El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 15º domingo ordinario 2018

Conciencia de ser enviados

Textos: Am 7, 12-15; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13

Ordinario15 B 18

Jesús llamó a los Doce para enviarlos a la misión. Es lo que nos ofrece hoy el texto del evangelio. Con la Eucaristía de este domingo agradecemos a Dios el llamado que nos hizo en el Bautismo a ser sus hijos, a ser discípulos de Jesús, a ser templos de su Espíritu. Y no solamente agradecemos, sino que renovamos nuestro compromiso de vivir como misioneros, porque además de ser llamados también fuimos enviados a la misión como los Doce. Es importante que no perdamos la conciencia de haber sido enviados a la misión para que la vivamos a plenitud y la realicemos con fidelidad.

Amós tenía clara conciencia de que Dios lo llamó y lo envió como profeta a su pueblo. Esto se lo expresó a Amasías cuando lo corrió de Betel y lo mandó a ganarse el pan profetizando en otros lados. A pesar de esto, Amós no se desanimó, sino que reafirmó su misión profética. Confesó que si andaba en esto era porque Dios lo había llamado y enviado. Él fue llamado desde su trabajo de campesino. Era pastor y cultivador de higos. De allí lo sacó Dios y lo envió a profetizar.

Es importante no perder la conciencia de haber sido llamados y enviados. Esto es para nosotros hoy. Los Doce fueron llamados por Jesús, los fue formando poco a poco con su testimonio y con sus palabras. Les compartió, además, el poder para realizar lo mismo que Él iba haciendo para anunciar y hacer presente el Reino de Dios. La misión de los discípulos es exactamente la misma de Jesús. La misión de los Doce es la de quienes fuimos bautizados, nos alimentamos de la Comunión y recibimos la Confirmación. No tenemos que olvidarnos de que fuimos llamados, enviados y consagrados, y de que nos alimentamos para anunciar y hacer presente el Reino de Dios.

Cuando se tiene conciencia de algo, no se olvida, no se deja, se le busca, se convierte en el móvil de la vida. Así deberíamos ser nosotros en relación a la misión. Pero en general no es así. La gran mayoría de los bautizados nos desentendemos de dar testimonio de Jesús, de anunciar y hacer presente el Reino de Dios, de vivir en comunidad, de llevar el Evangelio a todos los rincones de la comunidad y de la sociedad. ¿Cuántas son las personas en la comunidad que, con la conciencia de estar bautizadas y confirmadas, se esfuerzan por trabajar al servicio del Evangelio? Muy pocas. Todavía cargamos la herencia de recibir los sacramentos “para tenerlos” y “salir del compromiso” y al recibir la Confirmación se va la gente; como que con esto ya se hubiera terminado todo. Y no; la misión apenas inicia, pues la Confirmación completa la iniciación cristiana.

Cuando se pierde la conciencia de la misión, ni hace fuerza no realizarla, y es triste que así viva la mayor parte de los miembros de la Iglesia. Amós tenía conciencia de su misión como profeta y la realizó, a pesar de las dificultades; Pablo tenía conciencia de su misión como apóstol y la cumplió hasta dar la vida por Jesús. Los Doce salieron a la misión, como nos narra san Marcos. Fueron a predicar la conversión, expulsar demonios, curar enfermos. Hicieron lo que Jesús les había mandado. Eso mismo nos dejó antes de subir al Padre el día de su Ascensión.

Tomemos pues conciencia de la misión que tenemos. Revisemos nuestra vida. Estamos bautizados y fuimos ungidos profetas, sacerdotes y reyes, hicimos la Primera Comunión y nos reunimos domingo a domingo para la celebración de la Eucaristía, al ser confirmados se hizo plena en nosotros la acción del Espíritu Santo. Recibimos estos sacramentos para ser misioneros. No dejemos en unos pocos la misión. Asumámosla con responsabilidad y con la conciencia de que, si no la realizamos, estamos faltando a la obligación principal de la Iglesia: evangelizar.

15 de julio de 2018

Esta entrada fue publicada el 14 de julio de 2018 a las 8:14 pm en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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