Homilía del 25º domingo ordinario 2011

“Creyeron que recibirían más”

Textos: Is 55, 6-9; Flp 1, 20-24. 27; Mt 20, 1-16.

“Creyeron que recibirían más” (Mt 20, 10). Con estas palabras Jesús describe la actitud y el modo de pensar de aquellos trabajadores, contratados al amanecer para trabajar en la viña. Aparece en ellos la ambición, la envidia y la intolerancia, que quizá están presentes en nosotros. Jesús dibuja además la bondad, misericordia y solidaridad del propietario de aquella viña, que nos muestra el modo de ser de Dios. Esas actitudes deberían brotar del fondo de nuestro corazón.

“Creyeron que recibirían más”

Textos: Is 55, 6-9; Flp 1, 20-24. 27; Mt 20, 1-16.

“Creyeron que recibirían más” (Mt 20, 10). Con estas palabras Jesús describe la actitud y el modo de pensar de aquellos trabajadores, contratados al amanecer para trabajar en la viña. Aparece en ellos la ambición, la envidia y la intolerancia, que quizá están presentes en nosotros. Jesús dibuja además la bondad, misericordia y solidaridad del propietario de aquella viña, que nos muestra el modo de ser de Dios. Esas actitudes deberían brotar del fondo de nuestro corazón.

Ya el libro de Isaías transmite la realidad que aparece en la parábola de los trabajadores enviados a la viña: Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes (55, 8). Dios piensa y actúa de una manera; los humanos pensamos y actuamos de otra manera. Y el ideal es que nuestros pensamientos y acciones sean como los de Dios. Por eso también se hace una invitación: Busquen al Señor […], invóquenlo […]; que el malvado abandone su camino (vv. 6-7).

Los trabajadores de la parábola estaban desempleados, como muchas personas en nuestros días. El propietario de la viña necesitaba obreros y fue a buscarlos. No fueron los trabajadores los que lo buscaron. A los primeros él les ofreció el trabajo y el salario necesario para el pan de su familia, y ellos estuvieron de acuerdo. Con los demás, al encontrarlos en la plaza se puso a dialogar sobre su situación: “¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?” (Mt 20, 6).

La respuesta que ellos dieron es actual, puesto que expresa lo que escuchamos a diario y por dondequiera: “Porque nadie nos ha contratado” (v. 7), porque hubo recorte de personal, porque no hubo modo de estudiar y se ocupa la prepa para que le den a uno el trabajo, porque pasamos de los cuarenta y ya no contratan gente de esta edad, porque ya estamos viejos y no rendimos… Dios está atento siempre a la situación de las personas y ofrece una situación mejor.

Tanto el trabajo como el denario fueron para aquellos desempleados un don. El propietario del viñedo –Dios–, que sabía de la situación de los desempleados, por su bondad y misericordia les ofreció lo que necesitaban. Pero faltaba lo bueno: el modo de pagarles a los trabajadores, que no fue comprendido ni aceptado por los primeros que fueron al trabajo. Más bien repelaron por lo que hizo el que los contrató y le reclamaron fuertemente. Les apareció la ambición.

Cuando vieron que a los que llegaron al final del día les pagó su salario completo, se imaginaron que a ellos, que trabajaron unas doce o catorce horas, les pagaría también doce o catorce salarios. Pero no. Recibieron el denario, el salario del día, que les daría lo necesario para el sustento de su familia, al igual que a los que llegaron al último. Aquellos trabajadores no toleraron que otros ganaran lo mismo que ellos ni se alegraron porque iban a llevar el pan para su familia.

Con la lógica del negocio, los que trabajaron todo el día creyeron que recibirían más dinero que todos. Consideraron injusto al que los contrató. El señor les aclaró que no les hacía injusticias: “Amigo –¡lo llamó amigo!–, yo no hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario?” (v. 13). Y luego, para ayudarle a descubrir que su proyecto era de vida digna para todos, lo cuestionó: “¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? (v. 15).

De esta manera, lo invitó –y nos invita a nosotros– a valorar su bondad, su misericordia, su solidaridad para con todos y especialmente para con los últimos. Así es la dinámica del Reino. Al mismo tiempo se presenta a los primeros y a quienes se ubiquen en la misma posición, la invitación a la conversión, a pensar y actuar como Dios. Dios quiere que a nadie le falte lo necesario para vivir con dignidad, que nadie viva para ganar más mientras que muchos no viven ni al día.

18 de septiembre de 2011

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