Guía para la celebración dominical en familia (18 de octubre de 2020)

Les compartimos una guía para la celebración dominical de la Palabra en familia, para el 18 de octubre.

Tratarnos como imagen de Dios

Celebración dominical de la Palabra en familia – XXXIX Domingo ordinario – 18 de octubre de 2020

Parroquia de Santo Niño Milagroso, en Huescalapa, Jal.


  • Preparar un altar con la Biblia abierta en Mt 22, 15-21, el cirio encendido y una imagen de Jesús. En un lado, colocar imágenes de personas (niños, jóvenes, adultos y ancianos de diferentes situaciones) y en el otro, cosas materiales (dinero, lujos, casas, carros, etc.).

 

INICIO

CANTO: Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Se puede encontrar y descargar en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=jq8d-r3162g).

PAPÁ:     Este domingo, en el cual estamos reunidos como familia para participar de la celebración dominical como Iglesia en la casa, vamos a reflexionar sobre el sentido que tiene pertenecer y dar a Dios lo que le corresponde. Lo que Él quiere en verdad de nosotros es nuestra persona, imagen suya. Participemos con alegría.

MAMÁ:    Iniciemos En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ahora en silencio contemplamos el altar y dialogamos: ¿Qué vemos? ¿Qué nos hace pensar? De lo que hay en el símbolo, ¿qué es lo que en verdad le pertenece a Dios?

En un momento de silencio pedimos perdón por no sentirnos como personas o no sentimos a los otros como personas, sujetos e imágenes vivas suyas, y más bien nos abajamos o los abajamos y tratamos como objetos (silencio). Decimos juntos: Yo confieso

 

PALABRA DE DIOS

PAPÁ:     Ahora vamos a escuchar el texto del evangelio, en el cual Jesús por medio de la frase: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” nos invita a reconocer que la persona misma es lo que en verdad pertenece y le agrada a Dios. Escuchemos.

  • Uno de los hijos toma la Biblia del altar y lee Mt 22, 15-21.

Reconstruimos el texto contestando: ¿Qué nos llama la atención del texto? ¿Para qué se reunieron los fariseos? ¿A quiénes enviaron a hablar con Jesús? ¿Qué le dijeron? ¿Qué pregunta le hicieron? ¿Qué les contestó Jesús? ¿Qué pidió que le mostraran? ¿Sobre qué les preguntó de la moneda? ¿Qué respondieron? ¿Cómo concluyó Jesús?

MAMÁ:    Tomando en cuenta que ese pasaje refleja el dominio en que vivía el pueblo judío y que en nuestros días también se sigue manifestando esto en nuestro pueblo, es evidente que la moneda reflejaba en su imagen el enseñoramiento absoluto que el emperador tenía sobre las personas.

Lo que Jesús dejó claro fue que la moneda le pertenecía al César, pero no las personas. Dios es el único dueño de las personas, pues las creó a su imagen y semejanza; somos sus creaturas.

En este sentido, el evangelio nos hace una fuerte invitación a no sentirnos dueños de las personas, ni en la familia, ni en los grupos o comunidades. Nadie es dueño de los demás. Ninguna autoridad puede adueñarse de los seres humanos. Podemos ser cabeza, acompañantes, líderes, coordinadores o animadores, pero nunca dueños de las personas. Por ello, tenemos que impulsar un buen horizonte y una vida digna para el otro desde la libertad de decisiones correctas.

Ahora, pensemos en silencio: de acuerdo a nuestra forma de ser y de actuar personal, y de la vida que llevamos en nuestra familia, barrio o comunidad: ¿en qué actitudes nuestras descubrimos que nos adueñamos de las personas? ¿Qué debemos hacer para cambiar esto?

Ahora, desde la confianza, cada uno va a decir las actitudes que tiene de adueñamiento ante los demás en la familia o en la comunidad… Todos vamos respondiendo a cada una: Escúchanos y conviértenos, Señor Jesús.

 

ORACIÓN Y BENDICIÓN

PAPÁ:     Después de compartir nuestra tentación de sentirnos dueños de los demás y arrepentidos de ello, en busca de cambiar, acudamos al Padre para que nos dé la fuerza de ser mejores personas y vernos en igualdad con todos. Lo hacemos por medio de la oración que nos enseñó nuestro hermano Jesús, imagen del mismo Dios. Decimos: Padre nuestro

MAMÁ:    Juntos, como hermanos discípulos de Jesús, le pedimos que envíe su Espíritu para que nos lleve a sentirnos y tratarnos como imagen y semejanza del Padre. Nos bendecimos unos a otros diciendo: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

  • Canto final: Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

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