El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Homilía para el 11º domingo ordinario 2018

Sembrar y acoger la semilla del Reino

Textos: Ez 17, 22-24; 2 Cor 5, 6-10; Mc 4, 26-34

Ordinario11 B 18

Jesús anunciaba y hacía presente el Reino de Dios con sus palabras y sus hechos. En el texto del evangelio nos presenta la dinámica del Reino con dos parábolas: una, la de la semilla que es sembrada en la tierra; la otra, la de la semilla de mostaza. El Reino no es un lugar sino un estilo de vida, que consiste en el amor, la justicia, la solidaridad, el perdón, la armonía, la paz. Cuando se vive así, una persona, una familia o una comunidad, está ya en el Reino. Hoy nos encontraremos sacramentalmente con este Jesús, para unirnos a Él en la construcción del Reino de Dios.

Todo comienza de una manera pequeña, como una semilla que se siembra en la tierra. El Reino no es aparatoso, no inicia con cosas o acciones grandes sino pequeñas, sencillas, sin “chiste”, como la semilla del trigo. La semilla lleva la vida por dentro y cuando recibe la humedad de la tierra y la fuerza del sol, revienta, germina y comienza a crecer. Así es la vida del Reino. Se necesita sembrar la Palabra de Dios en el corazón de las personas, en la vida de la comunidad, en la dinámica de la sociedad. La Palabra lleva toda la vida por dentro y solo necesita ser acogida por las personas, las familias, las comunidades, la sociedad, para que el Reino nazca y comience a crecer, como la semilla del trigo.

Con la parábola de la semilla de mostaza Jesús describe el Reino como algo todavía más pequeñito. Para que nos demos idea, en una cascarita de alpiste fácilmente caben unas diez o quince semillas de mostaza. Así es el Reino, algo demasiado pequeño en sus inicios, cuando es sembrado. Es casi imperceptible pero va a crecer. Jesús dice que una vez que es sembrada esa semilla, crece hasta convertirse en un arbusto grande y echa ramas grandes en las que los pajaritos hacen sus nidos. Cuando la Palabra comienza a crecer en la vida de la comunidad, se abren muchos espacios para que los pobres, los enfermos, los migrantes, los ancianos solos, los que no tienen para la comida del día, sean acogidos y atendidos en sus necesidades.

Es, pues, importante la siembra de la Palabra de Dios en la vida de la comunidad. Esa es parte de la misión que tenemos, pero es también responsabilidad dejar que sea sembrada en la comunidad, recibirla, acogerla, ofrecerle la humedad y el calor del corazón para que germine y comience a crecer. Cuando se recibe y acoge, comienzan a manifestarse los signos de amor, de tolerancia, de perdón, de consuelo, de justicia, de solidaridad, de cuidado de la Creación, tanto en las familias como en los barrios y en la dinámica de la sociedad. Al principio son pequeños, pero si los seguimos cultivando –porque la Palabra de Dios lleva por dentro la vida de Dios– van a crecer y los pobres encontrarán en la comunidad el espacio para la vida.

Pidamos a Dios que seamos capaces de acrecentar las experiencias de siembra de la Palabra de Dios en nuestra comunidad parroquial, que sepamos acoger su Palabra con sencillez y con el compromiso de dejarla que crezca en nuestra vida personal y comunitaria, que sembremos los signos del Reino en medio de nuestra sociedad orientada al mercado, el consumismo, la vida individualista, la búsqueda del placer, la destrucción de la naturaleza.

Encomendamos a los papás en su día, para que junto con su esposa y sus hijos, colaboren a que la Palabra de Dios se siga sembrando, para que la dejen crecer en su vida familiar y la proyecten a la vida comunitaria en su barrio y su trabajo. Dispongámonos a recibir a Jesús en la Comunión, para mantenernos unidos a Él en la siembra y la aceptación de la semilla del Reino.

17 de junio de 2018

Esta entrada fue publicada el 17 de junio de 2018 a las 12:13 pm en la categoría El Puente, Página Diocesana. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0

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