Homilía del 4º domingo de adviento 2011

Escuchar la Palabra

Textos: 2 Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16; Rm 16, 25-27; Lc 1, 26-38.

En este domingo, el último antes de la Navidad, se nos ofrece la figura de María de Nazaret como modelo de creyente en Dios. Ella escuchó su Palabra, la reflexionó, la aceptó y la puso en práctica, como le expresó al mensajero de Dios: “cúmplase en mí lo que me has dicho” (Lc 1, 38). Eso no solo lo dijo ante el ángel sino que lo realizó durante toda su vida. Hoy, de frente al testimonio de María, podemos revisar lo que hacemos ante la Palabra de Dios.

Escuchar la Palabra

Textos: 2 Sam 7, 1-5. 8-12. 14. 16; Rm 16, 25-27; Lc 1, 26-38.

En este domingo, el último antes de la Navidad, se nos ofrece la figura de María de Nazaret como modelo de creyente en Dios. Ella escuchó su Palabra, la reflexionó, la aceptó y la puso en práctica, como le expresó al mensajero de Dios: “cúmplase en mí lo que me has dicho” (Lc 1, 38). Eso no solo lo dijo ante el ángel sino que lo realizó durante toda su vida. Hoy, de frente al testimonio de María, podemos revisar lo que hacemos ante la Palabra de Dios.

Volver sobre nuestra vida es el mejor modo de terminar nuestra preparación para celebrar, el próximo domingo, el Nacimiento de Jesús. Porque seguramente que la mayoría anda pensando en los regalos, la cena, el lugar para reunirse. No es que no haya que hacerlo, pero quizá se está pensado muy poco en la propia vida: si andamos bien como miembros de la Iglesia; si en la vida familiar y del barrio estamos viviendo en armonía, como comunidad de hermanos.

 María estaba preparada para recibir al Mesías. Vivía su preparación junto con el resto de Israel. Ella esperaba y le pedía a Dios que cumpliera sus promesas. Lo que no sabía era que iba a ser llamada por Dios para recibir, dar a luz, criar y educar al Mesías. Esto se lo comunicó el ángel Gabriel. En el diálogo que nos narra san Lucas en el texto del Evangelio, aparece la capacidad de María para escuchar, discernir y hacer suya la Palabra que Dios le dirige.

Ella escuchó el saludo del ángel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (v. 38). No es que María comprendiera todo y a la primera. La Palabra de Dios es sorpresiva. Llega muchas veces por donde menos se piensa. Pero llega y hay que descubrirla. Así le sucedió a la virgen y por eso se preguntaba qué querría decir semejante saludo (v. 29). Ya era el primer paso después de escuchar la Palabra de Dios. ¿Qué pasa, qué significa esto, qué me quiere decir?

Luego vuelve a hablar Dios a través de su mensajero. Gabriel le comunicó la gran noticia y ella escuchó atentamente: “No temas […]. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús” (vv. 30-31). Ante la pregunta sobre el modo en que eso podría ser realidad, ya que todavía no vivía maritalmente con José, el ángel le habló de la acción del Espíritu Santo en ella y en Isabel. Entonces, al captar que era algo de Dios, aceptó sin más. Se unió a Dios.

La respuesta que dio María al enviado de Dios fue el culmen de este encuentro, pero también el inicio de un nuevo estilo de vida. Al decirle: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho” (v. 38), manifestó su decisión de llevar a la práctica hasta el final lo que Dios le pedía. Aceptó, hizo suya y puso en práctica, ya desde ahí, la Palabra de Dios. Eso cambió no solo la vida de María, sino la historia de la humanidad: tenemos que escuchar a Dios.

María le hizo caso a Dios y su vida siguió “llena de gracia” (v. 28), aunque experimentó sinsabores, problemas y sufrimientos. Si en nuestros días le hiciéramos caso a todo lo que Dios nos ha dicho en su Palabra, no habría familias divididas, injusticias en los lugares de trabajo, pleitos entre esposos, violencia en nuestro país, temor a salir a la calle; no habría estudiantes asesinados ni familias sufriendo por la pérdida de sus miembros. Al contrario, viviríamos en paz.

La virgen de Nazaret nos enseña el camino para vivir en armonía: escuchar y llevar a la práctica la Palabra de Dios. Teniendo en cuenta su ejemplo, preguntémonos qué tanto escuchamos a Dios. Leemos la Biblia, escuchamos la Palabra en la Misa y en reuniones, ¿pero le hacemos caso? ¿La llevamos a la práctica? ¿Somos como María esclavos del Señor y por eso vivimos llenos de gracia? Alimentados por la Eucaristía, terminemos nuestra preparación para la Navidad.

18 de diciembre de 2011

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