Homilía del 6º domingo de Pascua 2011

“No los dejaré desamparados”

Textos: Hch 8, 5-8. 14-17; 1Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21.

“No los dejaré desamparados” (Jn 14, 18), les promete Jesús a sus discípulos durante la Última Cena, cuando se está despidiendo de ellos. Hasta entonces Él había sido el Paráclito para sus discípulos y discípulas. Luego el Padre les enviará al otro: “yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes” (v. 16), dice Jesús. Y señala quién será: “el Espíritu de la verdad” (v. 17). Jesús se comprometió, pues, a pedir al Padre el Espíritu Santo.

“No los dejaré desamparados”

Textos: Hch 8, 5-8. 14-17; 1Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21.

“No los dejaré desamparados” (Jn 14, 18), les promete Jesús a sus discípulos durante la Última Cena, cuando se está despidiendo de ellos. Hasta entonces Él había sido el Paráclito para sus discípulos y discípulas. Luego el Padre les enviará al otro: “yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes” (v. 16), dice Jesús. Y señala quién será: “el Espíritu de la verdad” (v. 17). Jesús se comprometió, pues, a pedir al Padre el Espíritu Santo.

La palabra paráclito tiene varios significados, los cuales nos ayudan a comprender la acción del Espíritu Santo en la vida y misión de los discípulos de Jesús. Significa: defensor, consolador, abogado, consejero, el que ayuda, el que asiste, el que indica, el que orienta, el que recuerda. Todo eso estaba haciendo Jesús con sus discípulos y eso mismo realizará el Espíritu Santo. Jesús es el primer Paráclito, el Espíritu Santo es el segundo y estará siempre con los discípulos.

Jesús como consejero dio las indicaciones a sus discípulos: conviértanse, ámense, perdónense, no devuelvan mal por mal, hagan el bien a los que los odian y calumnian, lávense los pies unos a otros, sean los servidores de todos, sean sencillos, oren al Padre, atiendan a los pequeños, reúnanse en mi nombre, denles ustedes de comer, hagan esto en memoria mía, anuncien que el Reino está cerca, sean misericordiosos, y tantos otros más. Los repetía una y otra vez.

Para que los discípulos no quedaran desamparados, una vez que Él muriera y regresara al Padre, promete al otro Paráclito. Lo que Éste va a realizar será lo mismo que Jesús, es decir, estar recordando sus orientaciones: conviértanse, anuncien la Buena Nueva, ámense, sírvanse, perdónense, vivan unidos, atiendan a los pobres, sean misericordiosos, vivan como hermanos. Es como los papás que continuamente están recordando a los hijos lo que deben hacer.

Este es precisamente el papel del Paráclito en la vida de los discípulos de Jesús. Descubrimos su acción en el testimonio de Felipe. En Samaria, asistido por el Espíritu Santo, predicaba […] a Cristo (Hch 8, 5), sirvió expulsando a los demonios y curando a muchos enfermos; hizo que llegara la Palabra de Dios a los samaritanos. La presencia y acción del Espíritu Santo no fue solo para Felipe sino también para los samaritanos, que también lo recibieron para hacer lo mismo.

Hay otro dato interesante en relación a lo que hace el Espíritu Santo, el otro Paráclito, en la vida de los discípulos de Jesús: dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza (1Pe 3, 15), sobre todo en momentos de dificultades o pruebas. Para poder darlas, hay escuchar al Consejero, al Espíritu Santo, que es quien las recuerda. Para esto también es necesario, como dice Pedro, venerar en el corazón a Cristo y estar en paz con la propia conciencia.

Esto implica un esfuerzo permanente de parte nuestra. Para estar con la conciencia en paz hay que vivir en el amor, es decir, realizar lo que Jesús, el primer Paráclito, nos pide: aceptar y cumplir sus mandamientos, escucharlo y atender a sus consejos, actuar como Él nos indica. El otro Consolador, el Espíritu Santo, recuerda una y otra vez lo que Jesús nos pide. Si le hacemos caso no estaremos desamparados, viviremos en paz, daremos razón de nuestra esperanza.

A la luz de la Palabra de Dios que se ha proclamado hoy, revisemos y reorientemos nuestra vida. ¿Escuchamos a Jesús? ¿Seguimos las orientaciones que nos da su Espíritu? ¿Anunciamos la Buena Nueva como Felipe? ¿Sabemos dar razón de nuestra esperanza? ¿Estamos en paz con nuestra conciencia? Preparémonos para recibir a Jesús, el primer Paráclito, hecho Pan en la Eucaristía. Su presencia sacramental es manifestación clara de que no estamos desamparados.

29 de mayo de 2011

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