Homilía para el 12º domingo ordinario 2014

Ir a la misión sin temores

Ord12 A 14

Nos hemos reunido este domingo como discípulos de Jesús para encontrarnos con Él. Nos acaba de hablar en el Evangelio y nos recuerda que hemos sido enviados a la misión; luego nos acercaremos a comulgar su Cuerpo y Sangre, que nos fortalecen para el cumplimiento de la misión. Escuchamos algunas indicaciones de Jesús a los Doce, al enviarlos a su primera experiencia de salida a comunicar la Buena Nueva y, como experiencia nueva, era lógico que tuvieran temores.

Ir a la misión sin temores

Textos: Jr 20, 10-13; Rm 5, 12-15; Mt 10, 26-33.

Ord12 A 14

Nos hemos reunido este domingo como discípulos de Jesús para encontrarnos con Él. Nos acaba de hablar en el Evangelio y nos recuerda que hemos sido enviados a la misión; luego nos acercaremos a comulgar su Cuerpo y Sangre, que nos fortalecen para el cumplimiento de la misión. Escuchamos algunas indicaciones de Jesús a los Doce, al enviarlos a su primera experiencia de salida a comunicar la Buena Nueva y, como experiencia nueva, era lógico que tuvieran temores.

Jesús envía a la misión pero no deja solos a sus enviados. Cuando mandó a sus apóstoles, les pidió que fueran confiados a su Padre, que está al pendiente de los misioneros con mayor cuidado que de los pájaros. Cuando les pidió que fueran por todo el mundo a ser sus testigos, antes de ascender al Cielo, les prometió que el Espíritu Santo vendría sobre ellos y los asistiría en la predicación del Evangelio. Los enviados a la misión deben ir confiados a esa ayuda.

Eso no quiere decir que la misión sea fácil. Al contrario, tiene muchas complicaciones. Jeremías estaba sufriendo las consecuencias de la predicación profética, como escuchamos. Sabía que lo querían denunciar, que se querían vengar de él porque lo que predicaba era molesto para quienes no vivían la hermandad ni practicaban la justicia; era consciente de que tenía perseguidores. Pero seguía adelante, encomendado a Dios y confiado en que el Señor estaba a su lado.

Jesús también era consciente de las dificultades que venían por andar en la misión. Hablaban mal de Él, lo trataban de endemoniado y de loco, lo buscaban para matarlo. Y, sin embargo, Él seguía realizando su misión con la confianza totalmente puesta en su Padre. Por eso quería que sus discípulos tuvieran claro que no todo iba a ser color de rosa en la predicación del Reino, sino que se iban a encontrar con habladas, persecuciones, cárceles, torturas, condena a muerte.

Y lo que hizo Jesús fue infundirles confianza. Les dijo que no temieran a las personas por lo que les pudieran hacer verbal o físicamente, puesto que Dios estaba al pendiente para cuidar de ellos; lo que sí les pidió fue que estuvieran atentos a quienes les podían podrir el corazón y alejarlos de la misión, de la vida de discípulos y de las tareas del Reino. Por encima de eso, su tarea consistía en pregonar el Evangelio en todos los espacios y dar testimonio de Él con su vida.

Las palabras de Jesús valen para nosotros. La gran mayoría de los bautizados, aun sabiendo que la misión es responsabilidad de todos, no la realiza. Hay muchos temores y resistencias, se ponen pretextos. Esto aparece bien claro cuando en la comunidad hay reuniones para reflexionar la Palabra de Dios, o para preparar algún sacramento o para atender a los enfermos. Muchos no acuden porque saben que se van a comprometer en algo. Hay miedo al compromiso.

Ante esto, Jesús nos dice nuevamente que no tengamos miedo a las dificultades. Nos pide que confiemos en la asistencia de Dios. Si a Él no lo dejó solo, tampoco a nosotros. Es importante que tomemos conciencia de que en el Bautismo fuimos enviados a la misión, de que en la Confirmación renovamos ese compromiso y de que en la Eucaristía nos alimentamos para ir fortalecidos a misionar. Dios cuida, asiste, sostiene a los misioneros, mucho más que a los pájaros.

Si no lo hemos hecho, no tengamos miedo de asumir nuestro compromiso misionero; si ya damos un servicio en la comunidad y hemos tenido dificultades por eso, sabemos que es parte de la misión y que no estamos solos, pues Jesús nos asiste con su Espíritu. Además, al darnos su Cuerpo y su Sangre, sigue caminando con nosotros en el anuncio del Evangelio. Dispongámonos pues a recibir el alimento que fortalece para ir a sin temores la misión.

22 de junio de 2014

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