Homilía del 3er domingo ordinario 2012

Nueva dimensión

Textos: Jon 3, 1-5. 10; 1 Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20.

En este domingo nos encontramos con el llamado que Jesús hace a sus primeros discípulos. Unos pescadores a los cuales les cambió la vida ese día. Al aceptar la invitación de Jesús, su trabajo de pescar tomó una dimensión nueva. Además de seguir pescando para ganar el pan del día, ahora entraban en la vida del Reino de Dios anunciado y hecho presente por Jesús. Esto nos puede ayudar a revisar nuestra vida y la respuesta que estamos dando al Señor.

Nueva dimensión

Textos: Jon 3, 1-5. 10; 1 Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20.

En este domingo nos encontramos con el llamado que Jesús hace a sus primeros discípulos. Unos pescadores a los cuales les cambió la vida ese día. Al aceptar la invitación de Jesús, su trabajo de pescar tomó una dimensión nueva. Además de seguir pescando para ganar el pan del día, ahora entraban en la vida del Reino de Dios anunciado y hecho presente por Jesús. Esto nos puede ayudar a revisar nuestra vida y la respuesta que estamos dando al Señor.

Estos pescadores –Simón, Andrés, Santiago y Juan–, que fueron discípulos del Bautista, seguramente ya habían escuchado la primera predicación de Jesús. Él había comenzado a hablar del Reino de Dios. A esto dedicó toda su vida. Un Reino de amor, hermandad, justicia, paz, reconciliación. Reino al que nosotros también estamos invitados a entrar. Reino para el cual es necesario convertirse. Los cuatro pescadores ya estaban en esta dinámica de conversión.

La conversión es una experiencia que no termina en la vida; no debe cancelarse en nuestras vidas como miembros de la Iglesia. Es algo permanente y consiste en entrar en uno mismo, revisarse, reconocerse, proyectarse con la finalidad de mejorar. Casi siempre tenemos miedo de hacer este proceso porque nos acostumbramos a lo cómodo, a lo fácil. Y es necesario cambiar para mejorar. En este caso Jesús pide que nos convirtamos para entrar en la vida del Reino.

Los dos pares de hermanos pescadores, que ya estaban en este proceso de conversión para recibir el Reino que llegaba con Jesús, al escuchar la llamada: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres” (Mc 1, 17), inmediatamente lo siguieron. No pusieron pretextos, solamente dejaron a su padre, a sus compañeros de trabajo, sus redes y sus barcas para irse con Jesús. ¿Cuántas veces se nos ha llamado a seguir a Jesús y hemos puesto pretextos para no ir?

A ellos los llamó en su trabajo y les ofreció una dimensión nueva. El trabajo no fue dificultad para seguir a Jesús. Este es uno de los principales pretextos que se ponen en nuestros días para no colaborar en las tareas de la evangelización: “¡tengo mucho trabajo!”, se dice. En el caso de los pescadores, no fue tanto lo que dejaron: su trabajo, sus barcas, sus redes, su vida ordinaria, su familia; sino lo que encontraron: a Jesús y su proyecto del Reino. Esto es lo importante.

Su propio trabajo fue redimensionado. Para ellos era convertirse en pescadores de hombres. A nosotros también se nos tiene que redimensionar nuestro trabajo en la experiencia de seguir a Jesús: al albañil se le llama a ser constructor de una nueva sociedad, al intendente o empleada doméstica a ser afanador/a del Reino, al mesero a servir a los demás, etc. Cada quien pregúntese en relación a su oficio o trabajo: ¿cómo me llamaría Jesús hoy a seguirlo?

Si nos fijamos bien, la llamada de Jesús desde el trabajo de cada quien ofrece una nueva dimensión que nos enriquece y hace crecer al Reino. ¿Por qué no decidirnos a seguirlo? No hay que poner pretextos para dar este paso. Ciertamente hay que estar en el proceso de conversión, como los cuatro pescadores, soñar con el Reino de Dios, emocionarnos con seguir a Jesús y, sin tardanza, hacer la experiencia de seguimiento. Nada perdemos; al contrario, ganamos mucho.

Que la participación en esta Eucaristía dominical nos ayude a fortalecer nuestra experiencia de seguimiento a Jesús. Él nos sigue haciendo la invitación a convertirnos para entrar en el Reino de Dios, no se cansa de llamarnos, nos habla desde nuestro propio trabajo. Aceptemos su invitación a seguirlo. Hagámonos como los cuatro primeros discípulos que, al ser llamados para convertirse en pescadores de hombres, inmediatamente se fueron a seguirlo.

22 de enero de 2012

2 pensamientos sobre “Homilía del 3er domingo ordinario 2012

  1. Disculpen, cuando estará disponible para descargar la Palabra de la semilla del domingo 22 de enero, de antemano gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *