Homilía del 17º domingo ordinario 2012

Solidaridad

Textos: 2 Re 4, 42-44; Ef 4, 1-6; Jn 6, 1-15.

En el mundo hay muchas necesidades. Lo vemos a diario en la ciudad, en nuestras colonias y barrios. Hambre, enfermedades, desempleo, droga, violencia, están a la orden del día. Jesús y sus discípulos se encontraron en una situación semejante, como escuchamos en el texto del Evangelio. La gente que lo seguía comenzó a tener hambre y, como pastor, Jesús se hace responsable de la situación y hace que sus discípulos se involucren y busquen una respuesta.

Solidaridad

Textos: 2 Re 4, 42-44; Ef 4, 1-6; Jn 6, 1-15.

 

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En el mundo hay muchas necesidades. Lo vemos a diario en la ciudad, en nuestras colonias y barrios. Hambre, enfermedades, desempleo, droga, violencia, están a la orden del día. Jesús y sus discípulos se encontraron en una situación semejante, como escuchamos en el texto del Evangelio. La gente que lo seguía comenzó a tener hambre y, como pastor, Jesús se hace responsable de la situación y hace que sus discípulos se involucren y busquen una respuesta.

Ante estas y otras situaciones, frecuentemente nos viene la tentación de buscar bienhechores o de convertirnos en uno de ellos. Como Iglesia, a lo largo de muchos años hemos vivido de esta manera. Ante la necesidad se busca quién dé. Eso pensó en realizar Felipe ante la pregunta de Jesús. Sacó cuentas y calculó que con doscientos denarios no alcanzaría para comprar comida para toda aquella gente, muchos más de cinco mil. Un denario equivale a un día de salario.

Cuando alguien se ubica en el lugar de bienhechor, se coloca en una posición diferente a los demás: es el bueno, el que tiene, el que da; los demás no tienen, no saben, hay de darles. Eso quita la igualdad de las personas en la vida. En nuestros días también los benefactores buscan que se les tomen fotografías o videos para salir en los periódicos o en la televisión. Cómo se vivió en meses anteriores el reparto de regalos de parte de los candidatos a cambio de votos.

Al pensar que con dinero había que dar de comer a la multitud, Felipe se ubicó en la dinámica de los bienhechores. Por el contrario, Andrés descubrió que un muchacho traía cinco panes y dos pescados. Eso ni para el comienzo. ¿Cómo iban a ajustar cinco panes y dos pescados para que comiera toda aquella multitud? Pero, ahí estaba el secreto. Eran pocos, pero puestos en común ajustaban para algo. Se comenzaba a encontrar que el camino era la solidaridad.

Compartir lo que se tiene es el camino para solucionar las necesidades. Eso sucedió aquel día. Ese fue el modo que Jesús aceptó y puso en práctica para que nadie se quedara con hambre. Y se logró. Incluso sobró, pues se llenaron doce canastas con los pedazos que quedaron. Jesús no actuó como bienhechor sino como hermano. Jesús no dio sino que propició el compartir. Ahí todos actuaron como iguales; nadie era más que los demás porque daba.

Al vivir la solidaridad, Jesús hizo del compartir una Eucaristía. Dice san Juan que tomó los panes, dio gracias y los repartió. Algo que luego haría en la Última Cena: tomar el pan, dar gracias, partirlo y repartirlo. Ahí Jesús se da; no da el pan, sino que se da como pan. Se entrega totalmente, no da de lo que le sobra sino se da con todo lo que tiene, se comparte. Dice: “Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes”, “Esta es mi sangre… que se derrama por todos”.

Jesús nos enseña que el camino para resolver las necesidades es el de la solidaridad. Tenemos que aprender a compartir nuestros bienes, nuestras personas. No se trata de deshacernos de lo que ya no ocupamos o lo que nos estorba, como sucede con frecuencia, sino de compartir lo que tenemos y, sobre todo, lo que somos. Esto es algo que tenemos que cultivar en las familias y en las comunidades. Solamente así podremos celebrar una buena Eucaristía, como Jesús.

Este domingo estamos reunidos para la celebración de la Eucaristía. Nos encontraremos con Jesús en el momento de la Comunión. En su Palabra nos indica que tenemos que vivir la solidaridad para que nadie pase necesidad en el mundo; al comulgar su Cuerpo y su Sangre asumimos nuevamente el compromiso de poner en común nuestros bienes, de darnos para los demás, para garantizar una vida digna. Vayamos a vivir la solidaridad en nuestra comunidad.

29 de julio de 2012

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