Mensaje de Navidad

Ciudad Guzmán, Jal. 23 de diciembre de 2020.

 Mensaje de Navidad

“Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”

(Lc 2, 12)

Queridos hermanos, queridas hermanas:

 Encontrar a un niño envuelto en pañales, es encontrar la ternura de nuestro Dios que viene a nosotros. ¡Eso es la Navidad! Un niño, siempre es la oportunidad de sacar todo lo mejor que tiene nuestro corazón porque nos encontramos con la fragilidad de la vida humana, puesta en nuestras manos.

Sin embargo, no es difícil reconocer que el corazón humano también puede cerrarse a la bondad, al bien, a la verdad, a la vida misma. Jesús, aún antes de nacer experimento ese rechazo, tuvo que nacer en un pesebre porque María y José no encontraron posada; como tantos migrantes, entre nosotros; como los enfermos que no encuentran hospital…

Al celebrar este año 2020 la Navidad en unas circunstancias de Pandemia que nos recuerdan la fragilidad de nuestra propia vida, solamente podemos reflejar dos actitudes: la ternura, la compasión, la apertura de nuestro corazón hacia cada uno de nuestros prójimos, particularmente a quienes necesitan y buscan un espacio humano y digno para desarrollarse y vivir; o, el rechazo, el desprecio, la indiferencia hacia quienes debíamos tomar en cuenta, porque, en ellos, es el mismo Dios el que nos tiende los brazos necesitado de nuestra atención y cuidado.

¡Cuánta gente a nuestro alrededor es ignorada por nosotros! Vivimos tan ocupados en nuestros proyectos, nuestras compras, nuestras necesidades, que hemos dejado de escuchar el mensaje que nos recuerda que Dios está entre nosotros. Vivimos pensando en cómo lograr éxitos, como conseguir ventajas, cómo llenarnos de cosas materiales que pasan de moda; olvidándonos de Dios que, en un Niño, tiende sus brazos hacia nosotros, en todos aquellos que, aunque cercanos, nos es indiferente su necesidad.

Hace días vi a unos jóvenes esposos, pusieron en mis manos su mayor tesoro. Tomé el tesoro con gran cuidado. Era una pequeña niña de tres días de nacida, bella como todos los bebés. Un ser tan frágil, hay que recibirlo con mucho cariño y con mucho cuidado. Es una vida puesta totalmente en manos de sus padres para ayudarle a crecer. Pensé, así es Dios, se pone totalmente en nuestras manos para crecer entre nosotros, para que salga de nuestro corazón la bondad, la alegría, la esperanza, como debe suceder cuando los padres reciben el don de la vida en los hijos. ¡Cuántas esperanzas deben suscitarse en ellos! Pero es necesario cuidar, cultivar, atender, estar atentos al crecimiento y a la madurez de la vida confiada.

Hermanos, hermanas, al celebrar en estos días la Navidad, debemos reconocer que Dios está entre nosotros. Que él espera ser aceptado, abrazado con cariño, con el deseo de que siga creciendo entre nosotros su bondad. Por eso debemos entender que la alegría de celebrar su nacimiento no depende de las luces artificiales o de los adornos externos, sino de la luz de su presencia en nuestro corazón. En Navidad debo preguntarme si he dejado que Dios entre a mi vida; si le he dado realmente posada o si estoy nostálgico sólo porque no hemos podido tener festejos externos, en los que Dios mismo está ausente.

La Navidad es el gozo del perdón, porque en un bebé no hay rencor. La Navidad es la gratitud por la alegría profunda del verdadero amor que se nos entrega. Dios se ha puesto en nuestras manos. Dios se nos da. Él se nos regala. Por eso, la Navidad nos invita a vencer nuestro orgullo, pues si Jesucristo, nuestro Dios, es humilde y servidor, nosotros solamente podremos aceptarlo si doblegamos nuestro orgullo que nos separa de aquellos que deberíamos tomar en cuenta; lo reconoceremos si vencemos nuestra soberbia que nos hace sentirnos superiores a los demás; lo reconoceremos si limpiamos nuestra mirada para descubrir el bien que nos rodea en la bondad de los demás; agradeciéndola, al poner también las cualidades y capacidades que Dios nos ha dado para colaborar en la construcción de un mundo en donde nos veamos como hermanos y seamos capaces de compartir con quienes necesitan de nosotros.

Dios, en Jesucristo su Hijo, entró en la historia de la humanidad, al hacerse carne en una humilde Mujer de Nazaret, quien junto con José su esposo, cuidaron de Jesús para que llevara adelante su misión de entrega total por nosotros, conforme a la voluntad del Padre. Por eso puedo asegurarles que, en este tiempo de Navidad, le pido al Señor que, así como él entró en la historia humana, ahora, le dejes entrar también en tu propia historia personal, para que, cada día de la vida que Dios te regala, puedas cumplir la misión que tienes en el mundo.

Con mi afecto y mi bendición te deseo una FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO 2021, lleno de Dios que nos impulse a buscar y a recorrer juntos, el camino que Dios nos señala en su Hijo Jesucristo.

+ Oscar Armando Campos Contreras

Obispo de Ciudad Guzmán

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