenenando y destruyendo sin compasión la Casa común. Se rompió la armonía por la maldad humana y estamos experimentando los efectos: muchas personas enfermas y fallecidas, el aislamiento, la angustia.

Dios llama a los humanos a la armonía. Después del diluvio volvió a encomendar la tierra al cuidado de los humanos, y estableció una alianza con Noé y su familia y con todos los seres vivientes, como escuchamos. Esa es nuestra tarea y la tenemos que asumir.

Conducido por el Espíritu que había descendido sobre Él al salir del bautismo, Jesús se estaba preparando en el desierto para iniciar su misión de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Allí, donde vivía sin problema entre animales salvajes en el desierto, fue tentado. Aunque san Marcos no nos describe las tentaciones, sabemos por otros evangelistas que el Diablo le propuso aprovecharse egoístamente de su condición de Hijo de Dios para su propio beneficio, para experimentar el placer, tener poder y ganar fama. Le proponía romper la armonía establecida por Dios con la humanidad y la naturaleza. Pero no cayó.

Lo que hizo, más bien, fue irse a Galilea a realizar su misión. Comenzó a hablar de la llegada del Reino de Dios, que es de vida, hermandad, armonía y paz, e invitando a la gente a convertirse y a creer en el Evangelio. Acabamos de renovar nuestro compromiso de volver a la comunión entre personas, con la Casa común y con Dios el pasado miércoles, al imponernos la ceniza, expresando que nos convertimos y creemos en el Evangelio.

Este domingo, el Señor nos vuelve a hacer la invitación a cambiar de vida. La Cuaresma que estamos iniciando es un tiempo propicio para fortalecer nuestra relación de hijos e hijas con Dios y prepararnos para la celebración de la Pascua de Jesús. Estos cuarenta días se nos ofrecen como oportunidad de hacer nuestro desierto en medio de la realidad de pandemia y continuar como Jesús, y unidos a Él por la Comunión, en el anuncio del Reino.

San Pedro nos invita en su Carta a vivir con una buena conciencia ante Dios. Aprovechemos esta llamada para renovar el compromiso que tenemos de colaborar a que se restaure la armonía entre personas, en la familia y en la sociedad, con la naturaleza y con Dios.

21 de febrero de 2021

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