Homilía del Domingo Mundial de las Misiones 2011

“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”

Textos: Zac 8, 20-23; Rm 10, 9-18; Mc 16, 15-20.

“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Mc 16, 15). Este mandato de Jesús a los Once resume el ser y el quehacer de la Iglesia. La Iglesia está entonces para evangelizar. Para eso es y eso tiene que hacer siempre, no más. Con el texto del Evangelio, proclamado en este Domingo Mundial de las Misiones, se nos recuerda una vez más nuestra tarea como miembros de la Iglesia: si recibimos el Bautismo y la Confirmación fue precisamente para evangelizar.

“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”

Textos: Zac 8, 20-23; Rm 10, 9-18; Mc 16, 15-20.

“Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Mc 16, 15). Este mandato de Jesús a los Once resume el ser y el quehacer de la Iglesia. La Iglesia está entonces para evangelizar. Para eso es y eso tiene que hacer siempre, no más. Con el texto del Evangelio, proclamado en este Domingo Mundial de las Misiones, se nos recuerda una vez más nuestra tarea como miembros de la Iglesia: si recibimos el Bautismo y la Confirmación fue precisamente para evangelizar.

Esta tarea de la Iglesia y de cada bautizado y bautizada está asumida en el lema que se diseñó para la jornada de hoy: “La misión implica a todos, todo y siempre”. Es una manera nueva de decir las palabras de Jesús cuando envía a sus discípulos: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura” (Id.). La misión: “predicar el Evangelio a toda creatura”; implica a todos, representados en los Once; implica todo: “ir por todo el mundo”; y siempre.

La misión entonces no es opcional, ni para la Iglesia ni para cada miembro de ella. Es su obligación, es lo que la hace ser Iglesia y lo que nos hace ser cristianos. Si la Iglesia deja de anunciar el Evangelio, deja de ser Iglesia; si una persona bautizada y confirmada no anuncia el Evangelio, deja de ser cristiana. Así de simple. Y es que la Iglesia existe para evangelizar y nosotros recibimos el Bautismo para evangelizar. Ni la Iglesia ni nosotros somos para otra cosa.

El cumplimiento de la misión es lo que nos da nuestra identidad. De aquí la importancia de que se nos recuerde esta tarea. Podemos preguntarnos: ¿estamos evangelizando como comunidad? Si respondemos que sí, entonces estamos siendo Iglesia; si respondemos que no, no estamos siendo Iglesia. De manera personal, ¿estoy anunciando el Evangelio? Si respondo que sí, entonces estoy siendo cristiano; si digo que no, tengo el Bautismo pero no soy cristiano.

La jornada de hoy nos sirve para reasumir nuestra tarea de ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio. Nosotros somos responsables de evangelizar en esta parte de la ciudad, en el barrio o colonia donde vivimos, en nuestros lugares de trabajo, en nuestro hogar. Aquí es donde tenemos que cumplir el mandato de evangelizar a toda creatura. Es algo que en general hemos dejado de hacer, algo de lo que muchas personas no tienen conciencia o no lo han asumido.

Pero para lograr esto se ocupa trabajar mucho en las familias y en las parroquias. En el 4º Plan Diocesano de Pastoral encontramos señalado el camino: garantizar el encuentro con Jesucristo, provocar la conversión, vivir como discípulos, hacer vida comunitaria y salir a la misión. Lo dice Pablo en la Carta a los Romanos: saberse enviados, anunciar el Evangelio, lograr que otros escuchen el mensaje, propiciar que se crea en Jesús, culminar con la invocación al Señor.

No podemos ni debemos permanecer indiferentes ante el recordatorio de hoy. Lo que se dice de los discípulos enviados por Jesús es lo mismo que se tiene que decir de nosotros: Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes (v. 20); también nosotros tenemos que ir y proclamar el Evangelio por todas partes. Contamos con la garantía de la acción de Jesús en la comunidad cuando ésta cumple la misión. Él confirmará la predicación con signos de servicio.

Enseguida nos encontraremos sacramentalmente con Jesucristo. Lo llevaremos con nosotros. Pero no es para tenerlo ahí guardado en nuestro interior, sino para ir por todo el mundo y llevarlo a los demás, para hablar de Él –Jesús es el Evangelio–, para servir como Él, para ser Iglesia, para ser bautizados. Y esto lo tenemos que hacer no una vez ni de vez en cuando sino siempre. La misión nos implica a todos y todas, la misión exige dar todo. Vayamos a cumplirla.

23 de octubre de 2011

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