Homilía para el 12 de diciembre de 2102

Estrella de la evangelización

Textos: Is 7, 10-14 o Eclo 24, 23-3; Gal 4, 4-7; Lc 1, 39-48.

A la Virgen María de Guadalupe se le reconoce como estrella de la evangelización. Este título lo adquirió no porque haya buscado el estrellato como los artistas, sino porque brilla en el cumplimiento de la misión de la Iglesia, que es evangelizar. Ella llevó a su Hijo a los demás; fue y sigue siendo misionera. Nos pone el ejemplo para que vivamos como verdaderos discípulos misioneros de Jesús. Con la Eucaristía le agradecemos hoy a Dios su presencia y testimonio.

Estrella de la evangelización

Textos: Is 7, 10-14 o  Eclo 24, 23-3; Gal 4, 4-7; Lc 1, 39-48.

A la Virgen María de Guadalupe se le reconoce como estrella de la evangelización. Este título lo adquirió no porque haya buscado el estrellato como los artistas, sino porque brilla en el cumplimiento de la misión de la Iglesia, que es evangelizar. Ella llevó a su Hijo a los demás; fue y sigue siendo misionera. Nos pone el ejemplo para que vivamos como verdaderos discípulos misioneros de Jesús. Con la Eucaristía le agradecemos hoy a Dios su presencia y testimonio.

Antes de iniciar su servicio de evangelizadora, María se encontró con Dios y se llenó de Él. Esto es fundamental para ir a la misión. Escuchó al Ángel y se confesó esclava de Dios, quedó llena del Espíritu Santo y recibió en su vientre al Hijo de Dios. Así, embarazada, salió a la misión. Fue a visitar a Isabel, como escuchamos en el Evangelio, llevando en su vientre a Jesús. Vino a México en 1531 y llegó embarazada; así se quedó impresa en la tilma de san Juan Diego.

En los dos lugares la Virgen portaba en su vientre y en su corazón al Hijo de Dios. Con su sola presencia alegró a Isabel y al niño que ella llevaba en su vientre; llenó de alegría a Juan Diego cuando se le apareció en el Tepeyac. Nadie puede ser misionero si no lleva en su vida a Jesús; y para llevarlo en la mente y en el corazón es necesario primero encontrarse con Él y estar en proceso de conversión. Nuestra sola presencia tiene que alegrar a los demás.

La Virgen glorificó a Dios porque la eligió para realizar su proyecto de salvación; se presentó ante Juan Diego como la Madre del Dios por quien se vive. No habló de sí misma sino de Dios y de su Hijo. María brilla en nuestro camino al mostrarnos con sus palabras que tenemos que hablar de Dios, que tenemos que anunciar a Jesús. Evangelizar consiste en presentar a Jesús a los demás: su persona, su misión, su muerte y resurrección, para propiciar el encuentro con Él.

El mejor modo de evangelizar son las obras. María no sólo presentó a Jesús con sus palabras; con sus hechos dio testimonio de que lo llevaba en su corazón. Se fue a servir a Isabel, que era anciana y estaba embarazada por primera vez; vino a nuestro País para escuchar los lamentos de los indígenas y remediar sus miserias, penas y dolores; se quedó para mostrar su amor, compasión, auxilio y defensa. Quien sirve al que está en necesidad, evangeliza.

La evangelización no se queda en el testimonio personal. La persona que anuncia con fidelidad el Evangelio, hace que los demás se conviertan en evangelizadores, los anima a que den un servicio o asuman un ministerio. María provocó que Isabel confesara como su Señor al Hijo que gestaba en su seno; la Virgen animó a Juan Diego, una y otra vez, a que llevara su mensaje al Obispo, a pesar de que él se resistía confesándose como alguien pequeño y que valía poco.

El Concilio Vaticano II nos recordó que la tarea que tenemos como Iglesia es evangelizar. Nos dijo que todos los bautizados tenemos que salir al mundo a la misión. El mismo Concilio nos puso como ejemplo de evangelización a María, al decir que: “la Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres” (L.G. 65).

Con la Eucaristía de hoy queremos honrar a la Virgen María de Guadalupe por ser estrella de la evangelización: por haber recibido y anunciado al Hijo de Dios, por hacer que quienes la escucharon hablar de Jesús se interesaran por encontrarse con Él, por animar a los demás a convertirse en evangelizadores y por darnos ejemplo de misionera con sus hechos, al mostrar su amor a los que sufren y están en necesidad. Que seamos como ella buenos evangelizadores.

12 de diciembre de 2102

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *