Guía para la celebración dominical en familia (4 de octubre de 2020)

Les compartimos una guía para celebrar el domingo 4 de octubre en familia.

No somos dueños de la comunidad

Celebración dominical de la Palabra en familia – XXVII Domingo ordinario – 4 de octubre de 2020

Parroquia de Santo Niño Milagroso, en Huescalapa, Jal.


 

  • Preparar un altar con el cirio encendido, flores, la Biblia abierta en Mt 21, 33-43; imágenes de la viña, la comunidad, servidores, dirigentes; unos frutos.

 

INICIO

CANTO: En la viña del Señor (Se puede encontrar y descargar en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=AnUzIkV8Qyw).

PAPÁ:     Este domingo, en nuestra celebración de familia-comunidad, por medio de la parábola de los viñadores malvados el evangelio nos ayuda a reflexionar sobre la importancia de no sentirnos dueños de la comunidad (familia, barrio, parroquia o pueblo), sino servidores que den frutos buenos. Participemos con atención y alegría.

MAMÁ:    Iniciemos En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ahora contemplemos el altar (silencio). ¿Qué observamos? ¿Qué nos hace pensar? ¿A qué nos invita?

Teniendo en cuenta que somos humanos y que estamos frecuentemente tentados por el poder, la fama y el tener, en silencio pidamos perdón por las ocasiones en que nos hemos sentido dueños de la comunidad (familia, barrio, parroquia o pueblo) y destruimos la unidad y los procesos. Al final decimos: Perdónanos, Señor.

 

PALABRA DE DIOS

PAPÁ:     Ahora vamos a escuchar el texto de evangelio, en el que Jesús presenta la parábola de los viñadores malvados. Nos Invita a no sentirnos dueños de la comunidad, que sólo buscan sus beneficios personales, sino a dar frutos de hermandad. Escuchemos atentos.

  • Uno de los hijos toma la Biblia del altar y lee Mt 21, 33-43 (Nota: Si es necesario, se lee otra vez el texto).

Reconstruyamos el texto: ¿Con qué palabras inicia el texto? ¿Qué hizo el propietario? ¿Cuándo y para qué envió el propietario a sus servidores (a unos y a otros)? ¿Qué les hicieron los viñadores? ¿Finalmente a quién les envió y qué pensaba? ¿Qué tramaron e hicieron con él los viñadores? ¿Qué pregunta les hizo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos? ¿Qué le respondieron? ¿Qué les dijo Jesús sobre las Escrituras? ¿Cómo termina el texto?

MAMÁ:    Esta parábola nace como expresión del conflicto al que había llegado Jesús con los dirigentes religiosos de su pueblo. Dios es el dueño y el campo, que es su pueblo Israel, lo da a medias a los arrendatarios y hace un trato con ellos para le entreguen su parte de los frutos. Esto lo hacía como criterio de responsabilidad para el buen funcionamiento de su viña. Pero los viñadores se adueñaron de él caprichuda y malévolamente, y perdieron la confianza del dueño.

La oferta de Jesús de una sociedad fraterna, solidaria e igualitaria chocó con los intereses del sistema; por eso los profetas fueron perseguidos y asesinados y Jesús fue llevado a la muerte. Los sumos sacerdotes y ancianos fueron los principales asesinos, ya que se creían dueños de la comunidad.

Ahora en nuestro tiempo la viña es la Iglesia, somos nosotros. Dios quiere que respondamos con responsabilidad, fidelidad y agradecimiento por los dones recibidos. Recordemos que formar parte del Reino pide trabajar por la justicia, la solidaridad, la hermandad, la igualdad, y acoger a los enviados del Padre, especialmente a Jesús la Piedra Angular.

Ahora reflexionemos: ¿Cómo nos consideramos nosotros para nuestra comunidad (familia, barrio, parroquia o pueblo), buenos o malos viñadores? ¿Qué debemos hacer para no sentirnos dueños de la comunidad, sino más bien servidores que dan frutos de hermandad?

Con estas respuestas hacemos oraciones espontáneas y decimos: Jesús, Piedra Angular, ayúdanos a ser buenos viñadores de tu Reino.

 

ORACIÓN Y BENDICIÓN

PAPÁ:     Ahora, ya para terminar con nuestra celebración, vamos a pedir al Señor que nos ayude a vencer la tentación de sentirnos dueños de la comunidad (familia, barrio, parroquia o pueblo) y nos impulse a ser verdaderos servidores que fructifiquen. Lo hacemos por medio de la oración que el mismo Jesús nos enseñó: Padre nuestro

MAMÁ:    Alegres por haber compartido la vida en familia-comunidad, haber celebrado juntos la Palabra de Dios y consientes de nuestro compromiso de ser servidores y no dueños de la comunidad, pedimos a Dios su bendición diciendo: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

  • Canto final: En la viña del Señor.

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