Homilía del 5º domingo de Cuaresma 2012

Ver a Jesús

Textos: Jer 31, 31-34; Hb 5, 7-9; Jn 12, 20-33.

San Juan nos dice que unos griegos querían ver a Jesús. Cuando Jesús escuchó esto de Felipe y Andrés, aprovechó para decirles a ellos y a nosotros lo que significa verlo. Verlo es mucho más que mirarlo con los ojos. Verlo significa captar su mensaje, su persona, su camino, su estilo de vida, su destino, y decidirse a seguirlo hasta el final. Todo esto está incluido en nuestro ser miembros de la Iglesia y en la petición que los papás hacen de que sus hijos sean bautizados.

Ver a Jesús

Textos: Jer 31, 31-34; Hb 5, 7-9; Jn 12, 20-33.

San Juan nos dice que unos griegos querían ver a Jesús. Cuando Jesús escuchó esto de Felipe y Andrés, aprovechó para decirles a ellos y a nosotros lo que significa verlo. Verlo es mucho más que mirarlo con los ojos. Verlo significa captar su mensaje, su persona, su camino, su estilo de vida, su destino, y decidirse a seguirlo hasta el final. Todo esto está incluido en nuestro ser miembros de la Iglesia y en la petición que los papás hacen de que sus hijos sean bautizados.

Jesús habla de que ha llegado su hora, la de ser glorificado; habla del grano de trigo que es sembrado en la tierra y muere, de aborrecerse a sí mismo, de seguirlo, de ser levantado de la tierra. De todo esto les y nos habla. Se trata del destino que Él tiene: su muerte en la cruz. Su hora es la de la cruz, su glorificación es su muerte y resurrección, el grano de trigo que muere para dar fruto es Él mismo, ser levantado de la tierra significa ser levantado en la cruz.

O sea que no es fácil ver a Jesús, seguirlo, servirlo. Es todo un estilo de vida que nos trae el Bautismo y el confesarnos creyentes en Él. En esto se resume el comentario que les hace a Felipe y Andrés. Entonces para aquellos griegos, para los Doce, para quienes hemos sido bautizados, para quienes presentan a sus hijos para el Bautismo, la invitación de Jesús es la misma: convertirnos en granos de trigo que mueren para producir mucho fruto. Todo eso es verlo.

Frecuentemente pensamos que ser católicos es ir a Misa y ya. De hecho, de quien va mucho a Misa, o al menos los domingos, se dice que es una persona muy católica. A quienes tenemos oportunidad de participar más frecuentemente en la Eucaristía o de acercarnos a la Palabra de Dios, o de vivir dentro de las actividades ordinarias de la Iglesia, nos puede suceder que nos confiemos y creamos que ya estamos siendo buenos discípulos de Jesús. Y no basta con eso.

Aquí nos alimentamos, pues la Palabra y la Eucaristía son alimento. Pero lo que Jesús nos quiere decir es que es necesario morir para producir fruto, como el grano de trigo. Una semilla cualquiera lleva la vida por dentro. Pero quedándose así no produce ni flores ni frutos; es necesario que caiga en la tierra y se reblandezca con la humedad. De esta manera se muere, pero al recibir la fuerza del sol, brota la vida y aparece una planta nueva. La semilla muere y da vida.

Eso hizo Jesús. Se convirtió en grano de trigo sembrado en la tierra y muerto para dar vida, para ser causa de la salvación. Ser granos de trigo que mueren significa vivir el servicio, ver por las necesidades de los pobres, buscar caminos de vida digna, luchar por la justicia. El Papa Benedicto, al llegar a León nos invitó a seguir «avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia».

Si queremos ver a Jesús, si nos confesamos discípulos suyos, necesitamos aborrecernos a nosotros mismos para hacernos granos de trigo sembrados en la comunidad, y ahí morir. En nuestra sociedad se propagan mucho las ideas de hacer el menor esfuerzo posible, de comprar para tener todo, de ser exitosos. Eso no nos lleva a dar fruto sino que nos hace infecundos, puesto que nos lleva a diseñar la vida egoístamente, en función de nosotros mismos.

En este domingo de Cuaresma, podemos ver a Jesús convertido en Pan. Es trigo muerto, molido, amasado, horneado, cocido. Son muchas semillas de trigo juntas en cada hostia. El grano principal es Jesús. Es necesario unirnos a Él para convertirnos en fuente de vida para los demás. Un modo de unirnos a Jesús es comulgando; otro, y ahí se nota la unión que tengamos con Él, es viviendo y muriendo como granos de trigo que mueren y dan frutos de amor, justicia y paz.

25 de marzo de 2012

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