Homilía del 5º domingo ordinario 2012

Servir

Textos: Job 7, 1-4. 6-7; 1 Cor 9, 16-19. 22-23; Mc 1, 29-39.

Por el hecho de haber recibido el Bautismo, de estar confirmados y de acercarnos a comulgar, estamos obligados a servir. Recibimos en estos tres sacramentos la vida de Jesús, su fuerza y el alimento para servir: la vida de Jesús consistió en servir, su fuerza fue el Espíritu Santo y el alimento es su Cuerpo y Sangre. En los textos de hoy lo encontramos sirviendo y Él es nuestro modelo; también tenemos dos ejemplos de servicio: la suegra de Simón y el apóstol Pablo.

Servir

Textos: Job 7, 1-4. 6-7; 1 Cor 9, 16-19. 22-23; Mc 1, 29-39.

Por el hecho de haber recibido el Bautismo, de estar confirmados y de acercarnos a comulgar, estamos obligados a servir. Recibimos en estos tres sacramentos la vida de Jesús, su fuerza y el alimento para servir: la vida de Jesús consistió en servir, su fuerza fue el Espíritu Santo y el alimento es su Cuerpo y Sangre. En los textos de hoy lo encontramos sirviendo y Él es nuestro modelo; también tenemos dos ejemplos de servicio: la suegra de Simón y el apóstol Pablo.

Jesús llegó de la sinagoga a casa de Andrés y Simón. Era sábado, como escuchamos el domingo pasado. Al llegar se encontró con que la suegra de Simón estaba con fiebre y realizó lo que no debía hacer, con tal de servir y comunicar la vida de Dios: curó en sábado, se acercó a una enferma y la tocó, con lo que quedó impuro según la ley; la levantó de su postración, no solo por la enfermedad sino porque era mujer y no tenía los mismos derechos que los varones.

Ese mismo día por la tarde, cuando le llevaron a muchos otros enfermos, los curó; y libró del demonio a algunas personas poseídas por él. Así vivió el servicio día a día. Veía la necesidad, se le removían las entrañas, se acercaba, tocaba y curaba. Lo hacía porque Dios no quiere el sufrimiento de las personas. Lo hacía porque de esta manera anunciaba y hacía presente el Reino de Dios. Jesús no se servía a sí mismo ni quería agradecimientos, sino que servía al Reino.

Al día siguiente –y así fueron todos los días de su ministerio–, cuando le dijeron que todos lo andaban buscando, Jesús invitó a sus discípulos a continuar el camino por otros pueblos para anunciar también allá el Evangelio. Quiere decir que lo que decía y hacía era para anunciar la Buena Nueva de Dios. Entonces eso manifiesta que Jesús estuvo al servicio del Evangelio y del Reino poniéndose a servir. La suegra de Simón hizo lo mismo y es un ejemplo para nosotros.

Pablo también tomó el ejemplo de Jesús. Se hizo servidor de los demás anunciando el Evangelio y haciéndose esclavo de todos. Él tenía la conciencia de su responsabilidad en relación al anuncio del Evangelio, como lo escuchamos en la segunda lectura. Sentía que esa era su obligación y la cumplía con entrega, incluso renunciando a ganarse la vida con la predicación. Además aclaró que no tenía por qué presumir de hacerlo. Servir es pues una obligación cristiana.

Tanto Jesús como la suegra de Simón y Pablo, con su testimonio de vida nos dicen que el camino para vivir bien es el del servicio. No hay otro, ni de manera personal ni como comunidad. Quien es discípulo o discípula de Jesús tiene que optar en su vida por servir; cada comunidad, sea un barrio, colonia o rancho, una parroquia o la Diócesis, tiene que convertirse en servidora. Por tanto, tenemos el compromiso de ser personas e Iglesias servidoras como Jesús.

A propósito de que nos preparamos para celebrar los 40 años de existencia como Diócesis, tenemos el lema y el ideal de ser “Iglesia en camino, servidora del Reino”. Nos hemos esforzado por ser una Iglesia ministerial o servidora. Por una parte, sabemos que estamos para anunciar el Evangelio; por otra, que todos los miembros de esta Diócesis tenemos que convertirnos en servidores de los demás como estilo de vida; y por otra, que debemos servir a los pobres.

Hoy nos podemos preguntar qué tanto vivimos el servicio en nuestra vida, sobre todo porque en nuestra sociedad no está puesto como indispensable el servir, sino el sacar ventajas de todo tipo: económicas, políticas, de poder, etc. ¿Somos conscientes de nuestra vocación cristiana que nos compromete a servir y nos esforzamos por vivirla? ¿Cultivamos el servicio como estilo de vida, al igual que Jesús? ¿Estamos trabajando porque nuestra comunidad sea servidora?

5 de febrero de 2012

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