Homilía del 26º domingo ordinario 2011

“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”

Textos: Ez 18, 25-28; Flp 2, 1-11; Mt 21, 28-32.

“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña” (Mt 21, 28). Con estas palabras el papá de la parábola que acabamos de escuchar, se dirigió a sus dos hijos para comunicarles su voluntad. Solo uno, el segundo, como reconocieron los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, obedeció a su papá. Con esta parábola, Jesús nos hace una invitación y una advertencia. Nos invita a que cumplamos la voluntad de Dios; nos advierte que si no lo hacemos, quedaremos fuera del Reino.

“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”

Textos: Ez 18, 25-28; Flp 2, 1-11; Mt 21, 28-32.

“Hijo, ve a trabajar hoy en la viña” (Mt 21, 28). Con estas palabras el papá de la parábola que acabamos de escuchar, se dirigió a sus dos hijos para comunicarles su voluntad. Solo uno, el segundo, como reconocieron los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, obedeció a su papá. Con esta parábola, Jesús nos hace una invitación y una advertencia. Nos invita a que cumplamos la voluntad de Dios; nos advierte que si no lo hacemos, quedaremos fuera del Reino.

La petición del papá a sus dos hijos fue la misma: que fueran a trabajar en la viña. La respuesta de los hijos fue diferente: uno dijo que ya iba y el otro que no quería ir. En los dos hubo un cambio, pues el que dijo que iba a trabajar no fue y el que dijo que no iba, al final sí fue. A este cambio se le llama conversión. El primero se convirtió a sus propios intereses, a pesar de manifestar que aceptaba la voluntad de su papá; el segundo se convirtió al deseo de su papá.

La pregunta de Jesús a los sumos sacerdotes y ancianos: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” (v. 31), pone el acento en el centro de la parábola. Lo que interesa es cumplir la voluntad de Dios, algo que seguramente no estaban haciendo los dirigentes judíos. Esto marca la invitación de Jesús: hay que cumplir la voluntad de Dios nuestro Padre. Dios quiere que trabajemos en su Reino y espera que seamos obedientes, dedicando a eso toda nuestra vida.

El modelo de obediencia lo tenemos en el mismo Jesús. Obedeció siempre a su Padre. Desde pequeño, en el templo dijo a José y María que Él tenía que dedicarse a los asuntos de su Padre. En su ministerio varias veces expresó que solo hacía lo que su Padre, el que lo envió, le había pedido. Nunca se sintió más que su Padre, nunca lo desobedeció, nunca le rezongó. Más bien, como dice san Pablo, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo (Flp 2, 6-7).

Jesús le decía a su Padre que se cumpliera su voluntad y también por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz (v. 8). Se lo decía diariamente en la oración que Él nos enseñó y que luego rezaremos: “hágase tu voluntad”. Se lo dijo en el Huerto de los Olivos, al experimentar la tentación de abandonar la experiencia de la cruz: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero sino como quieres tú” (Mt 26, 39).

¿Cuántas veces nos hemos hecho como el primer hijo de la parábola, que decimos que sí vamos a realizar nuestros compromisos y luego no lo hacemos?: las tareas de la escuela, los quehaceres de la casa, los compromisos en el trabajo. ¿Cuántas veces, cuando alguien nos llama, hemos dicho: “Ahí voy” y no vamos? ¿Cuántas veces nos hemos comprometido a realizar o a colaborar en algo y simplemente no lo cumplimos? Esto tratándose de la vida ordinaria.

Y en relación a nuestros compromisos como bautizados también tenemos que ser conscientes de que quizá estamos en la misma situación. Sabemos que tenemos que vivir en comunidad, reunirnos a la reflexión de la Palabra de Dios, ayudar a los enfermos, vivir la solidaridad entre pobres, asistir a las reuniones de preparación para los sacramentos, dar un servicio a la comunidad y muchas otras cosas más. Casi todos lo sabemos, y lo decimos, pero pocos lo realizan.

Dios espera que vayamos a trabajar en su viña. La advertencia de Jesús consiste en que podemos quedar fuera del Reino, como sucedió con los sumos sacerdotes y ancianos en su tiempo: los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios (21, 31), porque les creyeron a Juan Bautista y a Jesús. Que no quedemos fuera por decir que sí vamos a cumplir nuestros compromisos de bautizados y luego no lo hagamos.

25 de septiembre de 2011

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