El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 15° domingo ordinario 2017

Tierra que dé frutos

Textos: Is 55, 10-11; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-23.

Ordinario15 A 17

Estamos reunidos como Iglesia para celebrar la Eucaristía dominical y, con ella, agradecer a Dios la Resurrección de Jesús, su Hijo. Los textos que acabamos de escuchar nos llegan del cielo, como la lluvia, para que dejemos que la Palabra de Dios germine, crezca y dé frutos en nosotros, de manera personal, en las familias, como barrios, como parroquia, como Diócesis y con la Creación. Con la reflexión nos prepararemos a recibir a Jesús, el Pan para comer, como dice Isaías.

Coincide lo que dicen lo textos bíblicos con lo que estamos viviendo en estos días. Hablan de lluvia, de tierra empapada, fecundada, que germina, da semilla y frutos. La lluvia que baja y la semilla que se siembra son la Palabra de Dios, la tierra somos su pueblo, antiguamente Israel, hoy la Iglesia. Dios nos da su Palabra y espera que fructifique en nosotros, en cada familia, en cada barrio y en la parroquia. De que dé frutos o no, depende de nosotros, si la recibimos o no, si la aceptamos o no, si la dejamos que penetre en nuestros corazones y en la vida comunitaria o no.

Jesús es la Palabra que sale de la boca de Dios. Es la semilla que hay que estar sembrando y el Pan que se nos ofrece para comer. Con Jesús nos tenemos que estar encontrando continuamente, de Él nos tenemos que estar alimentando, para poderlo anunciar a los demás. Hoy lo recibiremos hecho Pan en el momento de la Comunión.

Teniendo en cuenta lo que nos dice Jesús en la parábola del sembrador, hay que preguntarnos qué tipo de tierra somos. Ciertamente el Evangelio se nos anuncia continuamente, lo escuchamos por lo menos los domingos en la Misa; muchos también a lo largo de la semana en los encuentros comunitarios, algunos –pocos– como familia. Escuchamos la Palabra, pero ¿qué tanto está produciendo frutos? Depende del tipo de tierra que seamos.

Jesús dice que hay cuatro clases de tierra en las que cae la semilla: una, la del camino, en la que cae la Palabra y se va, como cuando los pájaros o los techalotes se comen las semillas; o, como decimos, que nos entra por un oído y nos sale por otro. No produce frutos. Otra, la que está entre las piedras; sí nace la plantita, pero con el sol se seca porque es poca tierra; como cuando en los temas cuaresmales o en las reuniones de preparación al Bautismo, a la Comunión o a la Confirmación nos emocionamos y decimos que vamos a seguir reuniéndonos como barrio y luego se acaba el entusiasmo. Tampoco da frutos. Otra, la que tiene espinas o chayotillo: sí nace la plantita, pero las espinas la ahogan o el chayotillo la sofoca; es cuando hay otros intereses, sobre todo el dinero, como explica Jesús; la ambición del dinero, el afán del poder, el deseo de confort… ahogan a la Palabra. No logra dar frutos. Otra, la que está buena: ahí cae la semilla, la plantita nace, crece, echa la espiga, produce semillas. Esa tierra sí da frutos, sean pocos o muchos; es lo que sucede cuando la Palabra es recibida, acogida, asimilada, llevada a la práctica; viene la hermandad, la justicia, la solidaridad, el perdón, la armonía, la paz. ¿Qué clase de tierra somos?

Pidamos a Dios que estemos siempre abiertos a su Palabra, que sepamos buscarla, recibirla, meterla en nuestro corazón y en el corazón de cada barrio, que la transformemos en hechos de hermandad, en vida comunitaria. Que no nos quedemos con el corazón duro, los ojos cerrados y los oídos tapados, como dijo Jesús al explicar por qué decía las cosas en parábolas. Seamos tierra que dé frutos. Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión. Él es el Pan para comer que Dios nos da este domingo. Vayamos a seguir sembrando el Evangelio en nuestros barrios.

16 de julio de 2017

Esta entrada fue publicada el 16 de julio de 2017 a las 7:33 am en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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