Homilía del 16º domingo ordinario 2011

«¿Qué no sembraste buena semilla en tu campo?»

Textos: Sab 12, 13. 16-19; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43.

“¿Qué no sembraste buena semilla en tu campo?” (Mt 13, 27), le pregunta uno de los trabajadores al amo, en la parábola que acabamos de escuchar. Y continúa: “¿De dónde, pues, salió esta cizaña?” (Id.). Estas preguntas nos pueden servir de revisión en relación a lo cerca o lejos que estemos del Reino de Dios. Para esto es necesario descubrir qué semilla se ha sembrado en nosotros, si somos semilla buena o cizaña y qué semilla estamos sembrando entre los nuestros.

«¿Qué no sembraste buena semilla en tu campo?»

Textos: Sab 12, 13. 16-19; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43.

“¿Qué no sembraste buena semilla en tu campo?” (Mt 13, 27), le pregunta uno de los trabajadores al amo, en la parábola que acabamos de escuchar. Y continúa: “¿De dónde, pues, salió esta cizaña?” (Id.). Estas preguntas nos pueden servir de revisión en relación a lo cerca o lejos que estemos del Reino de Dios. Para esto es necesario descubrir qué semilla se ha sembrado en nosotros, si somos semilla buena o cizaña y qué semilla estamos sembrando entre los nuestros.

Jesús, que es el sembrador de la parábola, sembró siempre buena semilla en sus discípulos. Les indicó el camino a recorrer y el estilo de vida que debían llevar: el camino es el del servicio la entrega, hasta la cruz; y el estilo de vida es servir a todos, perdonar al enemigo, atender al pobre, hacer comunidad, orar al Padre… Eso que Jesús les enseñó con sus palabras y sus hechos, vale también para nosotros que recibimos el Bautismo y nos reconocemos sus discípulos.

 Quien recorre ese camino y asume ese modo de vivir es buena semilla o, como dice Jesús, es ciudadano del Reino. El primero de todos es Jesús porque así vivió su existencia terrena. A lo largo de los años, comenzando en nuestra casa y siendo apoyados por la comunidad, especialmente a través de los catequistas, se ha ido sembrando en nosotros esa semilla. La pregunta ahora es si eso que se ha sembrado en nuestro corazón está apareciendo en nuestra vida.

¿O no será que, conforme han pasado los años hemos tomado un camino y asumido un estilo de vida diferente al que propone Jesús? Es decir, queremos que nos sirvan, no perdonamos, pasamos de largo ante el sufrimiento del pobre, somos vengativos, dividimos a la familia y a la comunidad, somos injustos, hacemos tranzas, buscamos el poder. Si es así  entonces el maligno –que actúa siempre a través de sus partidarios– ha sembrado la cizaña en nuestro corazón.

Lo más grave para nosotros sería que habiendo recibido el Bautismo, confesándonos católicos, y siendo cizaña, eso mismo estemos transmitiendo a los demás: los papás a los hijos, los que nos reunimos en la comunidad a los vecinos, los que participamos en la Misa a los que poco o nada se acercan a la vida de Iglesia. Por eso el día de hoy tenemos una oportunidad maravillosa para revisarnos y retomar el compromiso de ser buena semilla, es decir, de convertirnos.

Ante la pregunta que hacen los trabajadores a su amo sobre arrancar la cizaña, él les responde que no; y recomienda que mejor la dejen crecer hasta el tiempo de la cosecha. Esta respuesta nos describe a Dios. Dios es bueno y misericordioso: nos hizo libres para que elijamos el camino y el estilo de vida a seguir; y nos respeta, aunque nos equivoquemos. Mejor espera a que cada quien rehaga el camino, a que el pecador se arrepienta, como dice la primera lectura.

Esto significa que Dios nos da la oportunidad de cambiar de vida si estamos siendo cizaña. Estamos llamados a ser semilla buena en nuestro mundo. Tenemos que dar testimonio en medio del ambiente de pobreza, violencia, droga, consumismo, individualismo… en que vivimos. Nuestro compromiso es crecer como buena semilla en medio de la cizaña que nos rodea dondequiera. La esperanza es que, al final, podamos brillar entre los justos en el Reino del Padre.

La entrada al Reino no depende entonces de si estamos bautizados o no, de si venimos a la Misa dominical o no, de si tenemos todos los sacramentos o no. Ciertamente los necesitamos en nuestra vida, pero es necesario seguir recibiendo en nuestro corazón la buena semilla que Jesús siembra y no la cizaña; es indispensable vivir como buena semilla, y no como cizaña, en nuestra familia y comunidad; y continuar sembrando la buena semilla, y no la cizaña, entre los nuestros.

17 de julio de 2011

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