Homilía del 7º domingo ordinario 2012

Parálisis

Textos: Is 43, 18-19. 21-22. 24-25; 2 Cor 1, 18-22; Mc 2, 1-12.

Estamos llenos de parálisis. Personalmente, en la comunidad, como Iglesia y en la sociedad, existen situaciones que nos tienen en condiciones semejantes a las del paralítico que le llevaron a Jesús. Ante esto, Dios tiene una palabra para nosotros y la podemos descubrir en los textos que se han proclamado. Ahí, sobre todo en el Evangelio, podemos encontrar luces que nos iluminen el camino para salir de ellas y, al igual que el paralítico, logremos rehacer nuestra vida.

Parálisis

Textos: Is 43, 18-19. 21-22. 24-25; 2 Cor 1, 18-22; Mc 2, 1-12.

 

Estamos llenos de parálisis. Personalmente, en la comunidad, como Iglesia y en la sociedad, existen situaciones que nos tienen en condiciones semejantes a las del paralítico que le llevaron a Jesús. Ante esto, Dios tiene una palabra para nosotros y la podemos descubrir en los textos que se han proclamado. Ahí, sobre todo en el Evangelio, podemos encontrar luces que nos iluminen el camino para salir de ellas y, al igual que el paralítico, logremos rehacer nuestra vida.

¿Cuáles son esas situaciones? Frecuentemente tenemos desavenencias con otras personas y quedamos distanciados; y cómo nos cuesta pedir perdón o perdonar. En el barrio o colonia no se asumen los compromisos como bautizados, no se vive la misión, no se colabora para vivir en comunidad. Como Iglesia no respondemos desde el Evangelio a los anhelos y las problemáticas de las personas. En la sociedad hay pobreza, injusticias, violencia, luchas por el poder…

Estas y muchas otras situaciones nos tienen paralizados y, por lo mismo, no nos dejan actuar con libertad y haciendo una vida ordinaria. El paralítico del Evangelio no llevaba una vida ordinaria, como las demás personas. Dependía de otros para moverse y subsistir. Era una carga para quienes le rodeaban. Para acabarla, en la mentalidad judía de ese tiempo, toda enfermedad era vista como consecuencia del pecado; estaba catalogado como pecador. ¿Qué vida era esa?

Sin embargo, la comunidad se organizó para llevarlo con Jesús y hacer que se encontrara con Él. Esto nos da una luz para nuestro actuar. Las situaciones de sufrimiento son responsabilidad de la comunidad. No podemos desentendernos ni pasar de largo, sino que las tenemos que asumir como parte de nuestra vida. Es necesario cargarlas, se ocupa buscar los medios para que todas las personas se encuentren con Jesús, que atiende, cura y garantiza una vida nueva.

Jesús andaba anunciando y haciendo presente el Reino de Dios. Lo anunciaba con sus palabras y lo manifestaba con sus hechos; su palabra era –y sigue siendo– buena nueva para los pobres; sus actitudes, gestos y acciones, renovaban a los que se encontraban con Él, sobre todo los que sufrían exclusión, desprecio y abandono, quienes estaban catalogados como pecadores. Un ejemplo lo escuchamos y reflexionamos el domingo pasado, con la curación del leproso.

Lo primero que hizo Jesús fue mostrar el perdón, aunque esto le costó ser criticado como blasfemo, pues los escribas pensaban que estaba usurpando el papel de Dios. Eso es precisamente lo nuevo que llega con Jesús; el perdón en la vida del pueblo de Dios es el retoño del que habla Isaías. Para que alguien sane completamente, lo primero es estar bien con Dios y con los demás. Quien perdona o es perdonado por Dios o por otra persona inicia una vida nueva.

¡Cómo nos hace falta vivir el perdón en nuestro mundo! Sobre esta base del perdón viene la salud física. Con la salud, el que era paralítico comenzó una vida nueva: se valió por sí mismo, no dependió ya de los demás para moverse y sobrevivir, no fue tachado más de pecador, se reintegró a su familia. Esto mismo sucede cuando en la comunidad se asumen las situaciones de sufrimiento y se vive el encuentro con Jesús. En cuántas situaciones nuestras nos falta actuar.

El encuentro dominical con Jesús nos compromete a obrar como Él. Nos tenemos que hacer responsables de las situaciones que tienen paralizada a nuestra comunidad, a la Iglesia y a la sociedad. Es necesario buscar los caminos para lograr que todos y todas se encuentren con Jesús, que sana y da vida nueva. Debemos perdonar, es necesario pedir y dar el perdón, para que nadie se quede paralizado al encontrarse con la persona con quien ha estado en conflicto.

19 de febrero de 2012

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