Homilía del domingo de Pentecostés 2012

Pentecostés

Textos: Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23.

Hoy celebramos Pentecostés. Para nosotros, Pentecostés es el inicio de la Iglesia. Para los judíos era la fiesta de las cosechas. Por eso había tanta gente en Jerusalén el día en que vino el Espíritu Santo sobre los discípulos y discípulas de Jesús. Al recibir el Espíritu Santo, Pedro y los demás comenzaron a dar testimonio de Jesús y lo hicieron de tal manera que quienes los escuchaban entendían lo que ellos y ellas decían: las maravillas de Dios realizadas en la persona de Jesús.

Pentecostés

Textos: Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23.

Hoy celebramos Pentecostés. Para nosotros, Pentecostés es el inicio de la Iglesia. Para los judíos era la fiesta de las cosechas. Por eso había tanta gente en Jerusalén el día en que vino el Espíritu Santo sobre los discípulos y discípulas de Jesús. Al recibir el Espíritu Santo, Pedro y los demás comenzaron a dar testimonio de Jesús y lo hicieron de tal manera que quienes los escuchaban entendían lo que ellos y ellas decían: las maravillas de Dios realizadas en la persona de Jesús.

Allí nació la Iglesia. La Iglesia está para evangelizar y no para otra cosa. Hoy agradecemos a Dios el don de su Espíritu, que es quien guía a la comunidad de discípulos y discípulas de Jesús en la misión. Llega con fuerza, como la del viento de los huracanes; arde como el fuego en el corazón de quienes lo reciben; da vida a la comunidad como el agua que comienzan a recibir ya nuestros campos. Nosotros somos sólo ayudantes suyos en la misión que Jesús nos dejó.

Teniendo en cuenta que estamos por celebrar cuarenta años de vida como Iglesia diocesana, los textos que se proclamaron nos vuelven a la misión que recibimos. Son cuarenta años de esfuerzo por anunciar el Evangelio, cuatro décadas tratando de promover la ministerialidad en las comunidades, cuatro decenios de búsqueda por formarnos para la misión, tanto presbíteros como consagrados y laicos, cuarenta años tratando de caminar en una pastoral de conjunto.

La cercanía del festejo de los cuarenta y la celebración de Pentecostés se unen en la Eucaristía de este domingo. Ambos acontecimientos nos impulsan a seguir en la misión como Diócesis. Así como los primeros cristianos anunciaron a Jesús y los entendían, así nosotros tenemos que dar testimonio de Él de manera que también nos entiendan. Urge más que nunca fortalecer la conciencia de que somos misioneros y animarnos todos y todas a colaborar en la misión.

Para realizarla tenemos la asistencia del Espíritu Santo. Lo recibimos en el Bautismo y en la Confirmación se confirmó su presencia y acción en nosotros. Si vino sobre cada uno de nosotros fue para ser misioneros. Gran parte de los miembros de la Iglesia no se animan, y menos se deciden, a ser misioneros. Él quita la indiferencia a la evangelización, saca de la comodidad de no hacer nada para evangelizar, quita el miedo de asumir un servicio evangelizador.

Si el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia en Pentecostés fue para animar y conducir la misión. Él es quien hacer nacer en las comunidades dones, servicios y ministerios, como lo expresa el texto de la Carta a los Corintios. En nuestra Diócesis se ha estado trabajando desde los primeros años porque nazcan varios ministerios y de entre los laicos haya muchos servidores, respetando siempre la acción del Espíritu Santo. Los ministerios en la Iglesia son para realizar la misión.

Pero falta que la mayoría de los bautizados tome conciencia de su responsabilidad y se anime a colaborar en la misión. Cada bautizado es un miembro del cuerpo y tiene que colaborar a que la Iglesia, que es el cuerpo, funcione bien. Esto lo puede y debe realizar en su propia comunidad, en su lugar de trabajo, en medio de la sociedad. El anuncio del Evangelio nos ayudará a construir las comunidades en los barrios y ranchos; nos servirá para trabajar por la paz.

Dejemos que el Espíritu Santo actúe en nosotros. Que siga sucediendo lo de Pentecostés: que a través de nuestra vida, nuestras palabras y acciones, se continúen proclamando las maravillas de Dios y que todo el mundo las comprenda. Que cada quien asuma su compromiso misionero. Que nuestro encuentro dominical con el Señor nos impulse a evangelizar de modo que la Diócesis siga, a través de los años, anunciando el Evangelio que se le confió en 1972.

27 de mayo de 2012

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