Homilía del 32º domingo ordinario 2011

“Estén preparados”

Textos: Sb 6, 12-16; 1 Tes 4, 13-18; Mt 25, 1-13.

“Estén preparados” (Mt 25, 13). Con estas palabras termina Jesús la parábola de las diez jóvenes invitadas a un banquete de bodas. Es un mandato para sus discípulos de todos los tiempos, no solo para quienes lo estaban escuchando en aquella ocasión. Jesús, que es el esposo, volverá un día. Esa es la promesa. Por eso sus discípulos y discípulas tenemos que estar siempre preparados con nuestras lámparas encendidas y con más aceite para que no se nos apaguen.

“Estén preparados”

Textos: Sb 6, 12-16; 1 Tes 4, 13-18; Mt 25, 1-13.

“Estén preparados” (Mt 25, 13). Con estas palabras termina Jesús la parábola de las diez jóvenes invitadas a un banquete de bodas. Es un mandato para sus discípulos de todos los tiempos, no solo para quienes lo estaban escuchando en aquella ocasión. Jesús, que es el esposo, volverá un día. Esa es la promesa. Por eso sus discípulos y discípulas tenemos que estar siempre preparados con nuestras lámparas encendidas y con más aceite para que no se nos apaguen.

Los primeros cristianos tenían muy claro que Jesús volvería pronto. Lo dice san Pablo en la segunda lectura que escuchamos: nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor (1Tes 4, 15). Esta era la esperanza y la vivían como algo que sucedería en cualquier momento. Por eso se mantenían esperando ansiosamente para ir al encuentro del Señor (v. 17), como expresa el mismo Pablo. Y como concluye: así estaremos siempre con él (Id.).

Esta dimensión la hemos perdido en la Iglesia a lo largo de los años y los siglos. De hecho casi nadie tiene en su conciencia la idea de que el Señor volverá, a pesar de que lo repetimos frecuentemente como Iglesia, durante la celebración Eucarística: “Ven, Señor Jesús”. ¿Quién de ustedes tiene en su mente que el Señor volverá pronto? ¿No estaremos como las cinco jóvenes descuidadas que llevaron su lámpara pero no llevaron más aceite para que no se les apagara?

En la vida ordinaria saber que alguien muy importante va a venir pronto a visitarnos, nos mantiene preparados, con ansias de que llegue, disponiendo todo lo necesario para recibirle. Pero en la vida cristiana no sucede así. Me parece que en general vivimos ignorando la promesa de Jesús, promesa que debería estar orientando todo nuestro actuar personal y comunitario. Nos quedamos dormidos, sin asumir un compromiso que nos lleve a construir el Reino de Dios.

En este domingo, la sabiduría de que se habla en la primera lectura sale a buscarnos. Es Jesús mismo que nos habla y nos invita a estar preparados para su segunda venida. Nos pide que estemos como las jóvenes previsoras de la parábola que salieron al encuentro del esposo. El signo de su preparación era la lámpara encendida y el aceite para volverla a llenar. Esto les valió su entrada al banquete. De otra manera se hubieran quedado fuera, como las otras cinco.

¿Cuál será el aceite que nos mantendrá encendida nuestra vida? Podemos pensar que los sacramentos, y de modo especial la Reconciliación y la Eucaristía; la oración, la Biblia… Ciertamente nos ayudarán, pero no los sacramentos por los sacramentos, la oración por la oración, la Biblia por la Biblia; más bien buscando que nos lleven al encuentro con Cristo. Él es nuestro aceite y lo tenemos que llevar por dondequiera que andemos: en la casa, en la escuela, en el trabajo.

Entonces, buscando asegurar el encuentro con Cristo, tenemos que ampliar los modos de conseguir el aceite para el resto de nuestra vida y así estar preparados. Aquí entra la experiencia de comunidad, que es mucho más que reunirnos el domingo para la Misa: se trata de aprender a reunirnos en el barrio o colonia y la parroquia, para la construcción de la comunidad y el cumplimiento de la misión. El servicio a los pobres y enfermos también es encuentro con Cristo.

Hagámosle caso al Señor que nos dice: “Estén […] preparados, porque no saben el día ni la hora” (Mt 25, 13). Revisemos nuestra vida y descubramos qué nos falta para tener el aceite que nos mantenga activos a la espera del regreso del Señor. Aprovechemos nuestro encuentro con Jesús en la Palabra y en la Comunión sacramental. Que esta celebración dominical nos sirva para encontrarnos con Cristo y lo llevemos como aceite a la vida de la comunidad y la sociedad.

6 de noviembre de 2011

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