Jalisco se convirtió en el objeto de la mirada nacional e internacional por dos eventos: la realización de los XVI Juegos Panamericanos y la situación que viven trece municipios de la Costa Sur del estado luego del paso del huracán Jova. Ambos sucesos pusieron en evidencia una terrible realidad: la desigualdad regional que aqueja al estado.

Por un lado el huracán Jova evidenció la pobreza y la marginación que ya se vivía en la Costa Sur y que ahora se agudiza. Este tipo de eventos naturales no son los responsables directos del desastre, sólo hacen evidente lo que ya existía previamente. La ayuda gubernamental y social ha tardado mucho en llegar y los daños son cuantiosos y profundos. Se prevé un proceso de reconstrucción largo y tortuoso en aquella región de Jalisco.

Por otro lado, tanto el Gobierno estatal como buena parte de la sociedad civil, esta entretenida y enfocada en las actividades deportivas que se realizan en la capital del estado a propósito de los Juegos Panamericanos. La inversión pública que implicó al Ejecutivo del estado y a los presidentes municipales metropolitanos albergar esta justa deportiva, suma enormes cantidades de recursos públicos que se utilizaron para la construcción de las sedes panamericanas, la repavimentación de grandes avenidas y el embellecimiento de la ciudad.

Mientras en los medios masivos de comunicación nos inundaron con el espíritu panamericano, en la Costa Sur de Jalisco se tuvo como saldo a 50 mil personas afectadas y 10 decesos. Mientras en una parte de Jalisco los reflectores dan cuenta de la “grandeza” de la capital del estado y de la “perla de Occidente”, invisibilizados están los trece municipios de Jalisco que fueron declarados zonas de desastre y que incluso, luego de más de una semana del impacto del huracán Jova se mantenían incomunicados. Estos son los contrastes y la desigualdad que caracteriza a Jalisco.

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