Homilía del 2º domingo de Pascua 2011

“La paz esté con ustedes”

Textos: Hch 2, 42-47; 1Pe 1, 3-9; Jn 20, 19-31.

“La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19.21.26). Este saludo que Cristo resucitado da a sus discípulos en aquellos dos encuentros es un proyecto de vida para todos sus discípulos y discípulas. Él ofrece y da la paz porque la tiene.

“La paz esté con ustedes”

Textos: Hch 2, 42-47; 1Pe 1, 3-9; Jn 20, 19-31.

“La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19.21.26). Este saludo que Cristo resucitado da a sus discípulos en aquellos dos encuentros es un proyecto de vida para todos sus discípulos y discípulas. Él ofrece y da la paz porque la tiene. Es más, Él mismo es la paz. Tiene paz porque ha cumplido con fidelidad su misión, aquella que le encomendó su Padre y que culminó en la cruz: la salvación de la humanidad, la vida abundante para sus ovejas, la vida eterna para quien cree en Él.

Cristo resucitado desea que sus discípulos experimentemos la paz. Para sus discípulos reunidos en aquellos dos primeros domingos, fue una realidad. Ellos estaban encerrados por miedo a los judíos, Tomás había abandonado la comunidad. No tenían la paz y Jesús se la trasmite, no solo con su saludo, sino con su presencia entre ellos, con el Espíritu Santo que les comunica, con el perdón de los pecados que pueden ejercer. Los hace testigos de su resurrección.

Para nosotros que vivimos en este tiempo, el deseo de Jesús está todavía muy lejos de cumplirse. A lo interno de nuestras familias no hay paz mientras existan desavenencias o pleitos por cualquier razón, mientras se voltee la cara o se niegue la palabra a algún familiar, mientras haya infidelidades, ofensas o incluso golpes entre esposos, mientras los hijos no sientan el cariño y la dedicación de sus papás hacia ellos. ¿Cómo se puede experimentar la paz así?

En nuestra ciudad y país no hay paz. Lo captamos todos los días en las pláticas con los vecinos, en el trabajo; lo vemos y escuchamos en los medios masivos de comunicación: el costo de la canasta básica es altísimo, el número de pobres crece y crece, miles de personas mueren en el mundo de hambre, enfermedades, desastres, guerras; diariamente hay levantones, secuestros, ejecuciones, balaceras, cuerpos encontrados. ¿Quién puede experimentar la paz así?

En nuestro ambiente la única seguridad es que no hay seguridad: si va a haber para comer mañana, si vamos a tener dinero para curar la enfermedad que llega, si vamos a salir a la calle y regresaremos, si nos vamos a encontrar con la persona a la que no le hablamos, etc. Ante la inseguridad, la zozobra, el no saber qué va a pasar, el saludo de Jesús nos interpela. Su deseo de paz nos manifiesta algo con certeza: lo único seguro es que resucitó y está entre sus amigos.

Jesús está vivo y se deja encontrar. Se hace presente en medio de la comunidad, como nos dice el Evangelio. Su presencia trae la paz: se quita el miedo, se experimenta la alegría, se recibe al Espíritu Santo, se comprueba su vida nueva. Se realiza lo que dice san Pedro: al resucitar Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva (1Pe 1, 3). El saludo de paz de Jesús nos abre a una manera nueva de vivir que tenemos que construir.

Todos le decían a Tomás que habían visto al Señor. Los primeros cristianos, con la certeza de la resurrección de Jesús, hicieron una vida nueva que manifestaba su fe en Cristo: escuchaban la Palabra, oraban, comían y celebraban la Eucaristía juntos, vivían unidos y ponían en común sus bienes para que nadie pasara necesidad; lo hacían con la sencillez y alegría propias de quienes tienen la paz que el Resucitado comunica. ¿Cómo no iban a vivir la experiencia de la paz?

En esta Eucaristía dominical nos encontramos con Cristo resucitado. Él está presente entre nosotros puesto que estamos reunidos en su nombre, Él nos habla para comunicarnos su deseo de paz, Él nos da la esperanza de una vida nueva, Él se hace pan y vino para alimentarnos, él nos envía a ser sus testigos. Que volvamos a nuestra casa a vivir en armonía con todos, que vayamos a la comunidad y a la sociedad a luchar por construir la paz que Cristo nos deja hoy.

1º de mayo de 2011

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