Homilía para el 19º domingo ordinario 2019

Despiertos en el trabajo por el Reino
Este domingo hay una invitación de Jesús a estar despiertos y preparados para su segunda venida. Los primeros cristianos tenían muy viva la conciencia de que ya pronto regresaría y querían que los encontrara realizando lo que les encargó: la vida del Reino. Con nosotros, al paso de los años y los siglos, se ha perdido este ambiente de preparación para recibirlo cuando llegue. Como Iglesia hemos prácticamente abandonado la misión, y nosotros lo podemos constatar aquí en nuestra comunidad parroquial. Para prepararnos a recibir a Jesús, que llegará como alimento y bebida en el pan y en el vino, vamos a revisar cómo anda nuestra vida en el anuncio y realización del Reino.

Despiertos en el trabajo por el Reino

Textos: Sb 18, 6-9; Hb 11, 1-2. 8-19; Lc 12, 32-48

Este domingo hay una invitación de Jesús a estar despiertos y preparados para su segunda venida. Los primeros cristianos tenían muy viva la conciencia de que ya pronto regresaría y querían que los encontrara realizando lo que les encargó: la vida del Reino. Con nosotros, al paso de los años y los siglos, se ha perdido este ambiente de preparación para recibirlo cuando llegue. Como Iglesia hemos prácticamente abandonado la misión, y nosotros lo podemos constatar aquí en nuestra comunidad parroquial. Para prepararnos a recibir a Jesús, que llegará como alimento y bebida en el pan y en el vino, vamos a revisar cómo anda nuestra vida en el anuncio y realización del Reino.

Para comenzar, Jesús llamó a sus discípulos su rebañito. Eso somos nosotros, ovejas que le pertenecemos a Jesús, y se lo agradecemos a Dios. Se refiere a un rebaño pequeño, lo cual quiere decir que su comunidad no es de multitudes sino de pocos, pero que dan testimonio. Esto tenemos que manifestarlo con nuestra vida en la construcción del Reino, pues Dios nos lo ha dado. Ese Reino llegó con Jesús; Él lo anunció y lo hizo presente con toda su vida. Y nos lo encomendó.

El trabajo por el Reino es permanente. Por eso Jesús invita a sus discípulos y discípulas a mantenernos despiertos, preparados, con la túnica puesta y las lámparas encendidas, cumpliendo con nuestro encargo, como los sirvientes que están esperando el regreso de su amo para abrirle en cuanto llegue, o como el papá que no permite que llegue el ladrón y se meta a su casa.

El Reino es un modo de vivir, que consiste en el amor, la justicia, la solidaridad, el perdón, el servicio, la armonía con la Creación. Es un don de Dios que nos llegó con Jesús. Jesús lo describe como un tesoro que ni se destruye, ni lo roba el ladrón, ni se lo come la polilla. Nos pide que trabajemos por alcanzarlo. Por eso, además de ser don, es una tarea a realizar. Aquí es donde tenemos que estar despiertos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas, cumpliendo el encargo.

Antes de irse al Padre, Jesús nos encomendó ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio, curar enfermos, hacernos prójimos de los tirados por la sociedad, ser hermanos, amarnos unos a otros, perdonar las ofensas, atender a los pobres, compartir los panes, anunciar el Reino. Eso lo hacían los primeros cristianos, sabiendo que en cualquier momento regresaría el Señor. ¿Y nosotros?

¿Qué estamos haciendo para anunciar el Evangelio en la comunidad y como comunidad? ¿Qué estamos haciendo para atender como comunidad a los pobres, a los enfermos, a los migrantes, a las mamás solas, a la naturaleza? ¿Qué estamos haciendo a favor de la justicia, los derechos humanos, el cuidado de la Casa común? ¿Qué estamos haciendo para que nadie pase necesidad en nuestra comunidad? ¿No será que, en lugar de trabajar al servicio del Reino, más bien estamos como el administrador que maltrata a los demás, se dedica a comer, a beber y a emborracharse?

Jesús espera encontrarnos trabajando en la construcción del Reino cuando Él regrese. Espera que seamos como el administrador que se porta con fidelidad y prudencia y su amo lo encuentra cumpliendo con su deber. Recordemos que el lema que tenemos como Diócesis y que sintetiza lo que se espera de nosotros es: “Somos Iglesia en camino, al servicio del Reino”.

Al igual que el administrador fiel, dispongámonos a recibir sacramentalmente a Jesús en la Comunión. No vaya a suceder que llegue el momento de comulgar y no estemos preparados para recibirlo. Su Cuerpo y Sangre nos fortalecen para mantenernos despiertos en el trabajo por el Reino.

11 de agosto de 2019

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