Homilía del 2º domingo de Cuaresma 2012

Escuchar

Textos: Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18; Rm 8, 31-34; Mc 9, 2-10.

Se han proclamado tres textos de la Palabra escrita de Dios. En ellos Dios nos pide escuchar a su Hijo. Yo creo que en esta petición que Dios hace, no sólo a Pedro, Santiago y Juan, sino a todos aquellos que nos consideramos discípulos de Jesús, está el centro de la experiencia cristiana. Desde el monte de la Transfiguración, Dios mismo nos dice que a Jesús y a nadie más tenemos que escuchar. Eso nos ayuda a revisar nuestra vida en este domingo de Cuaresma.

Escuchar

Textos: Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18; Rm 8, 31-34; Mc 9, 2-10.

Se han proclamado tres textos de la Palabra escrita de Dios. En ellos Dios nos pide escuchar a su Hijo. Yo creo que en esta petición que Dios hace, no sólo a Pedro, Santiago y Juan, sino a todos aquellos que nos consideramos discípulos de Jesús, está el centro de la experiencia cristiana. Desde el monte de la Transfiguración, Dios mismo nos dice que a Jesús y a nadie más tenemos que escuchar. Eso nos ayuda a revisar nuestra vida en este domingo de Cuaresma.

Todos los días escuchamos. No necesitamos proponérnoslo. En medio de los ruidos, las voces, las invitaciones, escuchamos. Escuchar consiste en seleccionar de entre varios sonidos, uno. Esto exige una cierta concentración, aunque los demás sonidos continúen. Y lo logramos. Por ejemplo, si queremos escuchar una canción o el canto de un pájaro, aunque suenen dos o tres al mismo tiempo, los escuchamos. Los seleccionamos y los seguimos con atención.

Eso que hacemos en la vida ordinaria es lo que Dios nos pide en relación a su Hijo. Día a día escuchamos; pero, ¿qué es lo que escuchamos? ¿A qué o a quiénes le hacemos caso? ¿Qué informaciones, voces, invitaciones, seleccionamos de entre las demás? Hay que preguntárnoslo. Esto equivale a preguntarnos en dónde tenemos nuestro corazón, porque ordinariamente seleccionamos dejándonos guiar por el corazón. Escuchamos de acuerdo a lo que dice el corazón.

Pedro y los demás concebían en su corazón a un Mesías triunfalista. No aceptaban un Mesías derrotado. Rechazaban que Jesús, que poco antes les había anunciado su Pasión y muerte, tuviera que recorrer ese camino. No les cabía en el corazón que, además de eso, los hubiera invitado a seguirlo en su mismo camino. Incluso Pedro le había dicho que eso no era lo suyo y quería llevarlo por otro estilo de vida. A todo esto se refería cuando sugirió hacer tres chozas.

Los discípulos no querían saber nada de sufrimiento, ni de Jesús ni de ellos. Y Dios, con otras palabras, les repitió lo mismo que Jesús les había dicho. Hay que escuchar a su Hijo. Escucharlo exige seleccionar su voz de entre muchas otras voces que nos hablan. Escucharlo implica tomar la decisión de hacerle caso, por encima de otras invitaciones. Escucharlo pide orientar el corazón hacia Él. Escucharlo equivale a seguirlo en su camino de servicio, entrega, pasión y muerte.

Si le hacemos caso a Jesús y seguimos su estilo de vida, lograremos transfigurar nuestro mundo. Si somos sensibles a las necesidades y sufrimientos de los pobres, al tenderles la mano, haremos realidad el mandamiento del amor. Si perdonamos a quienes nos ofenden, pondremos las bases para la paz. Si cargamos las cruces de los crucificados, caminaremos en la solidaridad. De esta manera, el país, el mundo, se transfigurarán, resplandecerán, como Jesús en el monte.

Vivir de esta manera es consecuencia de la conversión. La conversión consiste precisamente en escuchar a Jesús, en volver nuestro corazón hacia Él. De este modo se hará realidad la primera predicación de Jesús, que escuchamos el domingo pasado: “Conviértanse y crean en el evangelio” (Mc 1, 15). La conversión es necesaria para entrar en el Reino de Dios. Y el Reino es la vida en el amor, la solidaridad, el perdón. Una vida así prolonga la transfiguración de Jesús.

Tenemos que escuchar pues a Jesús, el Hijo de Dios. En esto tenemos que aprender de Abraham, que escucha a Dios, se pone totalmente a su servicio y hace lo que Dios le pide, aunque le cueste sacrificar a su hijo único. Dios nos entrega también a su Hijo único, pero nos pide que lo escuchemos y lo sigamos hasta la cruz. No podemos llamarnos discípulos de Jesús si no lo seguimos por el camino que Él recorrió, o sea, el de la entrega, el servicio, la pasión y la cruz.

4 de marzo de 2012

1 pensamiento sobre “Homilía del 2º domingo de Cuaresma 2012

  1. excelentes dibujos que nos haces reflexionar como es que debemos seguir a Jesús FELICIDADES

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