En los ojos del viejo brilla la luz

La vejez es considerada como la etapa final de la vida, donde sólo queda contemplar lo que se ha hecho y recoger los frutos obtenidos, pues el paso del tiempo es evidente en los cabellos canos, en la postura encorvada, en las arrugas y en la disminución de la vitalidad.

Esta etapa, donde ya se ha salido adelante con la familia, la profesión y los problemas cotidianos no es indicativo de que todo ha terminado; es el momento de cultivar los propios anhelos y reflexionar sobre el interior. Es comenzar a vivir con un nuevo sentido y valor que sólo se obtiene con el tiempo: “la sabiduría” que únicamente los viejos poseen y que en estos días es tan necesario recuperar, esa experiencia es como un regalo de la vida que está a disposición de todos.

¿Pero que es la experiencia?

Puede decirse que es el conocimiento derivado de la observación o de vivir la vida. Mientras más se vive, más se aprende. Pues todo lo que se hace, por sencillo que sea, permite adquirir un aprendizaje específico, que con el paso del tiempo algunos llaman habilidad, conocimiento o sabiduría. De ahí la frase popular “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”.

Actualmente en nuestro país, la población de adultos mayores se ha multiplicado y se espera que para el año 2020 existan un poco más de 15 millones de personas mayores de 60 años. Esta población va creciendo rápidamente; se calcula que para el 2034 será la base de la estructura piramidal de la sociedad (conapo, 2004).

En la actualidad, la aportación económica del adulto mayor es relativamente alta. Pues casi una tercera parte de ellos se mantiene trabajando y son el soporte fundamental de la economía en la mayoría de nuestros hogares y, en muchos casos, el único sostén familiar o personal. A pesar de esto, uno de los aspectos más relevantes hoy en día, son las condiciones de vida de este sector poblacional, pues está considerado como uno de los de mayor riesgo social, ya que en su mayoría se encuentran con problemas de índole económico por las bajas pensiones, (si es que llegan a pensionarse) o se ven en la necesidad de seguir laborando en condiciones complejas.

La cobertura insuficiente de seguridad social o atención médica es otro factor que tienen que afrontar, pues es evidente que los problemas de salud crónica aumentan con la edad. Se estima que aproximadamente el 11% de la población adulta padece alguna discapacidad que le impide ser productivos o que limita su campo de acción, teniendo como consecuencia problemas severos de índole económico.(conapo, 2004).

A pesar de los avances en el sector educativo, todavía existen altos índices de analfabetismo en la población de edad avanzada. Una de cada tres personas, no saben leer ni escribir (conapo, 2004). Esto debido a que provienen de familias humildes que no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela o que debieron entrar en la fase productiva a edades muy tempranas, o pertenecen al sector rural o indígena. Estas situaciones aumentan el riesgo que se les excluya o margine socialmente, y que los abusos de poder se manifiesten constantemente por parte de las autoridades, vecinos e incluso de sus propios familiares.

Frente a esta realidad, es necesario reconocer el potencial del adulto mayor, no relegarlo. Pues ellos no son sólo cifras que aumentan cada vez más. Son hombres y mujeres con rostro concreto; abuelos, abuelas, madres, padres, vecinos o amigos que han contribuido y siguen contribuyendo con su esfuerzo y experiencia en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Hay que prestar la debida atención a lo que ellos pueden enseñar.

Aprender de los mayores

No existe una receta mágica para ser feliz o tener una vida perfecta o exitosa. Siempre habrá problemas, conflictos que se deberán resolver y afrontar. Pero el amor, los valores, la unidad, el respeto; el ocuparse y preocuparse los unos por los otros, son elementos esenciales que deben de cultivarse en nuestra sociedad, donde están presentes en la experiencia y en las sabias palabras que brindan aquellos que ya han recorrido un largo camino por este mundo.

Llegar a la vejez es un regalo de la vida de la cual no todos podremos disfrutar. Por eso la necesidad de escuchar y de aprender de estos hombres y mujeres que se encuentran a nuestro lado con la disposición de enseñar, para que cuando lleguemos a esa etapa, podamos expresar lo que Amado Nervo dijo de manera poética: “porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas… Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

“Envejecemos cuando nos cerramos a las nuevas ideas y nos volvemos tercos. Cuando lo nuevo nos asusta y cuando pensamos demasiado en nosotros y
nos olvidamos de los demás”.


Segunda parte del reportaje

Publicación en Impreso

Número de Edición: 113
Autores: Remedios de mi Pueblo
Sección de Impreso: Mónica Barragán. Ruth Barragán.

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