Homilía del 1º de enero de 2012, solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Madre

Textos: Nm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Hoy celebramos tres acontecimientos importantes para nuestra vida: el inicio del año 2012, la Jornada Mundial de la Paz y, como Iglesia, la solemnidad de la Virgen María en su condición de Madre de Dios. Ponemos sobre el altar, para ofrecérselos al Señor, todos los esfuerzos que hicimos durante el año anterior por escuchar y poner en práctica su Palabra, por vivir como hermanos en comunidad, por construir la paz con justicia; y le agradecemos el regalo de María.

Madre

Textos: Nm 6, 22-27; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Hoy celebramos tres acontecimientos importantes para nuestra vida: el inicio del año 2012, la Jornada Mundial de la Paz y, como Iglesia, la solemnidad de la Virgen María en su condición de Madre de Dios. Ponemos sobre el altar, para ofrecérselos al Señor, todos los esfuerzos que hicimos durante el año anterior por escuchar y poner en práctica su Palabra, por vivir como hermanos en comunidad, por construir la paz con justicia; y le agradecemos el regalo de María.

A la Virgen la reconocemos y veneramos como Madre. Al mismo tiempo la identificamos como modelo de maternidad. En ella vemos a todas las madres del mundo. María fue la Madre de Jesús, el Hijo de Dios, como lo hemos escuchado y reflexionado durante casi todos los días de Navidad. Por eso la confesamos como la Madre de Dios. Pero al ser Madre de Cristo, también la aceptamos como madre de la Iglesia, puesto que somos parte de su Hijo por el Bautismo.

Dice la Carta a los Gálatas que envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer (4, 4). María es precisamente esa mujer. Es la misma que encontraron los pastores en Belén, junto con José y el niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Ella había aceptado, concebido y dado a luz al Salvador del mundo. Estaba aprendiendo no solo a ser mamá sino también a vivir y realizarse como la Madre del Mesías, el Dios humanado, pobre, judío. Lo hacía junto con su esposo José.

El texto del Evangelio narra que los pastores contaban lo que habían escuchado sobre el niño. Luego remarca de María que guardaba todo y lo meditaba en su corazón. Así fue toda su vida: una mujer de silencio, discernimiento, aceptación de lo que Dios le iba diciendo en los acontecimientos de la vida diaria. De esta manera descubría cómo tenía que actuar para obedecer a Dios, para ser esposa, para educar a su Hijo y ayudarle a descubrir su vocación de Mesías.

En esto está en gran parte el servicio de la mamá: en ayudar a sus hijos e hijas a aclarar su propia vocación. Esto exige mucho discernimiento hecho a la luz de la Palabra de Dios, diálogo con el esposo y los hijos, oración, búsqueda, ubicación en la realidad. Todo esto significa guardar y meditar en el corazón lo que va sucediendo. La grandeza de María como Madre está más en escuchar a Dios y poner en práctica su Palabra que en haber dado a luz a su Hijo.

A propósito del servicio de la madre en la educación de los hijos, en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de oración por la Paz, el Papa Benedicto insiste en la necesidad de educar a los jóvenes en la justicia y la paz, en la verdad, en la libertad y responsabilidad, de modo que sean agentes de paz con justicia y construyan un mundo nuevo. El Papa nos aclara que esta es una tarea de los adultos, maestros, políticos, medios de comunicación, instituciones educativas.

Entonces llevamos sobre nuestros hombros la responsabilidad que María vivió para con su Hijo. Tenemos que ser para los jóvenes quienes les ayudemos, sobre todo con nuestro testimonio, a aclarar su vocación y compromiso en la vida, así como lo hizo María con Jesús. Ella nos enseña el camino: guardar y meditar en el corazón lo que nos vaya sucediendo, lo que veamos y escuchemos, lo que la juventud nos comparta. Es necesario por tanto sentarnos a escucharlos.

En nuestro país, cada día más violento, urge la paz. Esta es fruto de la justicia y la hermandad. No la podemos experimentar mientras permanezcan la violencia y la pobreza. Trabajemos por educarnos y educar a la niñez y juventud en la justicia y la paz. En este día especial de año nuevo invocamos a la Virgen María como Reina de la paz. Pero, al participar de la Eucaristía nos comprometemos a luchar como ella por escuchar a Dios y poner en práctica su Palabra.

1º de enero de 2012

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