Homilía del 2º domingo de Adviento 2011

“Preparen el camino del Señor”

Textos: Is 40, 1-5. 9-11; 2 Pe 3, 8-14; Mc 1, 1-8.

En este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Isaías, retomada por Juan el Bautista: “Preparen el camino del Señor” (Mc 1, 3). El Señor se acerca, viene a nuestro encuentro y necesitamos estar preparados para recibirlo. Hoy llega a nosotros en la Eucaristía hecho Pan. En la Navidad recordamos y celebramos su primera venida a nuestro mundo, hecho carne en el vientre de María. Como Iglesia nos preparamos a su segunda venida: “Ven, Señor Jesús”.

“Preparen el camino del Señor” 

Textos: Is 40, 1-5. 9-11; 2 Pe 3, 8-14; Mc 1, 1-8.

En este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Isaías, retomada por Juan el Bautista: “Preparen el camino del Señor”  (Mc 1, 3). El Señor se acerca, viene a nuestro encuentro y necesitamos estar preparados para recibirlo. Hoy llega a nosotros en la Eucaristía hecho Pan. En la Navidad recordamos y celebramos su primera venida a nuestro mundo, hecho carne en el vientre de María. Como Iglesia nos preparamos a su segunda venida: “Ven, Señor Jesús”.

Así como nos preparamos cuando sabemos que alguien nos va a visitar, así nos tenemos que preparar al saber que Jesús, el Hijo de Dios, viene a nuestro encuentro. El modo de hacer esta preparación es con toda nuestra vida. Nos dice san Pedro en la segundo lectura que se proclamó: piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor (2 Pe 3, 11-12). ¡Se nos pide vivir con santidad y compromiso!

¿Quién vive en la santidad? Si reconocemos que no llevamos una vida santa, entonces el camino es el de la conversión. Por eso nos dice Dios en su Palabra que preparemos el camino del  Señor. ¿Cómo? Según lo que dice Isaías con los ejemplos de elevar los valles, rebajar los montes, enderezar los caminos torcidos y emparejar lo disparejo, lo que nos toca asegurar es que no haya desigualdades, injusticias, divisiones, vidas torcidas, personas y comunidades rasposas.

Todo eso impide prepararle el camino al Señor y por eso estamos invitados a hacer un cambio en nuestra vida, tanto personal como comunitaria; cambio que llegue a la vida de la sociedad. Juan el Bautista fue lo que predicó a sus paisanos para disponerlos a recibir al Señor, su primo, que ya se disponía a iniciar su misión. La invitación de Juan, que también se estaba preparando, era con la palabra y con su testimonio de vida. Su testimonio respaldaba lo que decía.

Tenemos que aprender de Juan en su doble dimensión: su estilo de vida y su servicio hacia el que venía detrás de él. Juan vivía en el desierto. El desierto fue el lugar de enamoramiento de Dios y su pueblo, Israel. Allí, durante cuarenta años, Dios fue forjando a su pueblo. Allí hicieron una alianza, como sucede con los novios cuando llegan a casarse: el enamoramiento culmina en la alianza matrimonial. Yahvé se comprometió a ser el Dios de Israel; Israel, el pueblo de Yahvé.

Juan no vestía ropa de marca, como se busca hoy día, sino con una piel de camello y sandalias. Se alimentaba de saltamontes y miel, no de comidas instantáneas o chatarra, como muchos de nosotros. Llevaba la vida de los profetas. De esta manera tenía credibilidad su palabra: lo que decía no andaba por un lado y lo que vivía no andaba por otro. Esto nos orienta en relación a nuestra preparación personal para recibir al Señor. ¿Cómo vivimos? ¿Damos testimonio?

Juan no se predicaba a sí mismo sino que le iba preparando el camino al Señor, que era el importante. Lo que hacía era disponerle a su pueblo para acogerlo. Los padres de familia, agentes de pastoral en la comunidad, sacerdotes, tenemos la tarea de preparar a los hijos, a las comunidades, para recibir a Jesús. No somos nosotros los importantes. Somos solamente servidores. ¿Cómo estamos preparando a los hijos, a la comunidad, a la ciudad, para recibirlo?

En este domingo Jesús viene a nuestro encuentro. Lo hace de manera sacramental. Dispongámonos a recibirlo sabiendo que falta su segunda venida. Preparemos el camino del Señor. Retomemos el camino de conversión, enderecemos lo que anda torcido en nuestra vida, quitemos desigualdades e injusticias, eliminemos nuestras actitudes rasposas. Asumamos en serio la invitación de Pedro a vivir santamente y apresurando el advenimiento del día del Señor (Id.).

4 de diciembre de 2011

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