Homilía del 4º domingo de Pascua 2011

“Yo soy la puerta de las ovejas”

Textos: Hch 2, 14. 36-41; 1Pe 2, 20-25; Jn 10, 1-10.

“Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10, 7). Con estas palabras Jesús nos indica uno de sus servicios de Buen Pastor. Se presenta como puerta para sus ovejas. Esta comparación nos lleva a descubrir la grandeza de su persona y, a quienes tenemos la responsabilidad de conducir a otras personas, nos ayuda cuestionarnos si estamos viviendo bien nuestro servicio. Con este ejemplo, que implica la donación total por el bien de los suyos, Jesús se muestra como pastor.

“Yo soy la puerta de las ovejas”

Textos: Hch 2, 14. 36-41; 1Pe 2, 20-25; Jn 10, 1-10.

“Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10, 7). Con estas palabras Jesús nos indica uno de sus servicios de Buen Pastor. Se presenta como puerta para sus ovejas. Esta comparación nos lleva a descubrir la grandeza de su persona y, a quienes tenemos la responsabilidad de conducir a otras personas, nos ayuda cuestionarnos si estamos viviendo bien nuestro servicio. Con este ejemplo, que implica la donación total por el bien de los suyos, Jesús se muestra como pastor.

¿Por qué dice que es puerta? Es bien interesante la imagen. Un pastor frecuentemente tenía que pasar la noche en el campo. Ahí improvisaba, con piedras, palos y ramas, un corral para sus ovejas. Él se quedaba como puerta, sentado o recostado, con el bastón por un lado. Así pasaba la noche. De esta manera, cuidando que no se salieran las ovejas o que fuera a llegar el lobo a atacarlas, hacía la función de puerta. Cuando se quitaba, todas podían salir o entrar al corral.

De este modo, teniendo al pastor como puerta, cada oveja “podrá entrar y salir y encontrará pastos” (v. 9). O sea que tienen la vida garantizada, por lo menos en lo que corresponde al pastor. En el caso de Jesús, hay una ventaja, pues Él dice: “quien entre por mí se salvará” (Id.). Como bautizados, como discípulos de Jesús, Él se convierte en nuestro camino, en el acceso a la comunidad y al Padre. Por eso, para actuar, tenemos que caminar por donde Él camina.

Jesús caminó por el anuncio de la Buena Nueva, el servicio, la ayuda, el perdón, la misericordia, la entrega de la vida. De esta manera cumplió el objetivo de su envío al mundo de parte del Padre: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (v. 10). Ese camino, que podemos identificar como vida digna, amor, justicia, paz, también nosotros lo tenemos que recorrer junto con Jesús, y como Él, para salvarnos. Eso significa entrar por Él, nuestra puerta.

Según la comparación de Jesús, el pastor está obligado a entrar por la puerta. Esto lo tenemos que tener en cuenta quienes hemos sido llamados a conducir a otras personas: en la familia, la escuela, la comunidad, la sociedad. De este modo, siendo pastores, también hay que entrar por la puerta –Jesús– para que las ovejas no huyan. Huyen del ladrón porque a él no lo conocen. Es más, Jesús aclara que el ladrón “sólo viene a robar, a matar y a destruir” (v. 10).

Ante la angustiosa situación de violencia, inseguridad y muerte, los obispos de México recuerdan tareas muy concretas que cumplir, para que los dirigentes no sean ladrones. Las ofrecen en su exhortación pastoral sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz. Piden a los gobernantes “ofrecer a todos condiciones de seguridad ciudadana” (No. 240) y “mayores garantías de justicia y estímulos para el crecimiento constante de la conciencia civil” (No. 241).

A los padres de familia les piden “que sean para sus hijos reflejo del amor y del perdón de Dios, haciendo todos los esfuerzos por integrar una familia unida y solidaria y por participar en la vida comunitaria” (No. 247). A los maestros –a propósito de su día que celebramos hoy–, los exhortan “a ayudar a sus alumnos y alumnas a vivir en todos los niveles la aceptación de los demás, la comprensión y el respeto” (No. 248). Para lograrlo es necesario pasar por la puerta.

La invitación está hecha de parte de Jesús, el pastor y guardián de nuestras vidas como dice Pedro: “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos” (Jn 10, 9). Pidamos a Dios que los gobernantes no se conviertan en ladrones y bandidos de nuestro pueblo, que los papás no destruyan la vida de sus hijos e hijas, que los maestros y maestras ofrezcan caminos de vida a sus alumnos y alumnas, que todos entremos por la puerta.

15 de mayo de 2011

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