Homilía del 19º domingo ordinario 2011

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

Textos: 1Re 19, 9. 11-13; Rm 9, 1-5; Mt 14, 22-33.

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt 14, 31), le dijo Jesús a Pedro después de que le tendió la mano y lo sostuvo, cuando éste se estaba hundiendo y le pidió que lo salvara. Esta es una escena que representa muy bien lo que muchas veces vivimos los bautizados: nuestra poca fe. Este encuentro entre Pedro y Jesús se dio en un contexto de dificultades por el que pasaban los discípulos: primero la subida forzada a la barca, luego la tempestad y, por último, el miedo.

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

Textos: 1Re 19, 9. 11-13; Rm 9, 1-5; Mt 14, 22-33.

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (Mt 14, 31), le dijo Jesús a Pedro después de que le tendió la mano y lo sostuvo, cuando éste se estaba hundiendo y le pidió que lo salvara. Esta es una escena que representa muy bien lo que muchas veces vivimos los bautizados: nuestra poca fe. Este encuentro entre Pedro y Jesús se dio en un contexto de dificultades por el que pasaban los discípulos: primero la subida forzada a la barca, luego la tempestad y, por último, el miedo.

San Mateo nos quiere ayudar a caer en la cuenta de dos cosas: una, que la vida de la comunidad tiene muchos conflictos; la otra, que para seguir a Jesús se necesita mucha fe. La primera dificultad que aparece es que Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca. Seguramente querían quedarse a saborear, y quizá repetir, el acontecimiento de la multiplicación de los panes. Pero la misión continúa, la tarea de anunciar el Reino sigue. Por eso Jesús los hace subir.

Luego, cuando ya iban en la barca ­–que representa a la comunidad–, se encontraron con las dificultades por los fuertes vientos y el oleaje. Varios de ellos estaban acostumbrados a esto, pues eran pescadores. Sin embargo, la dificultad creció cuando vieron a Jesús caminar sobre el agua. Entonces les llegó el miedo, porque pensaron que era un fantasma. ¿Cómo entender que se asustaron si navegaban noches enteras por el lago en su trabajo? Sin embargo, así sucedió.

Esto nos ayuda a caer en la cuenta de que en la vida, y no se diga en el cumplimiento de la misión, nos encontramos con dificultades. Estas nos llevan a enfrentarnos con nuestra capacidad de responder para salir adelante. Personalmente y como comunidad –ya sea como barrio o rancho, o como parroquia– siempre nos vamos a encontrar vientos contrarios al realizar la misión. Allí se ve probada nuestra fe y confianza en Jesús, que camina siempre con nosotros.

Al llegar Jesús y hacerse presente entre sus discípulos, especialmente en los momentos de conflictos, viene la calma. En aquella noche, primero los tranquilizó: “Tranquilícense y no teman. Soy yo” (v. 27). Después, al subir a la barca, el viento se calmó (v. 32). En nuestra vida ordinaria, en el cumplimiento de la misión, Jesús nos ayuda a tener calma ante las adversidades. Pero hay que escucharlo y confiar siempre en Él, no solo en las dificultades, como pasa de ordinario.

Pedro entra en escena, pero con duda y con la tentación del poder: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua” (v. 28). Caminar sobre el agua era algo que en la tradición bíblica lo podía hacer solamente Dios. Entonces, Pedro, al igual que Adán y Eva, quiso ser como dios. Cayó en la tentación. Jesús lo dejó y lo invitó a ir hacia Él. Pero nos dice san Mateo que al sentir la fuerza del viento, le entró el miedo y se comenzó a hundir. Y le pidió ayuda.

Le apareció su poca fe, como Jesús le aclaró. En su afán por ser como dios, Pedro se hundió. Así les sucedió a nuestros primeros padres: se hundieron en el pecado. Así le pasa a quien tiene dinero y poder y se siente dios: se hunde en su condición humana al ubicarse por encima de los demás. Y, todavía peor, alguien se hunde como persona, y como cristiano, si ha recibido el bautismo, cuando hunde a otros en el alcohol, la droga, la violencia, la falta de hermandad…

Para seguir a Jesús y superar los obstáculos es necesaria la fe, mucha fe. Esto significa creer en Jesús y su proyecto del Reino, vivir como misioneros, luchar por salir de las situaciones en que nos hemos hundido. Jesús camina con nosotros y nos anima. Hoy viene a nuestro encuentro en un pedazo de pan. Al encontrarnos con Él en la Comunión, podremos experimentar su presencia, que tranquiliza ante las dificultades de la misión y fortalece la fe en Él.

7 de agosto de 2011

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