Homilía del 17º domingo ordinario 2011

“Va y vende cuanto tiene”

Textos: 1Re 3, 5-13; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52.

“Va y vende cuanto tiene” (Mt 13, 44. 46). Es lo que hace la persona que se encuentra un tesoro escondido en el campo, con tal de conseguirlo; eso mismo hace el comerciante en perlas finas cuando ve una muy valiosa y se decide a hacerla suya. ¡Venden todo! Aquí pone Jesús el acento cuando nos aclara lo que tiene que ser para nosotros el Reino de Dios: un tesoro invaluable por el que vale la pena deshacerse de toda actitud y estilo de vida contrarios a Él.

“Va y vende cuanto tiene”

Textos: 1Re 3, 5-13; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52.

“Va y vende cuanto tiene” (Mt 13, 44. 46). Es lo que hace la persona que se encuentra un tesoro escondido en el campo, con tal de conseguirlo; eso mismo hace el comerciante en perlas finas cuando ve una muy valiosa y se decide a hacerla suya. ¡Venden todo! Aquí pone Jesús el acento cuando nos aclara lo que tiene que ser para nosotros el Reino de Dios: un tesoro invaluable por el que vale la pena deshacerse de toda actitud y estilo de vida contrarios a Él.

Estamos reunidos en este domingo para celebrar la Eucaristía, que es nuestra perla más preciosa para sostenernos en el trabajo por el Reino. ¿Qué hacer para que cada ocho días todos los bautizados dejen todo con tal de celebrarla? Este es un desafío que tenemos. La Palabra de Dios que hemos escuchado ­es un tesoro que hay que descubrir día a día, pues nos orienta para vivir en el Reino. ¿Cómo lograr que todas las familias la aprovechen? Este es otro desafío.

Jesús compara el Reino de Dios con algo muy valioso, como un tesoro o una perla fina. Todos sabemos lo que es un tesoro o una joya costosa. Es algo de por sí atractivo y si se tiene la oportunidad de poseerlo, inmediatamente se piensa en qué hacer en el momento de ser el dueño. En los concursos de la televisión, cuando alguien se gana un premio, sobre todo si es mucho dinero, lo primero que le preguntan es en qué lo va a utilizar. ¡Cuánta gente sueña con ganar!

El Reino es como un tesoro; pero no un tesoro material. Es muy diferente. El Reino es un estilo de vida que tiene como centro el amor. Es un modo de vivir en el que Dios reina. Donde se vive el amor, donde hay justicia, donde aparece la solidaridad con el pobre, donde se vive en armonía y paz, ahí reina Dios. Por eso vale. Y la invitación que hace Jesús a lo largo de su ministerio es a entrar en él. En las parábolas que escuchamos aparece como deseo de poseerlo.

Pero, para poseer el Reino hay que deshacerse de todo cuanto se tiene, como hicieron el que descubrió el tesoro en el campo y el que se encontró la perla muy valiosa. Y al decir todo, es todo, según la enseñanza de Jesús. Él es muy exigente. En el caso de que alguien quiera seguirlo en la vida del Reino, necesita asumir las exigencias que Jesús plantea. Hay que estar totalmente libres y disponibles para Jesús y la vida del Reino. Nada nos tiene que atar.

¿Qué es eso todo de lo que hay que desprenderse? Lazos familiares, las comodidades, las opciones y proyectos de vida en relación al dinero, la fama, el poder. “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (10, 37), les dijo a los Doce; al joven rico le pidió: “ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme” (19, 21).

También dice, al enviar a sus discípulos a la misión: “No lleven oro ni plata ni dinero en el bolsillo; ni morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bastón” (10, 9-10). Además, se ocupa hacer opción por el estilo de vida que Jesús propone, lo que exige cambiar actitudes: tener espíritu de pobre, ser misericordiosos, tener hambre y sed de justicia, perdonar setenta veces siete, etc. Todo esto significa ir y vender todo cuanto tenemos para conseguir el Reino.

Pidamos a Dios, como Salomón, la sabiduría necesaria para reconocer y desear el tesoro del Reino de Dios; que sepamos distinguirlo del reino del mal, que siempre se nos ofrece como un tesoro valioso. Que nos sepamos desprender de todo lo que nos impide entrar en el Reino, de manera que, como dice Pablo, reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de Cristo. Que al final seamos de los peces buenos, porque fuimos y vendimos todo para poseer el Reino.

24 de julio de 2011

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