La realidad y la misión nos desafían – Dichos y hechos

Desde las primeras horas del miércoles 20 de febrero, los participantes a la Décima Primera Asamblea Diocesana salieron de sus comunidades con destino al rancho “El Dorado”. La mayoría conocía el lugar y también la importancia de este acontecimiento que marcará la ruta pastoral a seguir en los próximos años

 

Antes de las 10:00 de la mañana llegaron los responsables de la inscripción. Al paso de las manecillas del reloj fueron arribando los participantes. Unos, directamente a los baños. Otros, guiados por el aroma de café, buscaron calentar su estómago. La mayoría compartía saludos y abrazos mientras recibía los materiales de trabajo.

 

Entre sacerdotes, seminaristas y religiosas están las mujeres y hombres,  quienes por años han acompañado y animado el caminar de sus comunidades con su testimonio y servicio. Que en estos tres días de la asamblea han dejado familia y trabajo para compartir el “pan” cuya levadura, durante los últimos diez meses, fue amasada por cientos de manos y horneada a fuego lento en barrios, colonias y ranchos de las 56 parroquias de la Diócesis.

 

Poco a poco, los 350 participantes con su mochila al hombro y la carpeta de los materiales en sus manos, fueron ocupando las sillas acomodadas en el amplio pasillo rodeado de plantas. Los cantos se intensifican. Sus letras encierran mensajes de esperanza, de consuelo y libertad por una patria con dignidad y del cuidado de la creación. Mientras unos cantan, otros en corto platican sus problemas familiares y experiencias pastorales.

 

Angélica González, agente de pastoral en Tamazula, comenta con tres amigas sobre la violencia sembrada y de los problemas ambientales en su comunidad. Al tiempo que Angélica habla de protección del medio ambiente, el resto del país pronuncia el nombre de Samir Flores, activista ambiental y líder opositor de la construcción de la termoeléctrica en Huexca en el municipio de Cuatla, Morelos asesinado afuera de su domicilio en el pueblo de Amilcingo.

 

Los participantes enfocan su atención al escenario. Los cantos siguen. Ahora hablan del campo del sur, que ayer eran bosques sembrados y hoy son plásticos blancos. Una clara alusión al crecimiento agrícola y al déficit de 20 millones de metros cúbicos, declarados por la CONAGUA, que sufre el acuífero de Ciudad Guzmán con la llegada de invernaderos y aguacateros a la región.

 

 

A las 10:50 de la mañana, se empezó a escribir la primera página de esta Asamblea con el momento de oración. La letra del canto “Somos tierra”, las imágenes proyectadas en las pantallas, la plegaria del salmo 94, el texto del evangelio… fueron materia de reflexión y de cuestionamiento personal.

 

Las frases escritas en hojas blancas, leídas en voz alta y pegadas en la cruz de madera ubicada en el escenario, evidenciaron las “enfermedades” que padece el trabajo pastoral diocesano en el campo eclesial: el conformismo y la actitud autoritaria de los sacerdotes, el protagonismo de los seglares, el acaparamiento de servicios, las estructuras caducas, la poca promoción de servicios y ministerios, el conformismo propio de una pastoral de conservación, centrada en el culto y en lo administrativo, no en una pastoral misionera… al escuchar esta “letanía”, Ignacia, catequista de la comunidad de El Rincón, llevándose las manos a su rostro, susurró: “Son muchos clavos en una cruz que no queremos cargar”.

 

Luego, en un ambiente festivo, vino el momento de los saludos. El padre José Luis García dio la bienvenida. Con fuerte voz y lenguaje simbólico, puntualizó la importancia de la asamblea: “Ante esta hora de Dios, hora de gracia, pongamos, a tiempo el reloj de nuestra responsabilidad histórica para responder a los gritos de los empobrecidos y de la Madre Tierra, a través de lo que el Espíritu nos impulse a vivir y a renovar en estos días, porque la realidad y la misión nos desafían”.

 

Enseguida, cada una de las seis vicarías, con parodias, porras y mensajes, dio su saludo. De manera creativa y entusiasta expresaron rasgos de su identidad, pedazos de sus realidades y sus esperanzas en este acontecimiento.

 

De manera sorpresiva, el padre Juan Manuel Hurtado, desde la parroquia misión en Pantelho’, Chiapas se hizo presente. A través de un video, envió un saludo fraternal: “Desde este rincón de la patria animo a todos y a todas, servidoras y servidores, a luchar con incansable ahínco por una formación integral, tal como lo propuso don Vasco de Quiroga. Me uno a ustedes en espíritu y ruego para que el Señor les otorgue abundantes frutos en esta asamblea”.

 

 

Luego, el padre Lorenzo Guzmán, vicario diocesano de pastoral, con una sonrisa y un escueto “buenos días” saludó a los participantes. Enseguida precisó los puntos clave.

 

Recordó que esta asamblea es un eslabón íntimamente ligado con las cuatro anteriores que han estado relacionadas al Cuarto Plan Diocesano de Pastoral. Que en la anterior se evaluaron las dos prioridades del campo social y que en esta toca evaluar las tres del campo eclesial. Que el propósito del proceso de preparación, fue realizar una evaluación cualitativa, no cuantitativa, para descubrir qué tanto ha crecido la Diócesis en la misión.

 

 

Aclaró que el objetivo es renovar el compromiso de discípulos misioneros a partir de la escucha y atención a los gritos de los pobres y de la Madre Tierra, con el compromiso de asumir los desafíos que plantean la realidad y la misión, y fortalecer el proyecto de la Diócesis de ser una Iglesia en camino al servicio del Reino.

 

Sobre el diseño expresó: “La asamblea se organizó en tres partes, una por día, siguiendo el método pastoral: ver, pensar y actuar. Hoy, miércoles 20 de febrero  reflexionaremos sobre la respuesta que como Diócesis estamos dando a los gritos de los pobres y de la Madre Tierra. Mañana haremos una reflexión teológica espiritual sobre la necesidad de renovar el compromiso de vivir la fe como discípulos misioneros de Jesús. Y el viernes, discerniremos los desafíos que la realidad y la misión nos plantean como Diócesis. De aquí la razón del lema de la asamblea: la realidad y la misión nos desafían”.

 

Luego, el padre obispo Óscar Armando, en su mensaje puntualizó que esta asamblea debe ser fruto de un trabajo con corazón de Iglesia. Enfatizó en la necesidad de renovar el compromiso como discípulos misioneros, conscientes de que no es posible realizar este cometido, si no se conoce al Maestro. “Debemos tener presente que es Jesús quien convoca,  acompaña, integra y envía”, señaló.

 

Invitó a emprender caminos nuevos que lleven a reconocer no sólo las limitaciones, deficiencias y dificultades, sino a ir a las causas más profundas, que nos comprometan a pasar de las propuestas a las respuestas. “No se trata de ver culpas sino de descubrir las causas y de asumir compromisos en común. De lo contrario, los resultados seguirán en lo mismo por los siglos de los siglos”, concluyó. Con fuerte aplauso los participantes agradecieron su mensaje.

 

Luego con la intención de hacer el nexo con la Décima Asamblea celebrada el 18 y 19 de abril de 2018, se proyectó el video producido por alumnos de la carrera de periodismo del Centro Universitario del Sur.

 

Después hubo un receso que los participantes aprovecharon para saludar a sus conocidos, tomar una taza de café y saborear una semita con cajeta del Valle de Juárez, visitar los sanitarios y, unos pocos a caminar para desentumir sus piernas.

 

Enseguida, Jorge Rocha, académico del ITESO e integrante del Consejo Editorial de El Puente, apoyado en diapositivas, presentó datos y estadísticas sobre la situación de pobreza y desigualdad social, la violencia, la corrupción, los derechos humanos y el momento histórico que vive nuestro país.

 

Durante la intervención de Rocha, el viento golpea los árboles del jardín. La violencia con que son arrastradas las hojas es suplida por la real, la de las calles que arrastran vidas; las que convierten a Jalisco en el tercer estado con mayor número de desapariciones a nivel nacional y el quinto con mayor número de muertes. Acá en el sur, durante el año pasado 156 personas fueron desaparecidas, de acuerdo con la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

 

Al final de su intervención, ante la pregunta expresa sobre qué debemos hacer como agentes de pastoral, Rocha sugirió cuatro líneas de acción: “Emprender una pastoral que atienda a las víctimas; crear espacios de seguridad cuidados por gente de las comunidades; llevar conteos de la situación de violencia  y trabajar en la reconstrucción del tejido social desde las familias y comunidades, compromiso que asumieron en la asamblea anterior”, expresó.

 

“El panorama es desolador porque los gritos de dolor aumentan día a día. Pero también hay gritos de esperanza que anhelan un cambio. La gran pregunta es cómo deben ustedes, desde la fe y su trabajo pastoral, responder a esos gritos de dolor y de transformación”. Con este cuestionamiento Rocha concluyó su participación.

 

En la fila para recibir el plato con la comida, un hombre cuyo gafete le identifica como Carlos, señaló con su dedo índice la imagen del dibujo que aparece en la portada de su carpeta. Comentó con las personas cercanas: “Me llama la atención la imagen de este hombre que tiene los pies desnudos y las manos atadas. Su rostro no es visible. El nudo en su espalda me hacer pensar que tiene los ojos cubiertos. Su cuerpo está consumido por evidente desnutrición. En su silueta se pinta la geografía de nuestro país donde hay millones de pobres y miles de desaparecidos. ¿Qué les dice a ustedes? preguntó”. Una mujer que lo escuchaba, contestó: “Pos mucho. Es un vivo retrato de nuestro México”.

 

 

Por la tarde, se trabajó en grupos. Se formaron tres grandes sub-plenarios con integrantes de las seis vicarías. Y cada sub-plenario se dividió en pequeños grupos, donde seglares, religiosas y sacerdotes trabajaron aparte.

 

Cada sub-plenario centró su atención sólo en una de las tres prioridades del campo eclesial. El primero sobre la experiencia y animación de los servicios y ministerios laicales. El segundo, sobre la promoción de la vida cristiana y procesos comunitarios en los barrios, colonias y ranchos. Y el tercero, en las experiencias de formación integral para la vida digna.

 

Los 32 grupos leyeron la síntesis de la evaluación a nivel diocesano de los avances y vacíos en cada una de las tres prioridades. Luego reflexionaron sobre los cuestionamientos de fondo que reclaman respuestas concretas para emprender un proceso de conversión pastoral con una mentalidad, una mística y estructuras nuevas que sean cimiento de una Iglesia servidora, misionera y en formación permanente con rostro laical.

 

Con su silla en mano, los integrantes de cada sub-plenario se encaminaron al lugar indicado. Ahí los esperaban el sacerdote responsable de coordinar la puesta en común. Salvador Urzúa estuvo en el primero, Francisco Mejía en el segundo y José Luis García en el tercero.

 

Las más de cien personas convocadas en cada sub-plenario escucharon atentas las respuestas de sus respectivos grupos. Aunque cada sub-plenario vivió una experiencia distinta, la tónica común fue de escucha y participación con preguntas, comentarios y una que otra discusión.

 

Los seminaristas de teología Héctor Moreno, Alejandro Salas y Heriberto Díaz, quienes prestaron el servicio de secretaría en los sub-plenarios, tomaron nota de lo más relevante y compartieron su síntesis a toda la asamblea.

 

Al caer la tarde, en un ambiente de oración, se reflexionó sobre la necesidad de la conversión personal y pastoral que tocan la vida y la misión. Con la petición de escuchar y discernir lo que el Espíritu dice a la Diócesis, se cerró el trabajo de esta primera jornada. Los participantes, unos más aprisa que otros, se dirigieron al estacionamiento para abordar sus vehículos de regreso a sus comunidades.

 

 

El jueves 21, alrededor de las 10:00 de la mañana, Martín Moret con su teclado y Andrés Castañeda con su guitarra daban la bienvenida. Con paso lento pero con buen ánimo los participantes llegaron dispuestos a escribir la segunda página de esta asamblea.

 

La jornada se vivió en un clima de oración, de reflexión, de silencio interior y exterior. El viento del Espíritu sacudió las conciencias. Y el sonido de los caracoles invitó a los participantes a entrar al corazón de Dios y a sus corazones para reforzar sus motivaciones como discípulos misioneros de Jesús, en el aquí y ahora de la historia diocesana.

 

La lectura teológica pastoral hecha por los padres José Sánchez y Francisco Mejía y Lupita Velasco, agente de pastoral de Sayula, sobre los resultados presentados en el plenario general del día anterior, evidenció seis cuestionamientos de fondo que marcan el trabajo pastoral diocesano.

 

La lectura de estos cuestionamientos fue un “balde de agua fría” sobre los participantes. El silencio y el asentimiento expresado de diferentes maneras, fueron señales de reconocer la débil respuesta que se está dando en el trabajo pastoral, a la poca incidencia en la transformación de la dolorosa y compleja realidad que se vive y de la falta de una conversión pastoral permanente a nivel personal y comunitario.

 

 

Luego del ventarrón, la reflexión de la experiencia vivida de los discípulos de Emaús trajo una brisa suave que reanimó la esperanza. Fue un llamado a reconocer a Jesús por el camino de la vida. A volver a las motivaciones profundas, a seguir el testimonio de las primeras comunidades cristianas, a no olvidar el sueño de Iglesia propuesto en el Sínodo, a las opciones diocesanas y al método pastoral.

 

El material de la síntesis de la asamblea recopilado por Lupita Velasco y Jesús Gutiérrez “El Seco”, responsables de la Secretaría General, asienta: “Para nosotros desandar el camino significa, ir a encontrarnos con la realidad de dolor, de miseria, de soledad que vive la gente de nuestros barrios y compartir con ellos la experiencia de encuentro con Jesús, que es lo que nos debe mover y motivar a seguir su misión”.

 

A las 4:00 de la tarde reinició el trabajo. El escrito elaborado por el padre Andrés Martínez, Rector del Seminario, sobre el proyecto de la Iglesia Diocesana fue un faro que ayudó a no olvidar el origen, el camino y, sobre todo, del sueño de ser una Iglesia en camino al servicio del Reino, que se quiere seguir soñando y enraizando en la historia y cultura de los pueblos del Sur de Jalisco.

 

La reflexión del texto del padre Martínez generó cuestionamientos y sugirió compromisos concretos que se compartieron en los sub-plenarios. “La lista es grande. Ojalá que también nuestra respuesta sea grande y en serio. Como dijo don Óscar es tiempo de pasar de las propuestas a las respuestas, de las reflexiones a las acciones”, comentó el padre Lorenzo López.

 

El trabajo de esta segunda jornada concluyó en cada sub-plenario con la reflexión y el compromiso de vivir en comunión y ser sarmientos que trasmitan la savia del Evangelio para dar frutos.

 

Los cantos no cesan ni la voz se apaga. Veinte minutos después de las 10:00 de la mañana, entonando el canto: “Sois la semilla que ha de sembrar, sois espiga que debe crecer” se empezó a escribir la tercera página de esta Asamblea,

 

“El Dorado” recinto que en otros momentos es salón de fiestas, hoy es ocupado por el eco de la pregunta que se hacen los seglares, religiosas y sacerdotes reunidos en asamblea para responder a los desafíos que plantean la realidad y la misión.

 

 

Llegó el momento de encender las turbinas para el aterrizaje. Imelda Merlo, agente de pastoral de la parroquia de san Diego, fue  la responsable de hacer el nexo con el trabajo realizado en los días anteriores y animar el proceso para discernir los desafíos.

 

Con calma y seguridad tomó el micrófono y dijo: “Todo lo que hemos analizado, discutido y reflexionado, lo vamos a repensar en nuestros grupos correspondientes para discernir cuáles son los desafíos estratégicos que nos retan para ser Iglesia servidora, misionera y en formación permanente para la vida digna, que respondan a los gritos de los pobres y de la Madre Tierra”.

 

La asamblea entró en un clima de oración y de silencio reflexivo.  Primero, a nivel personal y luego en los grupos y sub-plenarios. Las propuestas sobre el desafío elegido en cada prioridad se presentaron en el plenario general.

 

Enseguida, el padre Lorenzo Guzmán recordó los pasos dados hacia esta asamblea. Aclaró que el resultado alcanzado será la base para diseñar y emprender el camino hacia la elaboración del Quinto Plan Diocesano de Pastoral. Señaló que la tarea es devolver la experiencia de esta asamblea a las vicarías, parroquias y comunidades. Finalmente agradeció a Cristóbal Gómez, dueño del local y a quienes prestaron su tiempo, capacidades y servicios en la preparación y realización de esta asamblea.

 

La concelebración eucarística presida por el obispo Campos  fue el punto seguido de este acontecimiento que puso a la Diócesis de frente a las luces de un semáforo. La luz amarilla alertó aquello que se debe prevenir. La roja indicó las prácticas, actitudes y estructuras caducas a las que se deben poner un alto. Y la verde animó a poner en marcha nuevas experiencias de conversión personal y pastoral, con el compromiso de salir a las periferias geográficas y existenciales para responder, como discípulos misioneros, a los desafíos que plantean la realidad y la misión, desde el sueño y opciones de la Diócesis.

 

 

 

 

 

 

 

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