Homilía del 21er domingo ordinario 2012

Seguir a Jesús

Texots: Jos 24, 1-2. 15-17. 18; Ef 5, 21-32; Jn 6, 55. 60-69.

Seguir a Jesús no es fácil. Por lo tanto, ser cristiano, discípulo, católico o creyente en Jesús, no es fácil. Lo podemos descubrir en el texto del Evangelio de este domingo. Ante la propuesta que Jesús hace después de la multiplicación de los panes, muchos de sus discípulos deciden dejarlo. Dicen que su modo de hablar es intolerable, que quién puede soportar eso que dice. Y viene lo que llamamos la graciosa huida. Eso nos puede pasar hoy, si no es que ya nos está pasando.

Seguir a Jesús

Texots: Jos 24, 1-2. 15-17. 18; Ef 5, 21-32; Jn 6, 55. 60-69.

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Seguir a Jesús no es fácil. Por lo tanto, ser cristiano, discípulo, católico o creyente en Jesús, no es fácil. Lo podemos descubrir en el texto del Evangelio de este domingo. Ante la propuesta que Jesús hace después de la multiplicación de los panes, muchos de sus discípulos deciden dejarlo. Dicen que su modo de hablar es intolerable, que quién puede soportar eso que dice. Y viene lo que llamamos la graciosa huida. Eso nos puede pasar hoy, si no es que ya nos está pasando.

¿En qué estaba –y está– lo intolerable de Jesús? ¿Qué es lo que no se puede soportar? No son tanto sus palabras, lo que dice, sino lo que hay que hacer para vivir como Él. Jesús dijo que es pan, que es pan vivo, que es pan vivo bajado del cielo, que ese pan asegura para la vida eterna, que hay que comer ese pan, que ese pan es su carne, que hay que beber su sangre, que quien come su carne y bebe su sangre vivirá para siempre. Y pide que creamos en Él.

Como que a los discípulos se les cayó su idea de Jesús. Ellos tenían pensado andar con alguien que hacía milagros y les iba a ir bien, o con el rey que los defendería del Imperio Romano, o con quien les podía dar de comer gratis todo el tiempo, o con un mesías triunfalista. Pero cuando caen en la cuenta de que el camino de Jesús es el de la entrega, el del sufrimiento, el de la muerte, y de que hay que vivir de la misma manera, entonces deciden ya no seguirlo.

En ese estilo de servir, de huir del poder y la fama, de convertirse en alimento para los demás, de darse totalmente hasta la cruz, Jesús no garantizaba nada para sus discípulos; al menos en el proyecto que ellos se habían hecho. Pero tienen que convencerse de que ese es el camino para ser buenos discípulos de Jesús. Y el convencimiento lleva a la decisión. Si los convence la propuesta de Jesús, entonces van a decidir seguirlo; si no, van a decidir abandonarlo.

Seguir a Jesús es un don del Padre, como dice el mismo Jesús. Pero necesita de la respuesta humana. Por eso les hace la pregunta a los Doce, que lo acompañan más de cerca, si también ellos lo van a dejar. Es como la pregunta que Josué había hecho a los israelitas: si iban a servir al Dios que los sacó de la esclavitud en Egipto o a otros dioses. Josué y su familia estaban decididos a servir al Señor. El pueblo manifestó su deseo de servirlo también para cumplir la alianza.

Seguir o no seguir a Jesús es la pregunta central. No hay intermedios: o se le sigue o se le abandona –o se le traiciona, como el caso de Judas–. El seguimiento es con las condiciones y el estilo de vida propuestos por Jesús. Ese era, y sigue siendo, el problema para gran parte de sus discípulos: querían seguirlo pero a su conveniencia, según sus propios proyectos, sin comprometerse a la entrega, sin hacerse pan para los demás. Tomar esta actitud equivale a traicionarlo.

La respuesta que le da Pedro a nombre de los Doce nos orienta en relación a lo que tiene que ser nuestra vida: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68). ¿Cómo llegar a ese convencimiento expresado por Pedro? Este es un desafío para nosotros. Estar convencidos de que el camino para vivir es el de Jesús, el modo de ser discípulos es el de servir y darse como Jesús, la manera de vivir nuestra condición bautismal es la de dar vida.

Jesús nos hace hoy esta misma pregunta. Es la pregunta que está de fondo como condición para recibir los sacramentos. ¿Qué decimos: seguimos a Jesús con sus exigencias y estilo de vida o lo abandonamos? Estamos participando en la Eucaristía dominical. Hemos escuchado la Palabra de Dios que nos invita a definirnos por Jesús; nos preparamos a comulgar sacramentalmente. Que este signo reafirme nuestra decisión de seguir a Jesús sin condiciones.

26 de agosto de 2012

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