Homilía del 3er domingo de Adviento 2011

En este tercer domingo de Adviento aparece como personaje principal Juan el Bautista; aunque él no se ubica como el más importante, sino que se presenta siempre al servicio del Mesías. Dice el texto del evangelio que vino como testigo (Jn 1, 7). Un testigo da testimonio de algo o de alguien. En este caso, Juan da testimonio de Jesús, quien es presentado como luz. El Bautista no era la luz, sino testigo de la luz (v. 8). Así se ubica al responder sobre su identidad.

Testigo

Textos: Is 61, 1-2. 10-11; 1 Tes 5, 16-24; Jn 1, 6-8. 19-28.

En este tercer domingo de Adviento aparece como personaje principal Juan el Bautista; aunque él no se ubica como el más importante, sino que se presenta siempre al servicio del Mesías. Dice el texto del evangelio que vino como testigo (Jn 1, 7). Un testigo da testimonio de algo o de alguien. En este caso, Juan da testimonio de Jesús, quien es presentado como luz. El Bautista no era la luz, sino testigo de la luz (v. 8). Así se ubica al responder sobre su identidad.

Con sus palabras y toda su vida, Juan vivió su servicio al Mesías: lo anunció ya cercano, le preparó el camino y lo presentó ante sus paisanos. Ante la pregunta sobre su identidad, Juan se mantiene en su postura y esto nos tiene que enseñar. Le preguntan que si es el Mesías y dice que no; que si es Elías, y aclara que no; que si es el profeta, y también responde que no. Ese es parte de su testimonio: decir y sostener que no es ni el Mesías ni Elías ni el profeta.

¡Qué diferencia de actitud la de nuestros políticos y gobernantes! Casi todos se presentan como los redentores de nuestro país. Lo escuchamos cada vez que va a haber elecciones y lo estamos oyendo en estos días de registro de los candidatos a puestos de elección popular. Cada uno se presenta como el mejor, como el que más garantías de vida digna ofrece para la nación, el que trae la solución a todos los problemas. Se presentan como la luz para México.

A la pregunta sobre lo que él dice de sí, Juan muestra su identidad: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’” (v. 23). Es, por tanto, el que le prepara el camino al Mesías. El Mesías es otro y Juan solamente está a su servicio. Y, cuando le piden la razón por la que bautiza sin ser el Mesías, habla de Él como de alguien ya presente: “en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí” (vv. 26-27).

Con su presentación y la presentación que hace de Jesús, el Bautista se está convirtiendo en testigo de la luz. Sus palabras van disponiendo los corazones de las personas para recibir al Mesías. Jesús es la luz que viene a iluminar el mundo. ¿Cómo lo hará? Realizando lo que dice el profeta Isaías: anunciando la buena nueva a los pobres, curando a los de corazón quebrantado, proclamando el perdón y la libertad para los prisioneros, y pregonando el año de gracia de Dios.

La llegada del Mesías es motivo de alegría para el pueblo de Dios y para la humanidad, por la luz que trae para los pobres. Este domingo se nos invita a expresar como Iglesia esa alegría. El signo visible es el color rosa de la vela que se ha encendido en la corona de Adviento. Por eso decimos con Isaías: me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia (Is 61, 10).

A la luz del testimonio de Juan Bautista preguntémonos si como él somos testigos de Jesús. Yo creo que esta es una de nuestras responsabilidades como miembros de la Iglesia, puesto que en el Bautismo fuimos iluminados por Cristo. Así se nos dijo a cada quien en el momento de la entrega de la vela encendida, y se nos pidió que camináramos como hijos de la luz; como testigos de la luz, podemos decir. ¿Nuestra vida hace que los demás se orienten hacia Cristo?

Mantengamos nuestra experiencia de preparación para celebrar la Navidad. Enderecemos nuestras vidas para prepararle el camino al Señor. Hoy Jesús viene a nuestro encuentro en un pedazo de Pan. Al recibirlo en la Comunión lo llevaremos con nosotros. Esto nos compromete a vivir como testigos suyos en medio de nuestro mundo, como lo fue Juan el Bautista. Volvamos a nuestra familia y a nuestra comunidad a comunicar la alegría de este encuentro sacramental.

11 de diciembre de 2011

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