Comunicación respondona

Rosa Eugenia García Gómez

Las revelaciones de las últimas semanas han avivado el repudio popular hacia la clase política, que con sus prácticas de corrupción se ha enriquecido, a costa de este país de mexicanos cada vez más pobres.

Los videos con entregas de fuertes cantidades de dinero de un presunto funcionario de Pemex para sobornar a dos colaboradores del PAN, para la supuesta aprobación de las reformas estructurales de Peña Nieto el sexenio pasado, han generado indignación y en medio de la pandemia y la nueva normalidad los ánimos suben de temperatura.

López Obrador en conferencia mañanera se quejaba del poco impulso mediático de este episodio de una escena de corrupción, comparado con el que recibieron los videos que protagonizaron Carlos Ahumada y René Bejarano en su momento. Lo que al presidente se le olvida es que a diferencia de entonces son hoy las redes sociales, las que con rapidez y amplia penetración hacen llegar esas imágenes a millones de receptores a través de Whatssapp, Facebook, You Tube e Instagram, por decir las plataformas más populares.

Hoy la agenda de los temas del día ya no la marcan los medios, sino las redes sociales. Hoy los que eran receptores se han convertido en emisores, esta, como dijera Jenaro Villamil, es una “rebelión de las audiencias”, donde el “qué” lasswelliano lo decide un amplísimo ustedes y nosotros.

Pero la mañanera del miércoles también mostró un dejo de otra pequeña sublevación. Cuando el gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez Servién hizo su intervención para defenderse de las sospechas que en contra de su persona levantaba el video recién dado a conocer, los periodistas le preguntaron sobre si era el gobierno Federal quien lo atacaba. En ése momento López Obrador intervino y dijo que se podría ver después y en su estilo conciliador preguntó a los representantes de los medios si estaban de acuerdo… y, –claro-, le dijeron que no.

Este acto que hoy podemos apreciar como natural era impensable hace tres años e inaudito hace un par de décadas. La bidireccionalidad horizontal de la comunicación ahora es democráticamente respondona. Y esta escena no se podría haber dado hace unos pocos años porque los presidentes no hacían ruedas de prensa cotidianas y si las hacían las preguntas de los reporteros estaban restringidas. Hace tres décadas la figura presidencial era intocable. Era un Señor Presidente en toda la extensión de las mayúsculas iniciales. Hace cinco décadas el Día de la libertad de expresión en México se celebraba con un besamanos presidencial en una pasarela de los dueños de los medios frente al primer mandatario.

Sí, en México nos hemos tardado, pero la rendija del reclamo social con resultados se está convirtiendo en ventana… y esperemos que pronto sea un portón monumental de hacienda.

Rosa Eugenia García Gómez

Coordinadora de la Licenciatura de Periodismo en el Centro Universitario del Sur de la Universidad de Guadalajara.

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