Homilía para el 16º domingo ordinario 2012

Pastor

Textos: Jer 23, 1-6; Ef 2, 13-18; Mc 6, 30-34.

Jesús aparece como pastor. Él cumple la promesa que Dios hizo a través del profeta Jeremías, cuando vio que los pastores dispersaban a su pueblo y lo dejaban morir. El pastor prometido por Dios cuidaría a las ovejas, reuniría a las dispersas y llevaría a todas a pastar; cuidaría de todas de modo que ninguna se asustara ni se perdiera. En el texto del Evangelio que se proclamó –como escucharemos también el domingo próximo–, Jesús actúa como verdadero pastor.

Pastor

Textos: Jer 23, 1-6; Ef 2, 13-18; Mc 6, 30-34.

Escucha la homilía → Ordinario16 B.

Jesús aparece como pastor. Él cumple la promesa que Dios hizo a través del profeta Jeremías, cuando vio que los pastores dispersaban a su pueblo y lo dejaban morir. El pastor prometido por Dios cuidaría a las ovejas, reuniría a las dispersas y llevaría a todas a pastar; cuidaría de todas de modo que ninguna se asustara ni se perdiera. En el texto del Evangelio que se proclamó –como escucharemos también el domingo próximo–, Jesús actúa como verdadero pastor.

Jesús había enviado a sus discípulos a la misión. Lo escuchamos el domingo pasado. Como pastor les dio las indicaciones, les previno en relación a lo que les podía pasar, les dijo qué sí y qué no tenían que llevar. Ahora, después de realizar la misión, les dedica tiempo y escucha sus experiencias, los anima, los invita a cargar pilas. Quiere que juntos, en la soledad, el silencio y la tranquilidad, se encuentren con Dios y renueven las fuerzas para seguir en la misión.

Con esto, Jesús nos da una luz en relación a nuestro estilo de vida, marcado por el activismo. El trabajo marca el ritmo de la vida de nuestra sociedad, al grado que lo demás queda para después. Es primero el trabajo, ya después la familia, en tercer lugar Dios, luego la comunidad y, por último, la sociedad; la creación ya queda en el olvido. Para seguir en la vida es necesario el encuentro con la familia, con Dios, con la comunidad, con la sociedad y con la naturaleza.

Ahora que estamos en el periodo de vacaciones en las escuelas, se nos presenta una oportunidad grande para dedicar tiempo a dialogar y convivir como familia, entre esposos, entre papás e hijos. Casi no lo hacemos, pero siempre hay que buscar tiempo para encontrarnos con Dios en la oración, la lectura y reflexión de su Palabra escrita, las celebraciones. Los encuentros de comunidad, en barrios, colonias y ranchos, son fundamentales para vivir nuestro ser Iglesia.

Cuando Jesús y sus discípulos se fueron al lugar que habían escogido para estar tranquilos, mucha gente los siguió. Al ver la multitud, Jesús se mostró nuevamente como pastor. Se le removieron las entrañas al captar que las gentes andaban como ovejas abandonadas por su pastor. Entonces los atendió, hablándoles de lo que tenían necesidad. Lo que más necesitaban era atención, no sentirse desamparados, en el olvido. Y eso les ofreció Jesús. Les dedicó su tiempo.

Esta es otra enseñanza para nosotros, ya sea que nos veamos de manera personal o como comunidad, como Iglesia. En la vida de la ciudad, en los pueblos, encontramos muchas personas sufriendo, en la droga, sin trabajo, sufriendo la violencia, enfermas –y a veces en situación terminal–, con problemas en su matrimonio, anhelando una palabra de aliento. Generalmente no reaccionamos como Jesús. Andamos en lo nuestro y poco se nos remueven las entrañas.

Yo creo que como Iglesia tenemos una deuda muy grande con los pobres. Casi no les ofrecemos la Palabra de Dios ni palabras de consuelo y esperanza. Hay personas, parejas y familias con problemas y no las escuchamos. La gran mayoría de los enfermos están olvidados por la comunidad. Los adolescentes y jóvenes no encuentran espacios de acogida y participación. Siendo comunidad de discípulos y discípulas de Jesús, poco vivimos el pastoreo como Iglesia.

En este domingo nos encontramos con Jesús. Él nos ha convocado a este espacio tranquilo para encontrarnos con Él, para escuchar la Palabra de Dios y elevar juntos nuestra oración, para renovar nuestra conciencia de ser comunidad. Como pastor quiere que repongamos fuerzas para ir a la misión. Nos ha hablado en el Evangelio como hizo con aquella multitud, enseguida nos alimentará con su Cuerpo y Sangre. Dispongámonos para vivir este encuentro sacramental.

22 de julio de 2012

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